¿No iban a ser los colegios el principal foco de coronavirus?

J Toledo y José de Toledo
·4  min de lectura
Children sit on a classroom on the first day of school at "Colegio Aljarafe S.C.A." in Mairena del Aljarafe, near Seville, on September 10, 2020. - Spain, that passed the landmark figure of 500,000 coronavirus infections, had largely gained control over its outbreak by imposing one of the world's toughest lockdowns, but infections have surged since the restrictions were fully removed at the end of June. (Photo by CRISTINA QUICLER / AFP) (Photo by CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images)
Children sit on a classroom on the first day of school at "Colegio Aljarafe S.C.A." in Mairena del Aljarafe, near Seville, on September 10, 2020. - Spain, that passed the landmark figure of 500,000 coronavirus infections, had largely gained control over its outbreak by imposing one of the world's toughest lockdowns, but infections have surged since the restrictions were fully removed at the end of June. (Photo by CRISTINA QUICLER / AFP) (Photo by CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images)

Los colegios – y los institutos, centros educativos, etc. – iban a ser un auténtico quebradero de cabeza, el principal foco de la segunda ola, y un problema difícil de resolver. Pero no lo están siendo, o al menos los datos que tenemos no parecen indicarlo así. ¿Por qué?

La respuesta, resumida y directa, sería: no lo sabemos. Incluso, si queremos ser más precisos, no sabemos ni siquiera lo que sabemos y lo que no. Pero no parece que los centros escolares estén liderando los contagios comunitarios.

Y todo esto, sabiendo que los centros escolares fueron los primeros en cerrar durante el primer – y por ahora único, al menos en España – confinamiento. Precisamente por el medio que provocaba.

Una cuestión que hay que tener en cuenta es que estamos hablando de un patrón global. Podemos dudar de los datos de contagios de ciertas regiones, plantearnos si la estrategia de rastreo es adecuada – si se hacen o no pruebas a contactos, a asintomáticos… - y otras muchas dudas. Pero si no se está viendo en lugares tan distintos como Estados Unidos, Italia, España y Australia, es porque tenemos un patrón general.

Y ese patrón es claro: hay contagios en colegios, claro. No podría ser de otra manera: espacios cerrados, donde la gente pasa muchas horas en contacto, y con personas que no siempre cumplen las normas. Pero no se generan brotes, o si se generan son pequeños y muy dispersos.

No se han dado grandes brotes en Australia, donde el calendario escolar va al revés que en el hemisferio norte. En julio, cuando los contagios alcanzaban cifras preocupantes allí, los colegios no supusieron un problema. Hubo más de 1.500 brotes asociados a centros escolares, pero la gran mayoría, más del 90%, implicaba a menos de 10 personas.

En otros lugares las cifras son similares. En Italia, por ejemplo, los datos de septiembre son casi iguales, pero con un matiz: el 93% de las infecciones en centros escolares suponía un único contagio. Uno solo, lo que no significa un brote. Y los análisis realizados en Reino Unido dan otro matiz interesante: muchos de estos brotes se traducen en contagios entre los adultos – profesorado, personal del centro – y no entre los alumnos.

Pero ¿por qué? Aquí ya entramos directamente en el terreno de las hipótesis, y estas hipótesis tienen particularidades regionales porque no todos los países hacen lo mismo. Pero hay tres que están cogiendo bastante peso: que la distancia social funciona, que los menores se contagian menos, y que son capaces de infectar menos.

Vamos a empezar con la que resulta más compleja de explicar: los menores se contagian menos. No es que haya menos niños que se contagien – que también ocurre – si no que, cuando los niños se contagian, se contagian menos. Sin que tengamos claro el motivo, parece bastante cierto: la gran mayoría de niños son asintomáticos, y con una carga viral muy baja. Se infectan, pero a un nivel menor que los adolescentes o los adultos. Lo que significa que tal vez haya brotes en centros escolares, pero como apenas se ven afectados, no se detectan.

Es una opción. Que no es incompatible con la siguiente: que los niños infectan menos. De hecho, una ayuda a explicar la otra: si los niños tienen una carga viral menor, y son casi siempre asintomáticos, resulta más complejo que puedan infectar a otros niños, o a los adultos. También puede afectar que, al ser sus pulmones más pequeños, sean menos capaces de proyectar aerosoles – toda vez que ya hemos asumido que los aerosoles son una pieza fundamental de los contagios. O todo junto.

Pero también es cierto que la sociedad en su conjunto está cumpliendo, en términos generales, las normas de seguridad de la pandemia. Tal vez no tanto como nos gustaría, o en algunos grupos – de edad y sociales – como debieran. Pero el uso de mascarillas y desinfectantes, la distancia social y demás patrones de comportamiento se siguen. Y esto disminuye las posibilidades de contagiarse y de contagiar a los demás.

Estas tres ideas, y otras que se plantean y que se están estudiando, juntas o por separado, podrían explicar por qué los centros escolares no son un foco pandémico. Pero la realidad, aunque no sepamos explicarla, es que no lo están siendo, y eso debería alegrarnos. Porque cerrar los colegios tiene unas consecuencias importantes en la vida de los alumnos que, si no es por necesidad, mejor que no sufran.

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