Juntos por última vez en un Mundial: el abrazo de los Simonet, sinónimo de handball argentino

Olivia Díaz Ugalde
·6  min de lectura

La inteligencia del Chino. La sapiencia de Seba. La garra de Pablo. Son habilidad, potencia, carácter. Se entienden y se complementan. Comparten sangre y sueños. Van por la gloria. Son aguerridos, pacientes, conscientes. Llevan en sus espaldas uno de los apellidos sinónimos del handball nacional: Simonet.

El sueño de ingresar dentro de los mejores ocho del Mundial de Egipto se les escurrió por un gol a los Gladiadores. La derrota frente a Qatar 25-26 y la posterior victoria de Dinamarca sobre Croacia 38-26, por el liderazgo del Grupo 2, puso punto final a esta aventura histórica. Tendrán revancha, sin dudas. Los esperan los Juegos Olímpicos de Tokio en julio próximo -según los planes originales-, pero el sueño mundialista terminó para los argentinos, y eso pesa el doble en la familia Simonet.

Video inédito: Maradona y Messi, a puro toque en el Mundial Sudáfrica 2010

"Es el mejor mundial de la historia para nosotros. Demostramos que seguimos creciendo y que por un gol no estamos entre los ocho mejores. Dejamos todo durante y nos fuimos con la cabeza alta", aseguró Diego, a la agencia Télam. "Disfruté este Mundial como ningún otro. Nosotros vamos con la selección porque disfrutamos jugar juntos y porque nos encanta representar nuestro país. No hay nada económico de por medio como el resto de las selecciones. Lo nuestro es pasión pura. Por eso es importante que sepamos esto", añadió.

Sebastián, Diego y Pablo atraviesan momentos importantes en sus carreras. El presente de la selección les permitió ilusionarse. Una aventura que parecía utópica para el público, pero no para este equipo que trabajó durante años y en silencio. Pero que, además, logró estirar por una semana el adiós de los tres hermanos juntos con la camiseta celeste y blanca en una Copa del Mundo. Ahora resta Tokio, como función final, si la pandemia de coronavirus no obliga a la cancelación.

Los Simonet siempre soñaron con jugar juntos en la selección y lo lograron. Compartieron la cancha los tres en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y Lima 2019, y Diego y Sebastián también estuvieron juntos en Guadalajara 2011, con la recordada clasificación a Londres 2012.

En Mundiales se los vio a los tres en Suecia 2011, Doha 2015 y Egipto. Mientras que Pablo compartió el plantel con Sebastián en 2017 y 2019, dadas las lesiones de Diego. De las dos citas olímpicas que alcanzó la selección -Londres 2012 y Río 2016-, en ninguna pudieron estar los tres. En la primera no estuvo Pablo, y en la brasileña se ausentó Diego. Tokio busca ser la meca, la despedida a lo grande para este trío de hermanos.

Sebastián disputó nueve Mundiales; Diego, cinco, y Pablo, cuatro. En Egipto alcanzaron el 11º puesto -mejor ubicación histórica- y superaron el 12° logrado en Suecia 2011 y Doha 2015, en 13 presentaciones.

El Mundial de Egipto los tomó en diferentes etapas. Diego y Pablo son figuras en sus equipos europeos (Montpellier y Ciudad Encantada). En cambio, a Sebastián le tocó atravesarlo en el final de su carrera, con poco ritmo, ya que pasó un año sin pisar una cancha, pero con madurez y cabeza fuerte. Tenía pensado retirarse después de Tokio 2020, pero su postergación les regaló esta última presentación. Y mal no le fue. Su presente lo posicionó como una figura clave.

"El anterior era mi último Mundial. No hubiese sido lo mejor porque no estaba Diego y no se dieron los resultados. Entonces, tener la chance de despedirme con ellos, intentando hacer una buena actuación, sería una revancha. Intento aportar mi experiencia y todo mi juego", señaló antes del torneo, en el Diario Olé, Sebastián, de 34 años y el mayor -Diego (31) y Pablo (28)-.

"Son muy parecidos en el juego, muy pensantes. Tratan de hacer jugar bien a sus equipos, son los playmakers. Pero, sobre todo, sienten placer al jugar, son vehementes y en la selección ocupan diferentes puestos con tal de estar y aportar", describen a LA NACION sus padres Alicia y Luis, que tienen un pasado por el handball y por la selección.

Compartir la selección siempre fue un reto para ellos. Sin ser una competencia, los tres lo adoptaron como un desafío para seguir creciendo. Así fue que la aguerrida defensa se hizo presente en Pablo. El manejo del juego pasó por las manos de Sebastián. Y, la habilidad para el pase o terminar la jugada llegó a través del Chino.

"El mayor empezó a jugar en Villa Ballester desde pequeño y los otros lo siguieron sin dudar. Es una familia de handball. Este deporte nos dio todo, nuestros valores, nuestros amigos, moldeó a la familia. Se sufre mucho cada vez que ellos juegan", agregan los padres, orgullosos. "Estamos muy felices por las buenas personas que son. Eso nos da una sonrisa eterna. Que solo se frena un poco cuando están dentro del campo de juego", apuntan.

"Me quedé con bronca, porque podíamos haberlo ganado. Nos equivocamos en algunas situaciones. El tener seis infectados con un virus estomacal tampoco nos ayudó. Las ganas nos jugaron en contra. Y quedamos afuera por un gol, ese gol podría haber sido una falta en ataque no cobrado o un pisa línea mal cobrado. Es así el deporte. Lo importante es que sabemos que estamos haciendo historia, espero que sigamos así hasta Tokio y más, porque lo importante es seguir mejorando", dijo Diego.

Por el mismo camino fue su hermano mayor: "Probablemente haya sido mi último partido en un Mundial. Nosotros salimos a jugar nuestra final del mundo y la jugamos como se merecía. Estoy muy orgulloso del equipo y de lo que dio".

Son familieros, amigos, compinches. Fuera de la cancha, los tres hermanos Simonet se entienden tanto o mejor que dentro de ella. Son similares en sus rutinas: buscan apoyo entre ellos y se motivan. Sin duda, con el transcurrir de los días su odisea por Egipto tomará otro valor. "Duele y mucho esta derrota por la manera en la que terminó, y nos duele porque pensábamos que teníamos todo para estar ahí. En un tiempo dimensionaremos estas cosas. Hoy se nos parte el alma, pero sé que este equipo va a dejar todo para que la próxima sí pueda ser", escribió Pablo, horas después de la derrota, en las redes sociales.

Los hermanos Simonet siempre necesitaron desafíos para potenciarse. Y ya comenzó uno por el que vienen trabajando desde hace mucho. Todo apunta a Tokio y, antes de que se baje el telón, este trío desfachatado busca dejar a la Argentina en lo más alto.