En México, la cuarentena es un lujo 'fifí', aunque no lo queramos admitir

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Foto: Toya Sarno Jordan/Getty Images
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En medio de la pandemia, cuando en México los datos de contagios aun son moderados si los comparamos con otros países. Y en medio de la pandemia y la polémica sobre las políticas del gobierno, la verdadera lucha se está dando en las redes sociales.

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Llas redes crucifican y perdonan sin mucha lógica. Ya lo experimentó el actor Tenoch Huerta, quien en un desafortunado tuit “culpaba” a la gente que viaja de traer el virus y no tener mucho cuidado. Las redes de inmediato lo tacharon de “resentido”, por lo cual tuvo que explicar lo que quiso decir.



En resumen, lo que quiso decir es que la gente que tiene las posibilidades de hacer cuarentena ahora exige a los demás que hagan lo mismo, cuando 54 millones no pueden hacerlo. Plantea que existe un problema de base cuando exigimos como sociedad que todos nos resguardemos de la pandemia aunque muchos no tengan para pasar esta crisis. Algo estamos haciendo mal.

Algo así como el resentimiento por ver a otros fuera cuando tú tienes que estar dentro, lo vemos como una obligación moral, como un deber para con la sociedad, pero ¿quién ha sido comprensivo y solidario con esa otra parte de la sociedad?

El linchamiento también es hacia el gobierno. Muchos han dicho y siguen preguntando en las entrevistas a los dirigentes de la Organización Mundial de la Salud si México ha actuado con responsabilidad. La respuesta de la OMS siempre ha sido la misma: que el gobierno ha actuado de manera inteligente aplicando protocolos anticipados, que está preparándose con camas e insumos, que los números lo indican. Pese a todo esto, los “especialistas” y lo que Tenoch llama “la república de Twitter” siguen exigiendo que se cierre todo, que son unos irresponsables.

La verdad, más irresponsables serían si pidieran que albañiles, meseros, comercio informal, choferes, y muchos más, se quedaran en casa.

Tachan de loco a López Obrador, cuando tal vez es lo más coherente que ha hecho hasta el momento; no impedir la circulación y los privilegiados preguntan por qué.

La respuesta es simple: no adelantemos, ya llegará el turno de quedarnos todos dentro, pero no puedes debilitar la economía de los que necesitan buscar su sustento todos los días. No entienden que México no es Estados Unidos, no es España y mucho menos Alemania.



Y sobre esto, otra cosa en la que tiene razón el actor de Narcos es, ¿en qué momento cuestionar los privilegios de clase se volvió tabú? Porque a él lo intentaron callar con el mote de “resentido”, que no es otra cosa que clasismo escondiendo clasismo.

Y también debemos pensar que los que somos privilegiados no tenemos ni idea de lo que deben hacer 54 millones de mexicanos para comer, para transportarse, para pensar en el día siguiente; por supuesto ellos no pueden hacer banca en línea, no pueden llamar por skype a sus familiares o amigos, tampoco pueden comprar gel que encarecieron las multitudes histéricas, no tienen internet para quedarse en la sala de su casa viendo la televisión.

Pero siguen las histerias, pese a que todos los días se los explican como a niños de primaria cómo avanza la epidemia en México, cómo piensan atacarla y los planes que hay para ello. De cualquier forma lo que importa es lo que piensan nuestros “líderes de opinión”, gente como Martha Debayle que tuvo el privilegio de entrevistar al encargado de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, quien en su programa de radio le explicó el panorama general de México, pero aun teniendo al experto ahí la señora seguía exigiendo cuentas de ¿por qué no se cierra todo ya?



Como bien lo plasmó el caricaturista de El Universal, Chelo. Las diferencias sociales del que permanece dentro sintiéndose superior moralmente al que tiene que recorrer las calles en busca de sustento.

Mientras también otros como el Presidente de Grupo Salinas, Ricardo Salinas Pliego pidió que se apoye al Presidente pese a la oposición “fifí”, pues de lo contrario la opción es la rapiña y la violencia social”.

Y es que esta epidemia es de todos, muy democrática, lo mismo le da con fuerza a los empresarios que al señor que fue a un concierto o que se subió a un avión o la señora que lo atendió al bajarse. Eso es lo que tiene aterrado al mundo; no hay hospital privado que te salve solo porque pagues más. Al final, al menos unos podemos despertar como diría Cerati “cuando pase el temblor”, pero otros tienen que seguir mirando de frente a la enfermedad.


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