Los impresores a quienes debemos algunas de las más relevantes obras publicadas durante el siglo de Oro español

Hasta la invención de la imprenta, a mediados del siglo XV, por parte del alemán Johannes Gutenberg, de cada libro existían poquísimas copias y éstas eran realizadas manualmente por amanuenses (escribanos que se dedicaban a realizar copias manuscritas y exactas y que, mayoritariamente, solían ser religiosos que se encontraban en monasterios).

Gracias a los impresores del siglo XVI y XVII debemos algunas de las más relevantes obras de la literatura española publicadas durante el siglo de Oro español (imagen vía Wikimedia commons)
Gracias a los impresores del siglo XVI y XVII debemos algunas de las más relevantes obras de la literatura española publicadas durante el siglo de Oro español (imagen vía Wikimedia commons)

No todos los autores podían permitirse el lujo de ver sus obras copiadas y encuadernadas en forma de libro, debido a que dicho trabajo era, además de laborioso, económicamente muy caro, por lo que muchos han sido los escritores que tuvieron que recurrir a algún mecenas que sufragase dichos gastos.

Por tal motivo, con la aparición de la considerada como ‘imprenta moderna’ todo cambió y benefició enormemente la difusión y universalización de muchas de las obras que, de no haber sido impresas, posiblemente hoy en día no conoceríamos.

Debo puntualizar que el invento de Gutenberg es nombrado frecuente mente como ‘imprenta moderna’ debido a que existe constancia de que en Asia, bastantes siglos antes, ya se utilizaba algún tipo de mecanismo para realizar copias impresas de algunos documentos.

Tras la llegada de la  imprenta de Gutenberg (con la que se imprimieron centenares de copias de la Biblia que ayudaron a la evangelización católica) en España unos pocos fueron los pioneros impresores que se dedicaron a ese oficio.

Uno de los pioneros, durante el siglo XVI, fue Pedro Madrigal, quien fundó una de las imprentas más importantes de Madrid y de cuyos talleres, décadas después, saldrían algunos de los libros más importante de la literatura del Siglo de Oro español.

Salmantino de nacimiento, se marchó a vivir a Madrid poco después de que Felipe II trasladase su corte  y la convirtiera en la capital del reino. Allí abrió una imprenta en la calle de Atocha, en cuyos talleres había las más modernas máquinas de impresión y de donde salieron algunas de las principales obras de la época, sobre todo libros de teología y Derecho.

Tras el fallecimiento de Pedro Madrigal, en 1594, su esposa María Rodríguez de Rivalde se hizo cargo del negocio familiar. Para ello se asociarían con un maestro impresor (figura que era imprescindible en cualquier imprenta) llamado Juan Íñiguez de Lequerica, natural de Alcalá de Henares, quien aportaría capital económico al negocio y con el que contraería matrimonio la viuda de Madrigal un año después del deceso de su anterior esposo.

En la afamada imprenta de la calle Atocha, a pesar de algunos problemas económicos debido a deudas contraídas, se continuó con la estela y buen trabajo iniciado por Pedro Madrigal, llegando a publicar algunas relevantes obras de finales de aquel siglo.

Pero el matrimonio entre María Rodríguez de Rivalde y Juan Íñiguez de Lequerica tan solo duraría un año. Algunas fuentes señalan que motivado por la separación de la pareja y otras que debido al fallecimiento del impresor alcalaíno.

Esto motivó que la imprenta volviese a tener graves problemas económicos que se vieron agravados por la falta de un maestro impresor que dirigiera el trabajo.

Fue en ese momento cuando hizo acto de presencia el segoviano Juan de la Cuesta, quien con los años acabaría convirtiéndose en el más famoso de los impresores de su época y saliendo de su taller obras tan importantes en la Historia de la literatura española como la primera edición de ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’ por encargo de su autor, Miguel de Cervantes Saavedra, y financiado por Francisco de Robles, un famoso ‘mercader de libros’ (modo en el que por aquel entonces se conocía a los libreros).

De la imprenta, ya regentada por Juan de la Cuesta, salieron otros muchísimos libros entre ellos de Lope de Vega, Pedro de Oña, Andrés García de Céspedes, Cristóbal de Mesa, Juan Arce Solórzano, Francisco Lucas,  Alonso de Ercilla y Zúñiga o Frei Juan Díaz Hidalgo, por citar unos pocos.

A lo largo de la vida de Juan de la Cuesta hay algunos claroscuros que no permiten saber a ciencia cierta ciertos datos sobre su biografía. Consta que, en 1603, contrajo matrimonio con María de Quiñones, quien parece ser que era hija de una primera relación de María Rodríguez de Rivalde, aunque este dato no es confirmado ni desmentido por los historiadores.

Lo que sí se sabe es que Juan de la Cuesta, a pesar de tener un gran éxito como impresor en la Corte y Villa de Madrid, en cierto momento decide marcharse hacia Sevilla, dejando al cargo de la imprenta a su esposa y el maestro impresor Jerónimo de Salazar, siendo éste quien publicaría, entre otros libros, la segunda parte de El Quijote (aunque en el sello de imprenta de la portada figuraba el nombre de Juan de la Cuesta).

En la capital andaluza se le pierde la pista de Juan de la Cuesta y muchos son quienes indican que fue hasta allí para iniciar un viaje hacia el Nuevo Mundo, donde quería establecerse como impresor, pero es tan solo una hipótesis sugerida por algunos historiadores, aunque son datos sin confirmar.

Actualmente, en el edificio de la calle Atocha que albergó la imprenta fundada por Pedro Madrigal y en la que continuaron su labor María Rodríguez de Rivalde, Juan Íñiguez de Lequerica, Juan de la Cuesta, María de Quiñones y Jerónimo de Salazar, se encuentra la Sociedad Cervantina.

Fuentes de consulta e imágenes: Real Academia de la Historia (1) / Real Academia de la Historia (2) / casamuseolopedevega / Biblioteca Nacional de España / iberlibro / historia-urbana-madrid / sociedadcervantina / memoriademadrid / Wikimedia commons

 

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