El 'Cholo' Simeone desvela el sacrificio personal que tuvo que hacer para entrenar al Atleti

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Simeone en la previa de un partido del Atlético de Madrid. (Photo by Omar Vega/Getty Images)
Simeone en la previa de un partido del Atlético de Madrid. (Photo by Omar Vega/Getty Images)

Diego Pablo Simeone es puro corazón. Por ello, cuando se sincera, sus palabras suenan a verdad. En una entrevista de corte íntimo con ‘The Coaches’ Voice’, en Cholo se abre en canal para repasar su carrera y formación como técnico. Su vocación tardía, su filosofía y lo que ha tenido que sacrificar para ser el entrenador del Atlético de Madrid.

“Estaba con mi hijo en Mar de Plata cuando me llamaron del Atlético de Madrid. Querían hablar conmigo y me contaron que estaba la posibilidad de ser el entrenador del club. Mi hijo tenía ocho años en ese momento, nos fuimos a un bar en una esquina y con un café y un croissant, le conté que me había surgido la oportunidad de ir al Atlético de Madrid y no sabía que hacer. A lo que él me dijo “¿vas a dirigir a Falcao y a jugar en contra de Messi y Ronaldo?” Y yo le respondí que sí, claro. Entonces, mientras mojaba el croissant en la leche, me dijo: “pero papá, si te va bien no volverás más”. Y bueno, por suerte por un lado, pero por mala suerte por otro, porque no veo el crecimiento continuo de mis hijos, nos está yendo bien y seguimos acá”, se sincera.

La anécdota, muestra la determinación de uno de los técnicos más reputados del fútbol mundial. Una tenacidad que le ha llevado a cumplir su trayectoria profesional tal y como tenía planeada. “Sabía que iba a terminar mi carrera en Argentina, sabía que iba a empezar a dirigir allí, y también sabía que me iba a aparecer la posibilidad de dirigir a Atlético en un momento difícil”, relata el argentino.

Dejó una familia atrás para unirse a otra. La del Atleti, el club al que define como su vida. Un sentimiento colchonero que le permitió convertirse en un entrenador de éxito, prácticamente, desde el primer partido. Cogió a un equipo deprimido a mitad de temporada y lo levantó hasta convertirlo en campeón de la Europa League. Algo en lo que siempre creyó. “Llevo entre 12 y 13 años ligado al club. Cuando llegué sabía que tenía una situación de ventaja porque conocía a los utilleros, a los empleados, al presidente… Conocía hasta los asientos del Calderón y a los que estaban sentados en esos asientos. Y creo que eso me dio la posibilidad de ir directo a lo que ellos querían”, explica.

“La gente del Atlético de Madrid siempre quiso un equipo competitivo, fuerte defensivamente y que juegue al contragolpe. Un equipo que sea molesto para los súper poderosos. Mi objetivo fue centrarme en eso. Más viendo los futbolistas que teníamos, que eran muy buenos, más allá de que no estaban pasando un buen momento. Entendí que esos jugadores podían darle a la gente lo que necesitaban. Hubo una comunión muy fuerte entre los futbolistas y nosotros y, como siempre pasa en el fútbol, la gente termina envolviéndose en esta pasión que es el juego del fútbol”, señala. Creer y hacer creer. Otra vez, su determinación.

Un momento para el que, sabía, necesitaba estar preparado.

Por ello, su génesis como entrenador se gestó unos años antes. Todavía, durante su etapa como jugador. “A los 27 o 28 años me hacía los entrenamientos en mi casa, solo, con el equipo en el que estaba: la Lazio. Cogía una carpeta y decía, ahora vamos a trabajar esto. Era como los niños cuando juegan, solo que yo jugaba de grande a ser entrenador. Iba imaginando lo que necesitaba el partido que venía, lo ponía en una hoja y hacía dibujos. Todo ello me comenzó a generar mucho entusiasmo”, cuenta con cierta luz en la mirada.

La misma pasión que le ha llevado a ser uno de los preparadores más cotizados del planeta, a pesar de las dificultades vividas. Especialmente en sus inicios con el Racing de Avellaneda: “Me ofrecieron ser el entrenador tres veces. Las dos primeras entendía que no era el momento, pero a la tercera dije que sí. Conocía el equipo, que estaba muy mal, y a mis compañeros, y entendía que podíamos hacer un buen trabajo. Me pasó lo más difícil que puede tener un entrenador, perdimos los primeros tres partidos y no hicimos ni siquiera un gol. Además, en el primer partido jugamos el clásico de Avellaneda, el Racing - Independiente, y la gente de Racing estaba muy nerviosa. Tuvimos que superponernos a todo ese tipo de vivencias y creo que eso nos dio fortaleza. Nos dio más seguridad en lo que nosotros creíamos”.

Niega es su fama de entrenador rácano. Al menos, él no se ve como tal. “Mi personalidad de entrenador es mi esencia de mi familia y de argentino que soy. Sin duda que los matices de Italia, España, cuando me tocó ser futbolista, redondearon a un entrenador que muchos dicen que es defensivo, pero yo creo que somos camaleónicos, porque en un mismo partido podemos buscar distintos caminos para el mismo objetivo, que es ganar”, cuenta con pasión.

“No me encierro en ningún sistema de juego, porque no creo que encerrarse en un sistema pueda favorecer al crecimiento de los futbolistas, que después hacen que el equipo responda bien. Tengo la cabeza súper abierta, escucho mucho, pregunto mucho y después termino haciendo lo que creo es mejor para todos”, termina.

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