El Fuenlabrada va a pagar los platos de la chapuza mística de Javier Tebas

Guillermo Ortiz
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LA CORUNA, SPAIN - JULY 20: The bus of CF Fuenlabrada waits for players who have tested positive for Covid-19 before the La Liga Smartbank match between RC Deportivo and CF Fuenlabrada at Estadio Abanca Riazor on July 20, 2020 in La Coruna, Spain. (Photo by Jose Manuel Alvarez/Quality Sport Images/Getty Images)
Photo by Jose Manuel Alvarez/Quality Sport Images/Getty Images)

Cuando la segunda semana de mayo, Javier Tebas, presidente de LaLiga, hacía sus famosas declaraciones de que “era imposible que un equipo le viniera con cinco positivos a la vez", no solo expresaba un deseo personal sino que reflejaba lo que ha sido el pensamiento mayoritario durante casi dos meses. Eran los tiempos de pasar corriendo de fase sin aumentar los contagios, de lanzarse a la “nueva normalidad” y de apelar a una especie de concepción mágica del mundo por la cual el coronavirus habría desaparecido milagrosamente o habría mutado para convertirse de nuevo en una gripe o incluso menos, como en enero o febrero, aunque no hubiera ninguna evidencia científica al respecto.

El convencimiento de Tebas era un convencimiento torpe pero generalizado, a la altura del “En España habrá como mucho uno o dos casos". Un convencimiento que llegaba hasta el CSD, y eso son palabras mayores porque ahí no hablamos de un grupo de empresarios con mayor o menor prisa por salvar su negocio sino de un órgano que ha de velar por la salud pública como prioridad absoluta. El protocolo que se firmó fue una chapuza, sí, pero una chapuza consentida: aislar solamente a aquellos que dieran positivo sin necesidad de hacer lo propio con sus contactos. Aquí ya hablamos de lo disparatado de la situación pero las prisas eran muchas y al CSD le venía muy bien el dinero que le sacó al fútbol para financiar otros deportes en bancarrota desde antes incluso de los estados de alarma.

La frase de Tebas venía a propósito de los casos detectados en el Dynamo Dresden poco antes de recomenzar la segunda división de la Bundesliga y que había supuesto no solo el aislamiento de cuatro jugadores sino la cuarentena de sus compañeros, que tuvieron que empezar la competición con retraso. Tebas insinuó que se lo habían inventado, que era una excusa para evitar su descenso a la tercera categoría. No consideró necesario -ni lo consideró Irene Lozano- un procedimiento similar en caso de que eso pasara en España. Total, no iba a pasar, para qué darle más vueltas...

El problema es que ese protocolo iba en contra del sentido común y de la propia legislación vigente durante el estado de alarma: fuera del fútbol, la orden ya era trazar contactos y aislar los hasta que pasara suficiente tiempo sin desarrollar síntomas. Las disposiciones de regulación de salud pública de principios del mes de julio insistían formalmente en este punto, sin que ni LaLiga ni el CSD consideraran oportuno modificar ni un renglón de su acuerdo y los jugadores seguían quitándose las mascarillas en las gradas, gritando los goles y abrazándose como locos. Actitudes que después sus aficionados repetían cuando se lograba un título, un ascenso…

Porque, total, ya habíamos decidido que no iba a pasar nada. Que era imposible que pasara nada… y, de hecho, a punto estuvo de acabar la liga sin un solo caso, sobraron solo dos días. Primero, el sábado, un positivo. Después, el domingo, otros tres… y el lunes, con la expedición ya en A Coruña, el inicio de la catarata, el partido suspendido y toda esta sucesión de reproches. Hasta 28 personas relacionadas con el Fuenlabrada han dado positivo desde entonces y solo algo parecido a la magia explica que su último rival en el campo, el Elche, no cuente aún con ningún positivo en sus filas. Jugaron el viernes 17, cuando probablemente los primeros casos detectados ya estuvieran activos.

Lo que ha pasado desde entonces es un despropósito de culpas. Una chapuza sobre la chapuza. Cada parte apela a una legislación distinta y acusa a los demás de desconocerla. Es difícil entrar en eso porque las versiones varían demasiado y porque al fin y al cabo ya está la Fiscalía con ello. Desde fuera, da la sensación de que se hizo un “si cuela, cuela” de libro. Que LaLiga se ciñó a la literalidad de su acuerdo bilateral y obvio cualquier prevención sanitaria… y que el Fuenlabrada tampoco puso ninguna pega, convencido, quizá, de que la cosa no era para tanto.

Y lo era. Como lo está siendo en toda España ahora que el pensamiento mágico ha desaparecido de nuevo. Mientras las responsabilidades legales se aclaran, lo que parece claro es que el famoso Deoortivo-Fuenlabrada no se va a jugar nunca y que en medio de todo esto hay unos claros perjudicados: los jugadores del equipo madrileño. Los que tenían el playoff a un punto y se quedarán sin disputarlo salvo que la RFEF les salvé en el último momento, los que fueron tratados como peleles por sus jefes, sean estos presidentes o patronales, los que han caído enfermos por exponerse a un virus del que habría que haberles protegido.

Porque, ¿cómo vamos a convencer a los jóvenes de nuestro país de que no son intocables, de que deben protegerse del virus si a sus referentes se les trata como tales? ¿En qué momento la salud de los ciudadanos, independientemente de su profesión, pasó a segundo plano frente a sus obligaciones laborales?, ¿en cuántos otros ámbitos estará pasando algo parecido? Esta misma semana, el tenista Grigor Dimitrov reconocía que su convalecencia como enfermo de la Covid-19 había sido un infierno de síntomas y secuelas. Un mes después, aún no se encuentra bien y no se ve en condiciones de competir. Hablamos de un virus letal, no de una gastroenteritis. En el fondo, eso es lo que sigue sin entenderse. Lo que han hecho entre todos con los trabajadores del Fuenlabrada y sus contactos es gravísimo. Ver que a menudo se les trata como culpables-no ya a su club, a ello, nuevos leprosos- resulta desalentador.

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