"¿Para qué jugar"? La AFA, vieja o nueva, adolece del sentido común que sí tiene Julio César Falcioni

Claudio Cerviño
lanacion.com

La frase de Julio Falcioni, DT de Banfield, tras el 0-0 con Gimnasia y abrazado con Diego Maradona, refleja una realidad en este atormentado fútbol argentino en tiempos de coronavirus: ¿para qué?

"No tendríamos que haber jugado. Es un nuevo torneo, todo de cero, ¿qué apuro había?¿Para qué jugar? No hay eliminatorias, no va a haber Copa América casi con seguridad. Teníamos fechas de sobra. Seguramente el martes van a suspender todo (en la reunión de dirigentes). Entonces, ¿qué necesidad había de apresurarnos, arriesgar a los jugadores, arriesgar a nosotros, los viejitos?". Falcioni, de 63 años, sonríe con Maradona (59) sin dejar de abrazarlo: ambos han transitado por situaciones graves de salud y de alguna manera se encuentran más expuestos en un momento en el que las medidas precautorias no están de más.

Falcioni no es dirigente, pero sí es más sensato que los exponentes de la llamada "nueva AFA". Que es la de antes, la de los tiempos de Julio Grondona, con algún lavado de caras y los vicios de siempre. Dirigencia expuesta a que las miserias en cualquier momento les exploten en la cara. Nada los frena: son caras de amianto.

Hoy, la Superliga que transita por sus últimos meses y es conducida provisionalmente por Marcelo Tinelli, anuncia castigos por rebeldía para River por no presentarse a jugar contra Atlético Tucumán, lo cual es correcto. Un comunicado, otro comunicado. Es el mismo Tinelli que, desde la vereda opuesta a la AFA cuando jugaba para el otro equipo (hoy la AFA y la Superliga son casi lo mismo), abogó para que no sancionaran a San Lorenzo en junio de 2019 por "irregularidades en las declaraciones juradas" con la pérdida de 6 puntos. La famosa doble moral.

Que River -con Rodolfo D'Onofrio a la cabeza- con su drástica medida especuló políticamente en la puja personal que desde hace tiempo sostiene con la AFA es de fácil lectura. Al club podría haberlo cerrado anoche después del partido; incluso, hasta viendo el pronóstico meteorológico el viernes: ¿cuántos socios se hubieran acercado ayer a practicar otros deportes, hacer un asado y sociales en medio de la lluvia? Pero eligió apostar como si fuera un cruzado: fue contra la AFA, contra la Superliga en vías de extinción y el Gobierno. Absolutamente solo. El trasfondo se irá dilucidando.

Claudio Tapia no habló sobre la decisión del club de Núñez que afectó a nivel imagen su producto de relleno temporario: la Copa Superliga. Sí lo hicieron sus resortes dirigenciales y de medios, censurando escalonadamente la actitud "unilateral y oportunista de River". Incluso, en muchas de las entrevistas post partido del sábado, luego de la nota del viernes por Fox Sports Premium en la que Diego Maradona dijo "a mi las gallinas no me van, pero banco a morir a los jugadores de River con esta decisión", los protagonistas ya no son consultados con la pregunta que se cae de madura: "¿Qué opinás de la decisión de River de no presentarse a jugar?".

Coloccini, el viernes, avaló la postura de River

Sin desatender los innumerables debates que ganan terreno por estos días sobre qué es conveniente suspender/cancelar y qué no, mirar hacia el mundo sin sentirse inexpugnables puede permitir adelantarse a la jugada y no esperar hasta que el fantasma golpee la puerta de entrada. El sentido común de Falcioni, que se propaga en la intimidad de los planteles y no así en las poltronas codiciadas de la sede de calle Viamonte, quedó diluido por la necesidad imperiosa político-comercial de que la pelota no dejara de rodar tan rápido en nuestras canchas.

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