La trabajadora de supermercado que llegó a campeona de UFC por pura supervivencia

Antonio Gil
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RIO DE JANEIRO, BRAZIL - MAY 11: Jessica Andrade of Brazil celebrates after her knockout victory over Rose Namajunas of USA in their women's strawweight championship bout during the UFC 237 event at Jeunesse Arena on May 11, 2019 in Rio de Janeiro, Brazil. (Photo by Alexandre Schneider/Getty Images)

Jessica Andrade (Paraná, Brasil, 1991) no es una peleadora al uso. La brasileña excampeona de la UFC pasó mucho hasta llegar a la promotora de artes marciales mixtas (MMA) más importante del planeta. Lo que estaba por llegar una vez que se instaló en la compañía ya sería otra historia. Pero vayamos por partes.

El fútbol era su auténtica pasión cuando era sólo una niña. Tanto que incluso recibió una oferta del Sao Paulo para formar parte de su cantera, pero su madre no la dejó ir por si la raptaban. Fue entonces cuando Jessica descubrió lo que se convertiría en toda una obsesión para ella: las artes marciales. Pese a que no paraba de escuchar la frase de “pelear no es de chicas”, el entorno hostil en el que creció la empujó aún más a entrenar deportes de contacto. La delincuencia y las drogas estaban a la orden del día en las calles donde creció, por lo que saber defenderse se convirtió en poco menos que vital para ella… y para su hermano, al que en alguna ocasión tuvo que proteger cuando algún yonki pretendía atracarle. 

Pasó del judo al jiu-jitsu y de ahí a ‘emociones más fuertes’. No era un prodigio técnico, pero tenía el corazón y fuerza bruta suficientes como para plantar cara a luchadoras mucho más experimentadas. La primera vez que se vio atrapada en una palanca de brazo en un torneo de jiu-jitsu se deshizo de su rival de una forma muy poco ortodoxa, pero que la sirvió para conseguir su apodo de ‘Bate Estaca’. En lugar de tratar de zafarse de la llave, levantó a su oponente con el brazo atrapado y la proyectó con fuerza contra el suelo. ¡Boom! Nadie la había explicado que eso no estaba permitido en ese deporte… pero había dejado claro de qué pasta estaba hecha.

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Pasarse a las MMA era sólo cuestión de tiempo y pronto se enroló en un gimnasio que aceptaba mujeres (recordad, “pelear no es de chicas”). Era un portento físico que no tenía rival entre sus compañeras de entrenamiento, ni entre sus compañeros del mismo peso. La voz se corrió por la ciudad de buenas a primeras alguien ofreció a su maestro apuntarla en una velada de artes marciales mixtas. “No sabía qué era eso. Le pregunté a mi entrenador y me dijo que era una combinación de todas las artes marciales, que podía dar puñetazos, patadas, hacer derribos, golpear al rival en el suelo”, relata en un artículo de The Players Tribune la propia Jessica Andrade. “Mis ojos se abrieron como platos”.

Su ascenso meteórico...

Por aquella época, en 2011 y con 20 años, Jessica compaginaba sus entrenamientos con su trabajo de delivery girl en un supermercado. Un empleo en el que sus compañeros la miraban como si estuviese loca cada vez que les decía que iba a pelear en un combate de MMA. “Me decían que si estaba mal de la cabeza. Que me iban a matar”, recuerda. Debutó contra una chica dos veces campeona de Paraná de jiu-jitsu, campeona del mundo de Muay Thai “y no sé cuántas cosas más”, pero en lugar de ser la víctima se convirtió en el verdugo. Noqueó a su rival a base de puñetazos y salió de la jaula jaleada por el público. Diez combates después y con un récord de 9-2 la UFC la hizo una oferta. “Allá por 2013, mi entrenador me apartó del resto y me dio la noticia de que la UFC me quería. Tenía la cara desencajada, como si alguien hubiese muerto”.

Jessica Andrade llegó a la UFC como una chica de campo de Paraná. Con todas las ganas del mundo y una ilusión impresionante, pero en absoluto preparada mentalmente para lo que significó debutar en la élite con una derrota por KO técnico por puñetazos y codazos. “Me destrozó”, admite ‘Bate Estaca’. “Pensaba en lo mucho que había entrenado para aquello. Creí que volvería a la primera casilla del tablero, que volvería a ser ‘Jessica la del supermercado’”. La brasileña estaba acostumbrada a pelear ante 500 personas y en promotoras sin demasiada repercusión mediática. Todo aquello la vino grande. Muy grande.

...y su estrepitosa caída

“No podía imaginarme cómo una pelea me destrozaría por completo. Encajé muchos golpes, pero el daño físico no fue nada comparado con lo que la derrota hizo en mi cabeza”, confiesa Andrade. “Mi único pensamiento era que había llegado a la UFC, pero había fracasado”. Aquello la afectó hasta límites insospechados. Pasó días llorando mientras recordaba la derrota y se planteó dejar de pelear. Quizás seguiría entrenando, pero no peleando. Algo que su entrenador no consintió.

Jessica comenzó a visitar a un psicólogo para ayudarla a poner en orden su cabeza y convencerse a sí misma de que realmente estaba hecha para la lucha. “Me enseñó a ver las peleas como algo lo menos destructivo posible para mí y comencé a valorarme”, admite Andrade. Tres meses después de la derrota en su debut UFC volvió a meterse en el octógono y venció en diez de sus siguientes trece peleas antes de enfrentarse a Rose Namajunas por el título del peso paja.

Una inspiración para miles de mujeres

Era la oportunidad que Jessica llevaba esperando mucho tiempo. Pese a su experiencia en la UFC, Andrade no era precisamente el ejemplo de luchadora millonaria que vivía en la opulencia. Más bien todo lo contrario. Durante muchos años vivió junto a su esposa Fernanda en casas de amigos y vendió la ropa y el material que la UFC da a los luchadores para las veladas para poder hacer un dinero extra. Ganar a Namajunas sería su consolidación y el salto de estatus necesario para realmente encontrar una estabilidad. En un momento dado del segundo asalto la cargó sobre sus hombros y la proyectó con violencia contra el suelo, dejándola inconsciente. Lo había conseguido. Era campeona de la UFC.

Jessica Andrade pasó de visitar lugares oscuros cuando fue derrotada en su primer combate en la compañía a convertirse en la cara visible de las MMA en su país. “La gente me paraba por la calle y me decía, ‘oye, tú eres la chica que casi mata a esa otra luchadora, ¿verdad?’”, recuerda. Eso por no hablar de que la chica del supermercado a la que iban a matar en el octógono había pasado a ser toda una inspiración para miles de mujeres en el mundo. “Una luchadora gay y campeona puede marcar diferencias en la vida de personas que tienen miedo a salir del armario, de lo que puedan pensar sus padres, de lo que pueda pasarles ahí fuera”.

‘Bate Estaca’ perdió el cinturón de campeona en su siguiente pelea y Rose Namajunas se cobró venganza justo después. Sin embargo, lejos de hundirse, Jessica Andrade decidió buscar nuevos retos y subió una categoría, debutando con victoria en peso mosca y ganándose el derecho a enfrentarse a Valentina Shevchenko por el título de la división el sábado 24 de abril. Pase lo que pase, seguirá siendo un espejo en el que mirarse.

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