La esperanza muere al último, a menos que tú quieras matarla

Miguel Ángel Castillo
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FOTO: CRISANTA ESPINOSA AGUILAR /CUARTOSCURO.COM
TEMOAYA, ESTADO DE MÉXICO | FOTO: CRISANTA ESPINOSA AGUILAR /CUARTOSCURO.COM

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¿Por qué hay gente que solo ha encontrado defectos en el inicio de vacunación de adultos mayores en México? ¿Por qué no ha podido sentir un poco de alivio en medio de tan tenebroso presente? ¿Por qué todo lo ven mal?

La esperanza, por muy insignificante que sea, debiera ser ese hilo al que asirse en los peores momentos y por eso sorprende que apenas en el primer día de administración de vacunas a la población mayor de 60 años, en redes sociales todo se haya decantado en una ola de descalificaciones contra la logística de la misma.

Desde la selección de las localidades escogidas para empezar, los horarios, los retrasos hasta las incomodidades por el sol y las horas de espera en la fila fueron objeto de un escrutinio que fue más allá de la crítica. El más evidente, el que vino de parte de Rubén Aguilar, exvocero del expresidente Vicente Fox, que se quejó hasta porque lo marcaron con un plumón en la mano para evitar que hubiera colados en la fila, porque ya sabe que esas cosas no pasan en este país.

Y por supuesto que dicha incomodidad no pudo sino generar placer en el bando contrario, es decir, de todos los que apoyan y defienden a la Cuarta Transformación, porque por fin le tocaba vivir lo que la mayoría de los mexicanos pasa al intentar (sin garantía de lograrlo) cualquier tipo de trámite burocrático.

En un país donde el privilegio se ha convertido en un lucrativo negocio para marcar la diferencia entre los que pueden y los que no, (donde lo VIP ya no ofrece un mejor servicio, sino solo la posibilidad de no esperar, no compartir o no padecer), ver a todos en una misma fila le dio un baño de obligada humildad a los que no la tienen y mejor aún, puso al principio a quienes por tradición siempre están al último, si es que no son excluidos. Y al parecer eso fue imperdonable.

Aunque tampoco ayudan los porristas de esa 4T que no solo festejan ver la puesta de ‘Nosotros los nobles’ en una fila de vacunación, sino que a lo largo de las últimas semanas han llevado al extremo la vanaglorización (unos a un grado que raya en lo patético) de las políticas de salud contra la pandemia y de este plan de vacunación, sin admitir la mínima crítica y por ende, haciendo imposible que se reparen errores evidentes.

Dicen que la esperanza muere al último, pero en México nos hemos encargado de aniquilarla primero, al quitarle el significado que merece. Unos viéndolo todo mal. Otros viéndolo todo bien al punto de convertirla en su lema político. Y nada de eso puede ser bueno. Si una imagen como la de la anciana vacunada en Temoaya, Estado de México, no provoca siquiera un poco de esperanza, entonces ¿a qué nos aferramos, qué nos queda para vivir?

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