Julio Urías, inquebrantable

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Sebastián García M.

CIUDAD DE MÉXICO, octubre 30 (EL UNIVERSAL).- Cuando Julio Urías ponchó a Willy Adames, en la novena entrada del Juego 6 de la Serie Mundial ante los Rays de Tampa Bay, se firmó una noche no sólo de gloria angelina, también mexicana.

The Teenager demostró que de ese apodo sólo queda el recuerdo. Aquel niño que antes luchaba por no perder el ojo izquierdo (batalla que superó), hoy se "juega la vida" en la lomita.

El pitcher de 24 años de edad subió al montículo del Globe Life Field con un solo objetivo: darle a los Dodgers y su afición una alegría negada desde hace 32 años.

Preparado para momentos de alta tensión desde la infancia, salió ileso en 2.1 entradas. Carlos Urías, padre de Julio, habló en entrevista para EL UNIVERSAL Deportes y recordó los sacrificios de toda la familia desde su nacimiento.

"Fue difícil combinar su actividad en casa, entrenamientos, ir a los hospitales a las operaciones, a Guadalajara, Obregón, aquí en Culiacán, y sí fue un proceso complicado, pero se supo llevar bien. [Estoy] agradecido con los médicos, porque ellos son parte importante de este logro y fue de ellos el mérito de mantenerle su ojito enfermo bien. Momentos complicados, pero supo salir bien", dijo.

Con su fe y la bandera de México por delante, el padre de Julio respalda una frase que su hijo lleva como bandera: "Diosito le dio un ojito malo, pero un brazo muy bueno, y tiene toda la razón. No reniego; al contrario, estoy agradecido con Dios por todo lo que ha mandado en lo deportivo y familiar. Es una frase muy cierta de mi hijo".

Como si se tratara de un Juego Perfecto, Julio debía enfrentarse a un tumor y eliminarlo sí o sí. El resultado fue positivo y desde entonces supo que nada, ni nadie, se interpondría en su sueño. Quizá, ese fue su primer gran out.

"Fueron muchas cirugías, unas 10; primero ver qué tipo de tumor y de ahí fueron muchas más. Nunca se cruzó por su mente dejar el juego; al contrario, siempre tuvo el sueño de jugar en Grandes Ligas y bendito Dios lo cumplió", señaló.

En videoconferencia, el nuevo ídolo nacional no se olvida de su tierra natal y asegura que "es un sueño hecho realidad. Hasta ahorita que pasan los días, uno se lo va creyendo. Esto es para toda la raza mexicana". El martes recetó "los tres outs más importantes de su vida", pero la historia apenas da inicio. La dinastía azul recorre su camino de la mano de un culichi.