Kingsley Coman le dio la última Champions a Bayern Munich con un cabezazo, pero ahora confiesa que tiene miedo... a cabecear

LA NACION
·3  min de lectura

Kingsley Coman se hizo un nombre en los libros de la Champions League el año pasado: un cabezazo suyo le permitió a Bayern Munich ganarle 1-0 a PSG la final del torneo, en la burbuja que la UEFA había montado en Lisboa a tal efecto. Su historia, entonces, se hizo más conocida. Se supo, por ejemplo, que luego de esperar su oportunidad durante algún tiempo en PSG -justamente- para hacerse un lugar, había decidido marcharse en busca de un lugar de mayor protagonismo. Se recordó entonces, el 23 de agosto pasado, mientras él le mostraba su felicidad al mundo del fútbol, que sufrió cuatro graves lesiones en su carrera, y que por una de ellas se perdió el título mundial con Francia...

Boca-River: todo lo que hay que saber del primer superclásico del año

Pero lo que no se sabía, y que él mismo acaba de develar, es la paradoja que encierra la acción más importante de su carrera. Es que el bueno de Kingsley, un muchacho nacido en París hace 24 años, siente miedo cuando tiene que cabecear. Se lo contó a un periodista del diario Bild, de Alemania, que lo publicó en su última edición.

"Por lo general me dan miedo los cabezazos y mis compañeros bromean al respecto. Se puede ver en las fotos. Cuando cabeceaba, cerraba los ojos. Es instintivo, un reflejo natural. Siempre trato de mantengo los ojos abiertos, pero en el último momento siempre tengo ese reflejo", confiesa Coman, que en su carrera también jugó en Juventus y está en Bayern Munich desde agosto de 2015.

El histórico gol de cabeza de Coman

Suelto, el francés dio un dato más, referido a la previa de la gran final de Lisboa. La que lo hizo famoso: "El día antes del partido practicamos los remates, y no metí ni un solo cabezazo", asumió, casí burlándose de sí mismo. O asumiendo la debilidad que le dio tanto, al cabo.

"Siempre estaré detrás de llas estrellas": la sentencia de Coman al irse de PSG

El tema, más allá de la anécodota, se enlaza con otro más profundo y serio: las secuelas que, al cabo de los años, pueden sufrir los futbolistas por cabecear. Objeto de estudio de universidades, la FIFA empieza a prestarle más atención también, e incluso las Federaciones de Escocia, Inglaterra e Irlanda del Norte prohibieron el año pasado que los niños menores de 12 cabecearan la pelota en los partidos.

Hace algo más de un año, el neuropatólogo de la Universidad de Glasgow Willie Stewart publicó el mayor estudio científico sobre las secuelas del fútbol en el cerebro de los jugadores. Y las conclusiones son categóricas: los futbolistas tienen más del triple de posibilidades que el resto de las personas de que la principal causa de su muerte sea una enfermedad degenerativa.

La investigación, que contó con el apoyo de la federación inglesa de fútbol y del sindicato de jugadores, encontró que después de ser futbolista profesional se tienen cinco veces más posibilidades de padecer Alzheimer, cuatro más de esclerosis lateral amitrófica (ELA) y el doble de sufrir Mal de Parkinson. El equipo de Stewart usó datos médicos de 7676 futbolistas escoceses nacidos entre 1900 y 1976 y los comparó con los de 23.028 personas de características similares en cuanto a sexo, edad y grado de privaciones sociales.

El revelador estudio sobre el daño cerebral que sufren los futbolistas

Stewart opinaba: "Las conclusiones revelan la conexión entre participar en un deporte de contacto como el fútbol y el riesgo de deterioro cognitivo. La pregunta es por qué aparece esta conexión, y la mejor explicación que tenemos, después del estudio y otras investigaciones de nuestro laboratorio, es la exposición a lesiones y golpes en la cabeza".

¿Sabrá todo eso Coman? ¿O su gesto es instintivo?