La falda, una prenda que puede aniquilar a brillantes futbolistas

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REUTERS/David Mercado
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Por Estefanía Camacho Jiménez

“Había veces que me llevaba los pants del uniforme a propósito y decía que mi falda se había ensuciado, pero después de hacerlo mucho y se dieron cuenta, me empezaron a castigar”, cuenta Carla Relloso sobre romper el código de vestimenta de su escuela en cuarto de primaria. Ella, de 33 años de edad actualmente, estudiaba en una institución al sur de la Ciudad de México.

Cambiar de uniforme formal al deportivo en su primaria ameritaba una llamada a su madre para que le llevara la falda a Carla o, de otra manera, sería castigada sin salir de su salón o con una suspensión. Ella sólo quería jugar futbol.

La atención pública sobre implementar uniformes neutros en la escolaridad básica, anunciada por la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum, se centró en que los niños podían usar o no falda. Sin embargo, algunas mujeres como Carla se acordaron de episodios en su infancia sobre la restricción en los uniformes para niñas.

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La iniciativa en la Ciudad de México señala puntualmente que las niñas pueden usar faldas y también pueden utilizar pantalón, por ende se aplicará a la manera inversa para los niños.

Sin embargo, el que las niñas puedan tener la opción de vestir falda o pantalón en sus clases, para muchas personas fue un hecho insignificante y desapercibido frente a la idea de que un niño pueda usar una falda.

Luego de que Sheinbaum anunciara este cambio para las escuelas el pasado 3 de junio, varias usuarias en Twitter lamentaron que no hubiera ocurrido antes.

Para Carla, erradicar la medida restrictiva también le habría ahorrado muchos problemas.

“No hubieran hecho que mi mamá llevara mi falda tantas veces (risas), me hubiera evitado un sinfín de regaños, hubiera podido jugar en el recreo, porque no sólo era futbol, también jugábamos voleibol, a las traes, quemados, saltar la cuerda o con el resorte”, comenta.

A Greta Díaz de 27 años de edad no le parecía un impedimento usar falda para jugar futbol con sus amigos en la preparatoria. Seguido había zapatos volando por la cancha de futbol, recuerda.

Aunque eventualmente tuvo que usar licras debajo de la falda para sentirse cómoda con tanta movilidad. “A veces jugaba futbol en el salón y en una ocasión me resbalé. Se me vieron las licras debajo y para esa edad, eso es un gran oso”, relata Greta.

Además los comentarios negativos por jugar futbol con falda venían primordialmente de compañeras y de profesoras, pues Greta recuerda que hacerlo como niña “era muy mal visto” en esa escuela.

Al revisar la historia del vestido en el occidente para las mujeres, se expone que se trataba de una vestimenta restrictiva: eran largos y grandes, con corséts que impedían el movimiento. Eran prendas que buscaban dar la idea de que las mujeres son inmóviles, inactivas e inclusive adornos, explica Amneris Chaparro, socióloga e investigadora del feminismo contemporáneo en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.

La restricción de la movilidad a las mujeres tiene parte de sus orígenes en los condicionamientos de la vestimenta. (Foto por Thomas Trutschel/Photothek via Getty Images)
La restricción de la movilidad a las mujeres tiene parte de sus orígenes en los condicionamientos de la vestimenta. (Foto por Thomas Trutschel/Photothek via Getty Images)

“Aunque nos parecería muy natural que las mujeres se dediquen a ciertas actividades más pasivas, la limitación de la movilidad a las mujeres tiene parte de sus orígenes en los condicionamientos de la vestimenta. ¿Cómo vamos a fomentar que las niñas sean más activas o que sean deportistas de alto rendimiento si desde la educación inicial se les restringe a través del uso de la falda?”, cuestiona Amneris en entrevista.

Por ello, califica que esta medida tomada por el gobierno capitalino puede contribuir a erradicar los mitos sobre el binarismo de género, que es la noción de que sólo hay dos géneros.

“Nos ayuda a ver cuestiones como el vestido y el calzado, que son construcciones sociales y son susceptibles a ser transformadas”, opina.

La investigadora ve como un paso significativo que los códigos de vestimenta sean mucho más relajados, al considerar que el aspecto de los estudiantes no debería ser un impedimento para acceder a una educación de calidad.

Así, Carla Relloso recuerda que durante los tres días a la semana que debía llevar falda a la escuela se quedaba afuera de la cancha viendo jugar futbol a sus compañeros. “Pues sí, nací en la época equivocada”, admite Carla entre risas.

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