La alarmante discusión en vivo de AMLO con un reportero por la prensa que no se porta bien con él

REUTERS/Carlos Jasso
REUTERS/Carlos Jasso

El presidente Andrés Manuel López Obrador sostuvo un intercambio de opiniones con un reportero sobre la revista Proceso durante su habitual conferencia de prensa matutina.

En su respuesta ejemplificó su comentario refiriéndose a la revista: “no se portó bien con nosotros. No es ningún reproche”, a lo que el reportero respondió que no es papel de los medios portarse bien, con nadie.

En tono suave en la forma, pero duro en el fondo, el presidente dijo al reportero que todos los buenos periodistas de la historia, como Zarco y Flores Magón, han apostado a las transformaciones, todos estuvieron en las filas del movimiento liberal.

Afirmó López Obrador que “es muy cómodo decir yo soy independiente, o el periodismo no tiene porqué tomar partido o apostar a la transformación, entonces es nada más analizar la realidad, criticar la realidad, pero no transformarla.”

El presidente López Obrador afirmó que el periodismo editorializa para afectar las transformaciones. El reportero replicó: “editorializar es también tomar partido presidente. Entonces usted pide que editorialice nada más a favor de usted, eso no corresponde.”

Este intercambio de puntos de vista puso en evidencia la visión del presidente de lo que debe ser el periodismo y fue comentada en las redes sociales en términos negativos para López Obrador.

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“El presidentito se enoja y regaña al reportero de la revista Proceso porque “no se portaron bien con nosotros”. Los medios están para cuestionar al poder, no para adularlo. Si no le gusta la crítica, no debió rentarse para al cargo” (Twitter, Jorge Triana, 22 de julio de 2019)

Los comentarios que el presidente hizo, ejemplificando sobre el proceder de la revista Proceso, son extensivos para el periodismo en general. Fueron considerados como un regaño y pueden interpretarse como la expresión de una expectativa de López Obrador de que su propuesta de transformación sea aceptada de manera unánime, como si en las urnas hubiera ganado el cien por ciento de los votos, cuando solo obtuvo 30 millones, que son muchos, pero no es la totalidad, lo que implica que el país es diverso y que el pluralismo es una realidad con la que debe vivir su proyecto de nación.

Para el presidente López Obrador su propuesta de transformación debería de ser apoyada por todos los medios como sucedió, en su versión de la historia, en el siglo XIX en la República Restaurada, como si en algún momento de la historia de México hubiera habido unanimidad de pensamiento, como si las resistencias al cambio no hubieran actuado. Lo hicieron antes y lo hacen hoy.

La existencia y acción de la diversidad en el escenario político actual es lo que da vigor a la democracia. Cualquier aspiración relacionada con la unanimidad se llama autoritarismo y para construirlo es necesaria la intolerancia y la persecución de quienes piensan diferente.

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Es función de medios como la revista Proceso aportar al público información sobre la realidad y parte de esa realidad son las promesas no cumplidas, artimañas para saquear y traiciones que caracterizan la conducta de los políticos cuando aspiran o se encuentran en el poder.

La vocación de la revista Proceso, desde que nació en 1976, es la de desenmascarar la simulación que se lleva a cabo en la “mafia del poder” ese ámbito que López Obrador ha criticado sistemáticamente y que la historia indica que no se elimina y solo se transforma.

La Cuarta Transformación propuesta por López Obrador demanda el control de la mayoría, lo que no significa la unanimidad y la necesita para dictar una nueva Constitución, como ha sucedido en las tres anteriores transformaciones, con la que podrá imponer su visión de la realidad, misma que desde ahora sabemos que será aceptada por los seguidores de Morena, pero que no necesariamente la totalidad la verá como positiva para México.

La intervención de López Obrador frente a los medios de comunicación, que reproducen su mensaje en todo el país, mostró que tiene la “mecha corta”, es intolerante y no sabe escuchar. Los dichos del presidente indican que él se considera portador de la verdad que salvará al país. Las estadísticas lo contradicen.

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