El pozo excavado en 1970 que sigue siendo el más largo hecho por el hombre

M. J. Arias
·4  min de lectura

Al norte de Rusia, en la península de Kola, existe un agujero excavado en el suelo que baja más de 12 kilómetros en dirección al centro de la Tierra, en la corteza continental báltica. Es el resultado de un proyecto bautizado en los años 70, en plena Guerra Fría, como Kola Superdeep Borehole y desde que en 1989 alcanzase su fondo sigue siendo el pozo más profundo hecho por el hombre.

Equipo de perforación del Kola Superdeep Borehole en 1986. (Foto: Alexander Tumanov/TASS)
Equipo de perforación del Kola Superdeep Borehole en 1986. (Foto: Alexander Tumanov/TASS)

Como resultado de aquel proyecto iniciado en 1970 existen varios agujeros. Uno central y otros que partieron de él. El conocido como el más profundo hecho en la corteza terrestre recibe el nombre de Pozo Superprofundo de Kola (KSDB) o SG-3 y tiene una longitud de 12.226 metros. ¿El fin? Nada que ver con buscar petróleo o cualquier otra explotación económica. El objetivo era realizar estudios geofísicos para conocer mejor el comportamiento del subsuelo y, de paso, encontrar restos fósiles de millones de años atrás mejor conservados que los que se encuentran en la superficie. 

El origen de este proyecto se remonta a 1962. Se puso en marcha en mayo de 1970 y se culminó en 1989 no sin un sinfín de tropiezos y contratiempos varios que acabaron con su paralización definitiva en los noventa. El objetivo inicial era lograr profundizar hasta los 15 kilómetros. Se quedaron a menos de 3.000 metros cuando un error de calculo y falta de financiación truncaron definitivamente el plan de trabajo. El primero tuvo que ver con la temperatura que los científicos esperaban encontrar a esas profundidades. Sus cuentas decían que serían alrededor de 100 grados. Sin embargo, el termómetro marcaba los 180 y las herramientas, como apuntan en Xataka, se les derretían. 

Además, en los ochenta tuvieron que hacer frente a varios parones. En 1983 ya habían superado los 12.000 metros. Durante un año dejaron de trabajar en la excavación y a su vuelta, en 1984, hubo un derrumbamiento que les tapó casi la mitad de lo avanzado. Tuvieron que empezar den nuevo a partir de los 7.000 metros. En 1989 se llegó a los 12.262 metros y ya no se pasó de ahí. Los responsables querían seguir, pero era materialmente imposible. 

En manos de la empresa estatal GNPP Nedra se estableció un laboratorio geológico en el interior del pozo durante un tiempo, pero, la falta de inyecciones económicas y apoyo en todos los sentidos acabó con el cierre para siempre poco después del colapso de la Unión Soviética.

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Pero el Pozo Superprofundo de Kola no es el único agujero que existe de este tiempo en la corteza terrestre. El ruso, como sus compañeros estadounidense y alemán, fue fruto de una carrera por llegar a lo más profundo de la Tierra comparable, hasta cierto punto, con la carrera espacial. Según explicó no hace mucho Uli Harms, del Programa Internacional de Perforación Científica Continental a la BBC y que trabajó en el pozo alemán, “la perforación se inició en la época del Telón de Acero. Ciertamente hubo competencia entre nosotros. Una de las principales razones era que los rusos simplemente no querían compartir sus datos”.

En los primeros compases, “cuando los rusos comenzaron a perforar, afirmaron que habían encontrado agua libre, algo que la mayoría de científicos simplemente no creían”. Y ese fue uno de los hallazgos de dejó el proyecto. Aunque la rivalidad entre alemanes y rusos incluyó a los estadounidenses. Ellos fueron los pioneros en este sentido, cuando, como recuerda la BBC, a finales de los años 50 lanzaron el Proyecto Mohole. Su punto de partida fue Guadalupe, en México, en el Océano Pacífico. Buscaban la ventaja de que la corteza terrestre es más fina en el fondo del mar que en la superficie. Los alemanes llegaron mucho más tarde a la carrera, en 1990, con el programa de Perforación Profunda Continental (KTB) en Baviera y nueve kilómetros excavados.

Ninguno de los proyectos consiguió cumplir su objetivo. Era difícil conseguirlo ya que no se contaba con la tecnología apropiada y tuvieron que ir inventándola sobre la marcha. Esa misma tecnología de la que años después se han aprovechado las explotaciones de petróleo y gas. Hacerlo era caro y poco a poco los equipos encargados de las perforaciones y estudios fueron perdiendo financiación y apoyo. 

De los tres, el único que aún tiene cierta vida, aunque sea como reducto para turistas curiosos, es el pozo alemán. Ahora, señalan desde la web de la cadena británica, quienes trabajan en continuar con esa vía de exploración son los japoneses, que apuestan también por el fondo marino. 

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