De la Morena se despide con un bochorno

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Parecía un buen fichaje (?). (Foto: Onda Cero)
Ra, ra ra. (Foto: Onda Cero)

Más de tres décadas después, José Ramón de la Morena abandona mañana la medianoche deportiva, en plena Eurocopa. En este columna semanal hemos glosado algunos de sus mejores/peores episodios al frente de ‘El transistor’, cinco años en los que no ha mejorado los deportes de la emisora ni en lo cualitativo ni en lo cuantitativo. A sus pobres resultados de audiencia, lo más comentado siempre, hay que sumar algo mucho más importante: en un lustro, De la Morena no ha dado una sola información relevante (al menos, que se acabara cumpliendo).

Hace unos días tuvo como invitado a Florentino Pérez. El presidente del Real Madrid, poco dado a aparecer en los medios, quiso tener un detalle con él a sólo unos días del adiós. Joserra puso la actualidad en segundo plano y planteó la conversación como una retrospectiva, hasta el punto que parecía que quien se retiraba era Florentino Pérez en lugar de él. Le preguntó por las elecciones que perdió contra Ramón Mendoza en 1995, por las que ganó con Figo del brazo cinco años después...

Lo peor llegó cuando De la Morena se empeñó en preguntarle por su vida personal. Aunque Florentino le dejó claro de entrada que no pensaba responderle, Joserra se empeñó en ir por ahí, con una insistencia sorprendente. «Entre tantas Champions ganadas, la vida le ha ido cobrando tributos de dolor», le dijo de entrada. «El presidente del Real Madrid tiene que tener alma y corazón, ¿no?», dijo tras la primera negativa. «¿Dónde le han endurecido así?», repreguntó a la segunda. «A mí no me cuesta trabajo abrir mi corazón», se puso él mismo como ejemplo. Y siguió a piñón: «Yo quería buscar un poco el ser humano que hay ahí dentro. Tiene que haberlo, estoy seguro, porque en algún momento lo he intuido y lo he visto».

La entrevista fue un bochorno aún mayor por su insistencia en nombrarle a Pitina Sandoval, su mujer, fallecida hace casi diez años. Impostando un tono íntimo y pretendidamente trascendente, De la Morena insistió mucho más de lo prudente y de lo razonable. «Quiero saber en qué ha cambiado usted. Cuando se cumplen 70 años… ¿qué es lo que más echa de menos? ¿No abruman los recuerdos?»

De la Morena quiso legarnos una obra maestra y, en su lugar, nos dejó un retrato: el de un entrevistador perdido, desnortado, incapaz de conectar con su interlocutor y no digamos ya con su público. Un digno epílogo para el dislate que ha sido ‘El transistor’ durante estos últimos cinco años.

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