La polémica del parto libre: Los riesgos de parir como la abuela

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Una mujer descansa con su bebé sobre su pecho luego de parir en su casa. (Getty Images)
Una mujer descansa con su bebé sobre su pecho luego de parir en su casa. (Getty Images)

Millones de mujeres paren a diario sin asistencia médica porque viven en áreas apartadas o pobres donde no hay servicios sanitarios. No tienen elección. O paren acompañadas de sus madres y abuelas o mueren.

Mientras que en el mundo desarrollado, un grupo cada vez más numeroso elige el "parto libre", en el que la mujer da a luz sin medicamentos, monitores fetales ni personal especializado.

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Hay que aclarar que no se trata de la elección de parir en casa, como recomienda el Servicio Nacional de Salud Británico, en el que las embarazadas de bajo riesgo dan a luz en un ambiente cómodo y seguro, con la asistencia de una comadrona para evitar los riesgos asociados a la atención hospitalaria.

Las doulas, comadronas o matronas del siglo XXI son personal sanitario certificado para acompañar a las mujeres durante sus procesos de parto. También tienen la preparación para identificar situaciones de emergencia y facilitar el traslado de la parturienta a un hospital en caso de ser necesario.

Pero parir en casa sin ningún tipo de ayuda es otra cosa. Por eso la historia de un bebé que nació muerto en Estados Unidos tres semanas después del tiempo máximo de gestación ha reavivado el debate sobre el movimiento Free Birth (Parto Libre) y sobre el derecho de las mujeres a rechazar asistencia para traer a sus hijos al mundo.

La historia de Judith, una estadounidense de 28 años que esperó en casa con su cuerpo hinchado y adolorido hasta que de manera natural llegaron las contracciones a las 45 semanas de embarazo, ha servido de recordatorio que en la naturaleza no siempre hay finales felices.

Judith desestimó las opiniones médicas para apoyarse exclusivamente en su intuición. No quería tener a su niño entre las luces blancas de un frío hospital, sino que deseaba que su bebé abriera sus ojos en una piscina tibia en casa, relató un trabajo de investigación de la cadena NBC.

Su única guía durante los meses de embarazo fueron los espacios virtuales donde las mujeres celebraban y apoyaban su decisión de parir en libertad. Ese mundo paralelo, alejado de las recomendaciones de médicos y autoridades sanitarias, se ha expandido en los grupos privados de Facebook, Instagram, podcast y cursos pagos online.

Nada en la edad y la condición física de Judith hubiera podido indicar un resultado fatal. Se trataba de una mujer joven y sin antecedentes médicos. Pero cualquier médico o comadrona hubiera tomado medidas al ver que en la semana 42 el bebé aún no había nacido.

Judith preguntó a sus amigas virtuales si pasar de ese límite era normal y ellas respondieron que se calmara, que al final "todos los bebé salen".

Las palabras de las otras participantes de los chats la calmaron y Judith esperó, hasta que dos días antes de cumplir las 45 semanas se sintió eufórica con el inicio de las contracciones y la pérdida del tapón cervical.

Pero ella sentía que algo no marchaba bien y volvió a preguntar en el chat: "¿Los bebés se quedan aún más quietos mientras intentan bajar?". "Siento algunas patadas pero no se parece en nada con el movimiento normal".

Las mujeres del grupo le aseguraron que todo saldría bien.

Luego de dolores intensos y 10 horas de trabajo de parto, Judith comprendió que necesitaba ayuda médica.

El esposo la llevó a un hospital cercano pero ya era tarde. Un equipo de doctores y enfermeras la recibieron en la emergencia listos para asistirla en el parto, pero a los pocos minutos el corazón del bebé dejó de latir.

Judith expresó que su lamento es diferente al de otras madres que han perdido a sus bebés. "Toda tu responsabilidad es proteger a tu hijo y yo no lo hice desde antes de que tuviera la oportunidad de respirar".

El grupo de Facebook Sociedad del Parto Libre al que pertenecía Judith desapareció. Pero hay muchos otros que permanecen activos, aunque tienen restricciones de privacidad.

Otro potente medio para la difusión de los grupos de salud alternativa es el podcast. Emille Saldaya, fundadora de la Sociedad del Parto Libre, logró un millón de descargas en 2019 con su podcast creado para "ser un espacio de apoyo para las personas que están aprendiendo, explorando y celebrando sus elecciones autónomas sobre el alumbramiento".

Saldaya entrevista a mujeres que han parido sin asistencia y la mayoría son como Judith, mujeres universitarias, creativas y espirituales. La diferencia es que sus experiencias han culminado con partos de niños sanos en sus bañeras o camas, rodeados de sus parejas y seres queridos.

Pero no todos los consejos de la Sociedad del Parto Libre son gratuitos. Judith pagó 299 dólares por una guía audiovisual de 10 módulos para parir libremente en casa. En la simbología de ese grupo, las parturientas son las guerreras, mientras que los médicos y las comadronas son los enemigos.

Para una mujer californiana o española, universitaria, de clase media, el acceso a la salud es un derecho al que pueden renunciar.

Pero es precisamente esa posibilidad de parir en un lugar limpio, con medicamentos y con la asistencia de personal sanitario capacitado lo que ha frenado la mortalidad materno-infantil en muchas partes del mundo.

Todos los días mueren unos 7000 recién nacidos por infecciones o incapacidad de respirar al nacer, lo que representa el 46% de las muertes de menores de cinco años, según la Organización Mundial de la Salud. Eso significa que el momento más peligroso para un niño es el momento de su nacimiento.

La buena noticia es que cada vez sobreviven más niños. "La mortalidad de los menores de 5 años ha disminuido en un 56%: de 93 fallecidos por 1000 nacidos vivos en 1990 a 41 en 2016".

La meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es prevenir el 80% de esas muertes para el 2030, lo que salvaría la vida de 10 millones de niños pequeños. Y la única manera de lograrlo es a través de una adecuada atención sanitaria, especialmente donde existen menos recursos como en el África Subsahariana y Asia Sudoriental.

Pero no solo los niños mueren. La OMS considera que la mortalidad materna sigue siendo inaceptablemente alta. "Cada día mueren en todo el mundo unas 830 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto. En 2015 se estimaron unas 303 000 muertes de mujeres durante el embarazo y el parto o después de ellos".

Los movimientos que apoyan el parto libre en Estados Unidos y Europa fundamentan sus creencias con estadísticas oficiales: 12 mujeres mueren de parto por cada 100.000 nacidos vivos en los países desarrollados. En los países en desarrollo, donde las mujeres de áreas remotas o muy pobre no tienen acceso a electricidad ni agua potable, la cifra se dispara a 239 fallecidas por cada 100.000 nacidos vivos.

Las autoridades sanitarias aseguran que la mayoría de esas muertes son prevenibles y tratables pero hay que detectarlas. Las complicaciones de esas afecciones causan el 75% de las muertes maternas como las hemorragias graves tras el parto, las infecciones, la hipertensión durante el embarazo y los abortos.

No cabe duda que las mujeres estamos preparadas biológicamente para parir solas. La OMS dice que en la actualidad "solo el 51% de las mujeres de los países de ingresos bajos se benefician de una atención especializada durante el parto. Esto significa que millones de partos no son asistidos por un médico, una matrona o una enfermera diplomada".

Y son esas mujeres que paren solas y los niños que llegan al mundo sin asistencia médica los que tienen más probabilidades de morir.

Judith no contempló la posibilidad de que ella o su hijo pudieran correr peligro cuando eligió parir sin ningún tipo de apoyo en uno de los países con mayor desarrollo científico del mundo.

Tenía todas las opciones y se sintió en su derecho de parir como lo han hecho las mujeres desde tiempos remotos. Por razones que los médicos no pudieron determinar, su hijo de 4,5 kilos murió dentro de su vientre en febrero de 2019.

El dolor de la pareja los llevó a vender su casa y a mudarse dos mil kilómetros del que fue su hogar para comenzar una vida nueva.

Ahora viven en un granja remota donde cuidan caballos. Ella ha comenzado a pintar y a contar su historia. Quiere que otras madres lo piensen dos veces antes de decidir cómo traerán al mundo a sus hijos.

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