El problema de La Liga es que no puede pagar Mbappés ni Haalands

Guillermo Ortiz
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BARCELONA, SPAIN - FEBRUARY 16: Kylian Mbappe of Paris Saint-Germain celebrates after scoring their side's first goal during the UEFA Champions League Round of 16 match between FC Barcelona and Paris Saint-Germain at Camp Nou on February 16, 2021 in Barcelona, Spain. Sporting stadiums around Spain remain under strict restrictions due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in games being played behind closed doors. (Photo by Alex Caparros - UEFA/UEFA via Getty Images)
Photo by Alex Caparros - UEFA/UEFA via Getty Images

Igual, después de todo, el problema sea el talento. La semana de Champions se ha convertido en una ruina para los dos equipos españoles que participaban en la misma y eso ha disparado todo tipo de dudas en torno a la competición local. Si Barcelona y Sevilla, que venían en una buena racha, con varios partidos ganados en liga y demostrando una clara mejora con respecto al inicio del curso, acaban recibiendo siete goles en sus estadios ante dos equipos llenos de lesiones y dudas como el París Saint Germain y el Borussia Dortmund, ¿qué está pasando con la liga española? ¿Falta ritmo, falta físico, falta competitividad? Es difícil sacar conclusiones muy tajantes cuando el propio Sevilla viene de ganar la Europa League frente al Manchester United o el Inter de Milán, equipos que están luchando este año por sus respectivos torneos ligueros, pero efectivamente algo no va bien.

Por un lado, puede que lo que fallen sean las expectativas: Barcelona y Real Madrid llegaron a ganar siete Champions entre 2009 y 2018. El Atlético de Madrid jugó dos finales en ese período. Eso no era lo normal, pero se corresponde a la época gloriosa de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Dos jugadores no lo explican todo, pero el talento ayuda. La liga española era la liga donde jugaban los mejores jugadores del mundo y entre ellos se disputaban todos los Balones de Oro y todas las competiciones internacionales. A menudo, incluso, esos mejores jugadores del mundo eran españoles y de paso se llevaban Eurocopas, Mundiales y lo que les saliera al paso. ¿Qué estrellas hay ahora en la liga? Messi sigue, claro, pero camino de los 34 años, y tras él, Luis Suárez, Hazard, Benzema y los sospechosos habituales. No hay relevo.

En lo que esperamos a Joao Felix, está claro que las estrellas ya no están en España. Ni se les espera, que es lo peor. Esta ha sido sin duda la gran semana de Haaland y Mbappé, dos chicos de 20 y 22 años que, en otro momento, tendrían ya firmado un preacuerdo con alguno de los dos grandes españoles. Hablamos de delanteros que marcan diferencias, que ganan partidos por sí mismos y que llevan sonando desde hace años como grandes promesas del futuro. Y, sin embargo, parecen inalcanzables para las economías patrias, ya golpeadas antes de la pandemia y que ahora luchan por sobrevivir reduciendo sueldos como sea. Si Cristiano y Messi marcaron la década de los 2010 y el final de la anterior, Haaland y Mbappé están llamados a marcar los próximos diez años, pero, ¿dónde? ¿Por qué iba a vender el PSG a su joya si le sobra todo el dinero del mundo? En caso de deshacerse de Haaland el Borussia, ¿alguien duda que habrá equipos mejor colocados que Madrid y Barça para hacerse con sus servicios?

A la liga española le faltan muchas cosas. A menudo se habla del famoso "ritmo" o el "físico", pero no sé muy bien qué quiere decir eso. Casi siempre, cuando veo a un equipo superior al otro, me da la sensación de que corre más rápido cuando probablemente lo que estoy viendo es que corre mejor. El Barcelona de Guardiola no corría mucho, sino que corría bien. Lo mismo podía decirse del Madrid de Zidane o el de Ancelotti. Los mismos Modric, Kroos, Busquets o Koundé, que en los últimos años y esta misma semana parecen ir a otra velocidad que sus rivales son los que nos impresionan cuando juegan ante rivales más flojos. ¿El motivo? La iniciativa en el juego. Cuando un equipo está bien colocado en el campo y tiene jugadores diferenciales, la sensación es que van todos como aviones, sin necesidad de un exceso de músculo.

No es una cuestión de cambiar de "modelo", si es que lo hubiera, sino cambiar de jugadores. Con los actuales presupuestos, los equipos españoles tienen que ir a buscar a mercados arriesgados: traer muchos jugadores jóvenes por formar en la esperanza de que alguno de ellos acabe siendo una superestrella. Una cosa es fichar "galácticos" por vicio y otra es despreciar por completo el talento que se ve cada semana por toda Europa. Uno ve jugar al Liverpool, al Lepizig, al PSG o al Borussia -incluso al Oporto- y lo que ve son equipos que saben lo que hacen y que lo hacen bien, con los jugadores necesarios. Ve a Mo Salah, ve a Haaland, ve a Mbappé o a Verrati y se le cae la baba. Marcan diferencias porque son diferenciales y el equipo se pliega a sus necesidades para darles un mejor entorno.

Lo que quizá nos debería llevar a otra cuestión, que son los banquillos. Desde hace años, los mejores entrenadores del mundo están en la Premier League o en la Bundesliga. Italia y España sobreviven con lo puesto. En nuestro país, en concreto, ha hecho demasiada fortuna el tipo de entrenador sacrificado, duro, que coge a un equipo limitado técnicamente y lo convierte a candidato a meterse en puestos europeos. Entrenadores de enorme mérito pero que mandan un mensaje peligroso: no se puede jugar de otra manera, no se puede ser ambicioso, el fútbol no consiste en divertirse. Es curioso porque uno ve la Champions y ahí se divierte hasta el Atalanta, pero, efectivamente, nuestros equipos sufren, piensan demasiado, se les ve cohibidos, superados. Tal vez con Koeman no dé para luchar contra Pochettino, simplemente.

Ahora bien, los entrenadores de élite, como los jugadores, cuestan mucho dinero. Y en España, ahora mismo, no lo hay. Mientras los medios sigan eligiendo al Álvaro Cervera de turno como ejemplo, será difícil progresar. Tienen que juntarse las dos cosas: entrenadores que marquen tendencia, jugadores que estén a la altura de esa exigencia y un cierto consenso mediático y social que valore eso y perdone los errores que se cometan por el camino. El problema es que el aficionado rara vez se convence en la derrota y para la victoria, quedó dicho, hace falta gastarse mucho dinero. Y si los propios medios fantaseaban otros veranos con fichajes imposibles, ahora ya ni eso. No hay un duro y la anomalía de ver cada semana a los mejores jugadores del mundo en el patio de nuestra casa quedará como eso: una anomalía. Mientras, a sufrir, claro. O no, porque los cambios de tendencia duran muy poco en el fútbol. Ya que no somos millonarios, seamos al menos pacientes.

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