José María "Pechito" López, el campeón mundial que le atiende el teléfono a cualquier novato

Xavier Prieto Astigarraga
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El sábado se coronó en Sakhir, Bahréin. Ahora está en Dubái, esperando que le habiliten la habitación de un hotel. Vive "cerquita de Francia". Y pasó más tiempo de su vida fuera de su tierra que en ella. Pero se siente "un privilegiado por representar siempre al país en el nivel mundial", según dice ante LA NACION. José María López es casi un diplomático del automovilismo, que en vez de tener una oficina en una embajada anda dando vueltas por el planeta tratando de dejar en alto la bandera argentina. Sus negociaciones son ásperas, porque no son gestiones: son competencia. Pero suelen terminar bien. Muy bien. Pasó una vez más en 2020: Pechito es campeón mundial de resistencia, de World Endurance Championship (WEC), una categoría en la que las carreras, de pista, duran entre cuatro y 24 horas. Primera vez que lo logró.

Otra rareza de este certamen es que varios pilotos comparten la conducción de cada coche. En el automovilismo existe el trabajo en equipo, pero quizás en ninguna categoría como en ésta. El cordobés se turnó al volante del Toyota TS050 híbrido número 7 con el japonés Kamui Kobayashi (ex protagonista en Fórmula 1) y el inglés Mike Conway, pero con el título él consiguió algo que sus compañeros no. En realidad, algo que muy pocos obtuvieron en la historia. Poquísimos: tres, incluido él. Ser campeón de más de una categoría mundial organizada por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) es algo que apenas el español Fernando Alonso (F. 1 en 2005 y 2006 y WEC en 2018/2019) y el noruego Petter Solberg (rally en 2003 y rallycross en 2014 y 2015) experimentaron. En ese sentido, por cierto, nadie como John Surtees, el inglés que reinó en dos deportes, afines entre sí: motociclismo (siete coronas en dos divisiones entre 1956 y 1960) y Fórmula 1 (1964).

Pechito López es campeón y, de alguna forma, quedó a un título mundial de Juan Manuel Fangio

López había ganado tres mundiales de Turismo (WTCC, de 2014 a 2016) y ahora, con cuatro lauros, de alguna manera quedó a uno del legendario Juan Manuel Fangio, que hizo lo suyo en una sola categoría pero la más importante de todas, la reina. La Fórmula 1 que fue el anhelo de toda la vida de Pechito, hasta que a los 26 se le cerró la puerta. En la cara: a poco del inicio del certamen de 2010, el equipo USF1 alegó que no tenía dinero suficiente para participar y desechó el proyecto. Y se le cayó el mundo al muchacho de Río Tercero, que con gran esfuerzo, hasta viviendo solo en Europa cuando adolescente, había recorrido todos los peldaños de la empinada escalera hacia su soñada F. 1, incluido un par de consagraciones en la Fórmula Renault (italiana y V6 Eurocopa). A la cima la vio de muy cerca, pero nunca la pisó. Y bajó de golpe, rodando.

Se rehízo. "Hay vida fuera de la Fórmula 1", lo animaron. Pecho le puso el ídem a la situación. Vaya cómo: a los 37 años sigue calzándose coronas internacionales (tiene, además, cuatro domésticas: dos de TC2000, una de Súper TC2000 y una de Top Race). La última es la que capturó este sábado en la carrera 8 Horas de Bahréin, donde el Toyota 7 le arrebató el cetro al "auto 8", idéntico pero conducido por Sébastien Buemi, Brendon Hartley y Kazuki Nakajima -todos, ex pilotos de F. 1- y que lideraba el torneo antes de esa última fecha. Y López disfruta, mientras quiere que no sufran otros el golpazo que le tocó a él. Por eso hoy se ofrece a ayudar a compatriotas.

"El coronavirus me hizo valorar más todo y estar superagradecido de que alguna manera pudimos volver a correr, a trabajar, a hacer lo que nos gusta", cuenta desde el lobby mientras aguarda que esté listo el dormitorio en Dubái. "Todos los campeonatos son especiales, no le pondría puntuación a ninguno. Éste es uno de los más especiales porque se trata de categoría distinta, en la que se compite en un nivel muy alto y con autos muy tecnológicos. Este campeonato del mundo me enorgullece. Me siento un privilegiado por lograr este tipo de cosas y representar siempre al país en el nivel mundial", afirma en una videoconferencia con LA NACION y otros dos medios.

-¿Por qué decidiste competir en WEC?

-Por varios motivos. Quise intentar en una categoría diferente, con otro tipo de autos. Necesitaba seguir aprendiendo, pasar un escalón más. Digo esto con humildad: me parecía que en WTCC había llegado a un techo en esos tres años, y que si quería seguir progresando debía exigirme más. En WEC debía empezar a competir con gente que había estado en Fórmula 1, que conocía de sistemas híbridos y de carga aerodinámica. Manejar estos autos es increíble. Tienen 1100 caballos de fuerza, mucha aerodinámica. Implican una demanda física y mental alta. Tuve que esforzarme mucho para volver a estar en ritmo, bajar de peso, entrenar el cuello. En su momento apareció la posibilidad de Toyota y mi desafío fue ganarme un puesto en el equipo. Siempre mi sueño fue correr en 24 Horas de Le Mans, y algún día ganarla.

-¿Cómo se dio la consagración?

-Se ganó el campeonato en Spa, donde logramos vencer al auto 8. Eso nos permitió llegar con posibilidades a la última fecha. Hubo carreras muy importantes que se nos escaparon por poco, como Le Mans. Pero ganar el título fue una liberación. Hasta los otros compañeros de equipo nos dijeron "lo merecen, por todo aquello por lo que han pasado". Se disfrutó de una manera especial y emotiva.

-¿Cuánto aportaste a la coronación?

-Este año mi nivel creció mucho y en muchas carreras, cuando hubo que definirlas, lo hice bien. Por ejemplo, en Silverstone estábamos 5 segundos detrás del auto 8 y lo pasé. Pero esto es un trabajo en equipo.

-¿Y cómo se vive ser campeón ya no en equipo, sino en tripulación?

-Lo viví distinto por muchas razones. Se sufre mucho más la carrera que en otras categorías, porque a una parte de ella se la vive fuera del auto. Porque voy escuchando todo lo que va pasando, a los ingenieros que ven sectores del auto que fallan... Y además uno aprende a confiar en los compañeros de equipo. Mike [Conway] y Kamui [Kobayashi] hacen geniales las cosas y con esa calidad de pilotos, uno sabe que cuando no está al 100% tiene compañeros que van a salvarle las papas.

-¿Dónde ubicás en cuanto a valor esta conquista, poniendo en perspectiva tu trayectoria?

-Son cosas en las que uno va cayendo. Un campeonato es siempre difícil de alcanzar, sea donde sea. Tengo cuatro del mundo, algo que nunca imaginé. A uno le da cosa que lo pongan a la par de gente como Alonso y Solberg. Y haber logrado cuatro para Argentina en categorías distintas... Estoy agradecido de esta posibilidad y de haber buscado más en los momentos malos.

-A los 37 años, ¿cómo evaluás tu carrera de piloto?

-Han pasado muchas cosas. A los 26 años prácticamente perdí las esperanzas de volver a competir en el nivel mundial. Pero después llegué a Citroën sobre la base de pruebas y esfuerzo, gané tres campeonatos en un equipo francés, y cambié de disciplina cuando me decían "estás totalmente loco". Estoy orgulloso de mi carrera hasta ahora. Y mi cuerpo y mi cabeza dan para más en términos de tiempo.

-¿Qué vas a hacer en la próxima temporada?

-Seguir este camino. Si es cierto que el campeonato va a tener seis carreras, me gustaría completarlo con otra cosa, para estar más activo. Siempre con prioridad en el Mundial de Resistencia. Seguir en el equipo Toyota es muy importante.

-¿Hay alguna posibilidad de que regreses a la Fórmula E?

-Me gustaría volver a estar pero en un equipo que me permitiera ser protagonista, pelear por algo importante. No pasa por lo económico, sino por disfrutar ganar y ser protagonista, no importa cuál sea la categoría.

-Estuviste cerca de la victoria en la célebre 24 Horas de Le Mans. ¿Pesa eso?

-Sigue siendo un objetivo, y más habiendo estado tan cerca. Creo que ganarla sería la frutilla de la torta de mi carrera, que me ha dado mucho. Pero todavía tengo cosas por lograr, objetivos.

-De las logros que no se te dieron el más notorio es de la Fórmula 1. ¿Cómo lo manejás hoy?

-El sábado me mandó un mensaje Víctor Rosso [ex jefe en el equipo Honda de TC2000], que, cuando volví a Argentina, fue una de las primeras personas que me dijeron "hay vida fuera de la Fórmula 1". Después de eso he encontrado mis mejores momentos. Me habría encantado competir en Fórmula 1, peleé en la mayor parte de mi carrera por eso, hice mucho esfuerzo... pero disfruto mucho donde estoy hoy, y no todos tienen la suerte de seguir después de caerse una opción de estar en Fórmula 1.

-Hablando de Fórmula 1: ¿qué podés contar de Fernando Alonso, que el año pasado fue compañero de equipo, aunque no de tripulación, en Toyota? ¿Y qué de Lewis Hamilton, que acaba de conseguir un séptimo campeonato?

-A Fernando lo conozco más de cerca. Fue muy lindo compartir con él. Cuando él llegó al equipo le dije, en ánimo de broma, "no te hagas tanto, porque el único que tiene tres campeonatos del mundo soy yo", y se reía. Y cuando él ganó el campeonato me dijo "ahora estamos iguales en tres ". Seguramente habrá otro mensaje en broma ahora.

A Hamilton lo conozco menos, pero compartimos pistas cuando éramos chicos. No deja de sorprenderme lo que hace. Sobrepasó las fronteras de la Fórmula 1 por su forma de ser y su carisma. Tiene un feeling único en el auto y no por nada ha logrado siete campeonatos. Es uno de los mejores pilotos de la historia de la Fórmula 1; hay que sacarse el sombrero. Por algo está ahí. En Turquía, [su compañero Valtteri] Bottas, con el mismo auto, perdió una vuelta. Y es muy raro ver a Hamilton cometer un error. Me sorprende mucho el nivel que tiene.

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-¿Cómo ves el automovilismo hoy por hoy, ante el desafío de la energía que utilizan los autos, los costos y los entretenimientos virtuales que amenazan con quitarle público?

-No es un momento fácil para el automovilismo mundial. Es de transición, de incertidumbre. Está pasando de una tecnología a otra, de la cual no se sabe si va a quedar. Muchas fábricas están yendo hacia el lado eléctrico, y hay muchas categorías híbridas, que es la principal fuente de energía para Toyota, en la que ha innovado siempre. Hay que trabajar para entusiasmar a la gente y a nosotros mismos.

-¿Y cómo ves a la Argentina hoy por hoy, viviendo y habiendo vivido tanto tiempo fuera del país?

-Es un momento muy especial. Se la ve mal. Uno escucha a la familia de uno con dificultades. El virus ha afectado a todo el mundo, pero a países económicamente no tan fuertes como otros, los afecta más. Son situaciones difíciles y hay que tomar decisiones para el bien de la mayoría.

-¿Qué sentís ante tu condición de referente para jóvenes, principalmente del automovilismo?

-Responsabilidad. Hay muchos chicos que se fijan mucho en lo que uno hace. Y uno se torna una suerte de ejemplo, así como yo en mi momento tuve mis ejemplos. Siempre trato de transmitir los principios que a uno le han enseñado, como trabajar, que las cosas no son logradas sin esfuerzo. Quiero facilitarles las cosas a los que buscan su camino en el automovilismo. Para cualquier chico que esté empezando mi teléfono está abierto. No puedo ayudar económicamente a alguien porque el automovilismo es difícil, pero sí pasar un contacto, dar una mano, lo que no me pasó a mí. Los pilotos argentinos tenemos que dar un poco más y ayudar a los que están abajo. Uno tiene muchísimos contactos en tantos años de carrera. A lo mejor un llamado puede ayudar mucho a otra persona.