La foto de candidatas presidenciales demócratas que mostró el notable pero perdido empuje electoral femenino

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La senadora Elizabeth Warren ha suspendido su campaña por la candidatura presidencial demócrata y con ello la contienda queda, de modo efectivo, como una pugna entre el exvicepresidente Joe Biden y el senador Bernie Sanders. Una confrontación entre dos varones septuagenarios de raza blanca: la figura por excelencia del establishment centrista demócrata y el líder de la insurgencia progresista estadounidense.

Pero la contienda comenzó de modo muy distinto. Entre quienes aspiraron e hicieron campaña en pos de la candidatura demócrata se contaron seis mujeres –las senadoras Warren, Amy Klobuchar, Kamala Harris y Kirsten Gillibrand, la autora Marianne Williamson y la representante Tulsi Gabbard (que aún persiste en la contienda, aunque de modo muy marginal) – lo que creó la auspiciosa expectativa de que una de ellas podría seguir los pasos de Hillary Clinton e, inclusive, coronarlos con éxito con una victoria en noviembre ante Donald Trump.

Las legisladoras estadounidenses Amy Klobuchar, Tulsi Gabbard, Kirsten Gillibrand, Elizabeth Warren y Kamala Harris, precandidatas presidenciales demócratas, en una foto de 2029 tomada por Anne Leibovitz para la revista Vogue. (Twitter)
Las legisladoras estadounidenses Amy Klobuchar, Tulsi Gabbard, Kirsten Gillibrand, Elizabeth Warren y Kamala Harris, precandidatas presidenciales demócratas, en una foto de 2029 tomada por Anne Leibovitz para la revista Vogue. (Twitter)

Una foto de cinco de ellas, las que tienen escaños en el Congreso, tomada según Business Insider por la icónica fotógrafa Annie Leibovitz para un reportaje de Vogue, las muestra en 2019 en un momento de especial resplandor, proyección y empoderamiento, saludándose sonrientes y con las palmas en alto. Una imagen ciertamente inspiradora.

Pero esa foto que en su momento fue símbolo de esperanza y dinamismo tiene hoy una carga de nostalgia y frustración. Nuevamente, las aspiraciones de las candidatas quedaron coartadas en la compleja, tensa, ruda y muy competitiva contienda por la nominación presidencial. La sensación de que ese talento mereció alcanzar mucho más es patente.

Los comentarios hechos en redes sociales sobre esa foto de las cinco precandidatas muestran a la vez el orgullo ante ese singular grupo y el pesar porque ninguna de ellas haya logrado su objetivo inicial: la nominación presidencial demócrata.


No fueron solo las aspiraciones de las precandidatas las que resultaron fallidas: las de los contendientes afroamericanos Cory Booker y Deval Patrick, del méxicoamericano Julián Castro, del joven gay Pete Buttigieg o del emprendedor asiáticoamericano Andrew Yang quedaron descarriladas en el camino y con ello se fue diluyendo la diversidad inicial en la contienda demócrata.

Ciertamente puede decirse que el hecho de que los aspirantes que prevalecen sean un demócrata socialista de religión judía y un político católico que ya ha perdido en dos ocasiones previas la candidatura presidencial, es decir Sanders y Biden, respectivamente, tiene su dosis de singularidad.

Aunque resulta en buena medida insuficiente ante la diversidad misma de la sociedad estadounidense, y del propio Partido Demócrata, a lo que se añade, para aumentar su peso, que del lado republicano será otro septuagenario de raza blanca, Trump, quien busque permanecer en la Casa Blanca.

En todo caso, entre esas seis precandidatas hay enorme talento y en lo específico de Warren, la que más atención pública, intención de voto y tracción mediática logró de todas ellas, es de lamentar que una candidatura con propuestas de gran calado y una candidata de potente inteligencia haya, al final, quedado de lado y con menos apreciación general de la que merece.

Algunas voces atribuyen ese escenario al machismo subyacente y aún poderoso que frena el avance femenino en general y también en los más altos niveles de la política estadounidense. Y además ha de considerarse que, en el contexto actual y ante el imperativo del Partido Demócrata de evitar la reelección de Trump, las fuerzas políticas demócratas acabaron confluyendo en los dos veteranos candidatos que persisten, los que ciertamente tienen por sí mismos los mayores apoyos.

Pero al margen de lo que al final hayan decidido los votantes, se reprocha con validez que estas candidatas no hayan recibido en su momento un reconocimiento y una atención equiparables a su capacidad y a su talento.

Y muchos les han agradecido su esfuerzo al comentar sobre esa foto que se ha vuelto viral.

En ese contexto, parece claro que elegir a una mujer para la mancuerna vicepresidencial demócrata es una premisa de creciente empuje y pertinencia, aunque ciertamente ello no compensa la falta de una candidata presidencial femenina (lo que Clinton no logró en 2008 y consiguió en 2016, aunque con un desenlace desastroso tras su derrota ante Trump).

En todo caso, el futuro político de todas ellas está abierto y nuevos protagonizarán nuevos momentos, posiblemente muy pronto y de gran relevancia.

Pero en el escenario presente, habrá que esperar al ciclo de 2024, en el que posiblemente tendrá lugar una renovación generacional sustantiva, para constatar que el ejemplo de esas candidatas persistirá, dará fruto y se permitirá que finalmente una mujer llegue a la Casa Blanca y con ello se logre un hito de la diversidad y la igualdad de género. Un pendiente histórico que Estados Unidos debe saldar.

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