El tirano acusado de aterrorizar a la selección femenina durante 27 años

Luis Tejo
·8  min de lectura
Retrato de Ignacio Quereda en el banquillo de la selección española
Ignacio Quereda, antiguo seleccionador femenino. Foto: Minas Panagiotakis/Getty Images.

Si hay algo volátil en el mundo del fútbol es el puesto del entrenador. Esclavo de los resultados y de los caprichos de los directivos, raramente consigue mantener el empleo más de un puñado de temporadas. Sí que puede tener algo más de estabilidad el que no dirija un club sino una selección nacional, aunque cuente con la desventaja de que, en lugar de valorar su trabajo cotidiano, se lo juegue todo a una sola carta cada par de años, cuando toca torneo importante.

Ignacio Quereda, sin embargo, se las apañó para mantenerse en su cargo ni más ni menos que 27 años. Entre 1988 y 2015 fue el responsable del combinado femenino de España. Visto desde hoy, es absolutamente incomprensible que aguantara tanto, no solo porque no logró grandes éxitos (apenas dos participaciones en la Eurocopa, llegando a semifinales en una de ellas, y la clasificación para un Mundial), sino porque, además, se le acusa de convertir las concentraciones del equipo en un infierno.

La situación permaneció mucho tiempo oculta, pero ha salido a la luz recientemente gracias a la publicación del libro No las llames chicas, llámalas futbolistas que firma la periodista Danae Boronat y edita Cúpula, una filial de Planeta. Esta obra cuenta con el testimonio de cerca de 50 jugadoras que formaron parte de la Roja bajo su mandato. Entre ellas están nombres ilustres como Jenni Hermoso, Alicia Fuentes, Vicky Losada, Alexia Putellas, Marta Corredera, Irene Paredes, Sonia Bermúdez, Ainhoa Tirapu o Aitana Bonmatí, además de otras que han preferido mantener el anonimato.

Boronat relata en su obra una sucesión continua de vejaciones, maltrato psicológico, insultos e incluso algún que otro tocamiento inapropiado. Según explica la autora en una entrevista para El Mundo, Fuentes, que se incorporó a la plantilla con solo 17 años, relató que el entrenador le pellizcó y le palmeó el trasero en varias ocasiones. Corredera se queja de que "no puedo contar la de veces que venía y me levantaba la camiseta" para comprobar si llevaba puesto un piercing en el ombligo, exigiendo que se lo quitara con la excusa de que "provoca infecciones".

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Frases como "eres una gorda", "lo que necesitas es que te metan una guindilla por el culo", "no vas a llegar a ningún lado porque eres una futbolista mediocre" o "a ti lo que te hace falta es un buen macho" forman parte del repertorio de lindezas recopiladas en el libro. Losada rememora sus arrebatos homófobos, con proclamas del calibre de "quiero erradicar el lesbianismo y los malos hábitos". En este sentido, la barcelonista cuenta también que Quereda amenazó con "consecuencias deportivas" si alguna jugadora se atrevía a hacer pública su condición sexual.

Aseguran también que se vivían situaciones incómodas en el vestuario, por ejemplo, en el momento en el que las jugadoras, tras un entrenamiento o partido, iban a ducharse o a cambiarse de ropa, ya que el técnico no se marchaba, como cabría esperar, sino que permanecía allí. Porque los abusos de poder de Quereda no se producían en privado: "Lo hacía también cuando estaban todas. Eso te demuestra lo impune y lo libre que se sentía de hacer ese tipo de comentarios y actos. Nadie le fiscalizaba. Absolutamente nadie", insiste Boronat.

Las jugadoras ya lo habían normalizado. El ambiente era muy desagradable: "Cuando a veces una compañera era ridiculizada en grupo, algunas se mordían la lengua, otras se echaban a llorar en el vestuario, se decían que no tenían por qué aguantarlo". Pero aun así, no se atrevían a denunciarlo. "Ellas asumían que era algo que tenían que aguantar. Que como iban a la selección, había que soportar eso", reitera Boronat. "Sí, sí, claro, esto era lo normal. Era lo que había en esa época", asegura Fuentes. "Una más de este tío", pensaba Tirapu cuando recibía comentarios sexistas.

El entrenador de la selección española femenina gritando indicaciones a sus jugadoras en un partido en 2015
Quereda dando instrucciones a las jugadoras de la selección durante el partido contra Corea del Sur correspondiente a la fase de grupos del Mundial de 2015. Foto: Nicholas Kamm/AFP via Getty Images.

De hecho, lo que sentían las jugadoras era temor a lo que pudiera pasar. "Nunca lo habían contado antes por miedo. Admiten que siempre tuvieron miedo a ser apartadas de la selección, al qué dirán, a represalias por parte de la Federación", indica Boronat. "Quereda era el protegido de Villar", el presidente de la RFEF durante prácticamente el mismo tiempo que el entrenador estuvo al frente de la plantilla femenina. El mandatario "era conocedor de muchas cosas, sabía perfectamente cómo actuaba este hombre. Conocía la situación que pasaban ellas. Fue el cómplice perfecto. Le consentía todo y estaba encantado con él. Es más, estaba de acuerdo con su forma de llevar a las futbolistas".

Hubo algún conato de rebelión. En 1996 algunas jugadoras firmaron una carta en la que pedían la renuncia del entrenador alegando que "despreciaba al fútbol femenino y a las jugadoras", que "las futbolistas se sienten incómodas, provocando una incomunicación y una disminución del rendimiento deportivo", que "utiliza estrategias de intimidación para sonsacar temas personales y abusa de su autoridad para tomar decisiones, a pesar de que no beneficien al grupo" y que, desde el punto de vista puramente deportivo, los entrenamientos eran "pobres, repetitivos y monótonos".

Aquella carta para lo único que sirvió fue para que algunas jugadoras desaparecieran de las convocatorias a partir de entonces, lo que contribuyó a mantener el silencio en las generaciones posteriores. Pero en 2015 la tensión volvió a estallar. Nuevas protestas de las jugadoras se sumaron esta vez al mal resultado en el Mundial de ese año, el primero en el que participó la Roja. Un empate contra Costa Rica y dos derrotas contra Brasil y Corea del Sur dejaron a España última de su grupo y forzaron la dimisión del técnico un par de meses después.

"Incluso Del Bosque salió en su día a defender a Quereda. Hay mucho corporativismo", protesta Boronat, quien insiste en que, pese a que las jugadoras lograran deshacerse de su jefe, tuvieron que pagar un precio por su atrevimiento. "Entró el nuevo seleccionador, Jorge Vilda, y lo primero que hizo fue cargarse a las capitanas de aquel vestuario. Eran las que habían llevado la voz cantante. Entre ellas Vero Boquete, Natalia Pablos, Bermúdez... las mejores. Y Vilda no las volvió a convocar". 

Jorge Vilda y Jennifer Hermoso chocando el puño
Jorge Vilda (derecha) felicitando a la jugadora Jennifer Hermoso durante un partido de clasificación para la Eurocopa de 2022 disputado el pasado noviembre. Foto: Ángel Martínez/Getty Images.

Este entrenador, que formaba parte del organigrama de las categorías inferiores femeninas de la Federación desde 2009, es el que permanece en el cargo desde 2015. La periodista asegura que preguntó al nuevo jefe que por qué dejó de llamar a las antiguas estrellas y este contestó que "por cuestiones deportivas. Pero Boquete sabe que no, que quería tener el vestuario controlado. Y para ello las más guerreras debían ir fuera".

A partir de la salida de Quereda de la selección hace ya casi seis años, no se le ha conocido ningún otro trabajo al frente de ningún banquillo. Lo que sí sabemos es cómo llegó al cargo allá por 1988. Lo contó hace tiempo Teresa Andreu, presidenta del Comité del Fútbol Femenino en una época en la que el juego entre las mujeres estaba mucho menos organizado que en la actualidad, en una entrevista en el diario As.

"Por desgracia fui yo quien lo nombró cuando entró Villar. Teodoro Nieto era seleccionador de fútbol femenino y de fútbol sala, y no veía lógico que se ocupara de dos modalidades tan diferentes. Pedí candidatos al Comité de Entrenadores de Madrid, porque quería que el seleccionador estuviera cerca. De los tres que me enviaron elegí a Quereda porque era el que parecía estar más comprometido", explica Andreu.

"Al principio todo fue muy bien, era una persona amable con ganas de hacer cosas. Pero al cabo de tres, cuatro años se empezó a torcer. Lo quería controlar todo. Todo eran chillidos, malos tratos a nivel psicológico. Yo he sido jugadora, portera del Barça durante 12 años, y veía que ellas no conectaban con él. Además, no se reciclaba. Todos los partidos los planteaba igual, no hacía ninguna jugada estudiada. Las jugadoras venían a la selección y no les aportaba nada".

"Pero era muy amigo de Villar y el presidente es una persona que no quiere cambios, quiere personas fieles a él. Gerardo González, el secretario general, estaba a favor de cambiar al seleccionador, pero Villar decía que de ninguna de las maneras, que era una chorrada", añade. Y así fue como la selección nacional femenina estuvo casi tres décadas comandada por un personaje de la catadura de Quereda.

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