Con Julio Falcioni, Independiente se acostumbra a las victorias: derrotó a Villa Mitre por la Copa Argentina

Francisco Schiavo
·2  min de lectura
Silvio Romero celebra el único tanto de Independiente contra Villa Mitre, un penal a los 45 minutos.
LA NACION/Mauro Rizzi

La Copa Argentina puede ser traicionera para los equipos de la primera A. Y mucho más para aquellos grandes que se mueven en puntas de pie, como Independiente, que trata de recuperarse de las angustias de los últimos tiempos a fuerza de buenos resultados y, en parte, prescindiendo de varias formas estéticas. Boca sufrió la semana pasada para clasificarse ante Claypole, y este miércoles, en Mar del Plata, los Rojos debieron esperar un buen rato para abrir el partido frente a Villa Mitre, al que vencieron por 1-0. Una vez que consiguieron la ventaja, justificaron la clasificación para los 16os de final.

Los conjuntos del ascenso, como Villa Mitre, de Bahía Blanca, que participa en el Federal A, suelen poner incómodos a los que cargan con la mayor obligación. Esfuerzo, sacrificio y concentración son suficientes para nublar las mentes de adversarios presuntamente de mayores experiencia y envergadura. El juego reñido generalmente desestabiliza a los que más herramientas reúnen.

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Pero algo positivo habrá que decir de Independiente: Julio César Falcioni le devolvió el orden. Es cierto que, de a ratos, se podrá reclamarle algo más de lucidez, pero rara vez el equipo se encontrará sin saber qué hacer del mediocampo hacia atrás. Si eso le alcanzará en el futuro es otro tema. Pero, por lo pronto, el conjunto rojo (esta vez, de blanco) enhebró una cuarta victoria entre las copas de la Liga Profesional y Argentina. Y eso, a como venía, ya es bastante.

El decisivo penal de Silvio Romero

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Los Rojos asumieron el protagonismo como por goteo. De a poco fueron avanzando frente al despliegue bahiense. Pero ese dominio no se tradujo en situaciones serias de riesgo. El equipo de Avellaneda mantuvo la paciencia, aunque por momentos pareció incómodo con tanta posesión. Fue errático. Abrió la llave recién en el tiempo adicional de la primera etapa, con un penal de Silvio Romero, tras una buena maniobra individual de Andrés Roa –uno de los mejores pese a las intermitencias– que terminó con una falta contra el goleador.

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Independiente se sintió más desenvuelto por la conquista. Además, aparecieron algunas diferencias físicas. El juego se volvió más dinámico. El conjunto dirigido por Falcioni estuvo cerca de ampliar, pero casi siempre reaccionó con buenos reflejos el arquero Facundo Tavoliere. Villa Mitre hizo lo que pudo y en alguna ocasión se le escapó la pierna fuerte. Daba la sensación de que el partido estaba controlado, pero la escasa diferencia mantuvo la atención hasta el final. Hasta que todo terminó como estaba. Independiente, lentamente, se acostumbra a los triunfos.

Sin lucimiento, por poca diferencia, pero Independiente va habituándose a una costumbre casi perdida: encadenar triunfos.
LA NACION/Mauro Rizzi


Sin lucimiento, por poca diferencia, pero Independiente va habituándose a una costumbre casi perdida: encadenar triunfos. (LA NACION/Mauro Rizzi/)