Pedrerol demuestra que no respeta a los becarios en su entrevista con Ibai

Luis Tejo
·5  min de lectura
Momento de la conversación entre Ibai y Pedrerol. Foto: YouTube
Momento de la conversación entre Ibai y Pedrerol. Foto: YouTube

Ambos tienen su ejército de seguidores, y también de detractores. Poca gente que les haya visto es indiferente a su forma de trabajar. Josep Pedrerol e Ibai Llanos se han convertido últimamente, cada uno en lo suyo, en dos referentes del panorama mediático español actual. Juntarlos es garantizar que van a ocurrir cosas, que van a quedar momentos para el recuerdo.

Así ha ocurrido esta pasada noche. Llanos ha invitado a Pedrerol a participar en su nuevo proyecto: Charlando tranquilamente, un espacio cuyo título define bastante bien el contenido. Se trata de Llanos conversando durante un rato sobre todo tipo de temas, sin presión ni guiones establecidos, con la persona que corresponda cada vez. Ya estuvieron por allí personajes importantes del fútbol como Gerard Piqué, el Kun Agüero o Sergio Ramos.

La participación de Josep en el espacio ha durado casi dos horas. Se emitió en directo a través de Twitch, una de las redes que más usa Ibai últimamente para dar a conocer su trabajo. La grabación la tienes disponible en varias plataformas de podcast o en YouTube, porque si algo hace bien Ibai es ofrecer alternativas para que elijas el formato que te resulte más cómodo.

Se puede destacar muchísimos titulares al juntar a estos dos animales mediáticos. Ya hay numerosos espectadores diseccionando al milímetro el programa. Nosotros nos vamos a quedar con un momento concreto que nos ha llamado especialmente la atención.

Hay un instante en el que Ibai saca el tema de las condiciones laborales en el mundo del periodismo. El vasco recalca que algunos medios se aprovechan "primero de los becarios, y segundo, de esos contratos trampa de medias jornadas que se convierten en jornadas completas". Es una situación que se vive en muchos sectores profesionales, pero el del periodismo es particularmente sangrante porque, en lugar de denunciarla para contribuir a que tal fraude acabe, lo que hace es beneficiarse de ella.

La respuesta de Pedrerol al respecto no por esperada fue menos decepcionante. "Yo empecé en la SER en Barcelona, me pagaban por colaboración, y nunca miré cuántas horas trabajaba. Diez horas si hacía falta. Cuando quieres demostrar que eres el mejor... A las cuatro horas te vas... ¡No, no! ¡Me quedo una hora más! ¡Quiero aprender!".

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Este discurso "pedreroliano" puede parecer loable a primera vista. No cabe duda de que el afán por aprender, la voluntad de mejorar y de adquirir los conocimientos necesarios para desempeñar un trabajo de calidad, son fundamentales para convertirse en un profesional competente, que destaque y que ofrezca un buen servicio a sus lectores o espectadores. Y más en una actividad tan vocacional como el periodismo.

Esto de la vocación, tal como hemos comprobado desde hace mucho tiempo, es una excusa perfecta para justificar un mal endémico de nuestra sociedad: la precariedad laboral. Que no es más que otro eufemismo para referirse a la miseria. En un contexto, además, todavía más grave, puesto que se ceba con la mano de obra apenas incorporada al mercado, que es la que menos recursos tiene para defenderse y hacer valer sus derechos.

Por supuesto, es evidente que un recién llegado no va a tener los recursos para desempeñar su tarea igual que un veterano que se conozca todos los trucos. Es comprensible, y hasta lógico, que la experiencia implique una remuneración superior; la figura del aprendiz existe desde antaño en todos los oficios. Lo que no es de recibo es retorcer el argumentario para justificar la explotación y exigir a los novatos que trabajen por cantidades ridículas, o hasta gratis en muchos casos. A menudo con la cooperación necesaria de universidades dispuestas a firmar "convenios de prácticas" en condiciones vergonzosamente abusivas.

Porque lo que dice Ibai al final del fragmento es absolutamente cierto: "Hay personas que quieren trabajar más por aprender, eso es una decisión personal de cada uno, pero hay que tener cuidado porque hay mucha gente que se aprovecha de eso. Se debe regular el esfuerzo. El esfuerzo hay que pagarlo".

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Pedrerol ya ha demostrado en alguna que otra ocasión que no es una persona que valore demasiado el trabajo de los más jóvenes. Aunque se ha intentado disculpar (de manera más o menos creíble, al gusto de cada uno), su famoso "becarios no" abroncando a uno de los técnicos novatos de su programa en sus tiempos en el canal Intereconomía ya se ha convertido en un lugar común. Y sin embargo, los profesionales en fase de aprendizaje (porque los becarios no son otra cosa) se han convertido en piezas fundamentales para que muchos programas, y en general muchos medios, salgan adelante. Cobrando poco y mal, y echando las horas que haga falta, a menudo se les encarga desempeñar las tareas más ingratas y menos reconocidas, en las que no necesariamente se aprende gran cosa... pero que son imprescindibles para que todo salga adelante.

Si Pedrerol pretendía conscientemente menospreciar a los becarios, estamos ante una circunstancia gravísima que demuestra poca empatía, nula solidaridad y la constatación de que les considera meros recursos, prescindibles, reemplazables y poco valiosos. Si tiene el discurso interiorizado y realmente piensa así, y cree que es aceptable extender hasta el infinito las jornadas laborales sin que se compense el esfuerzo más que con palabras que han quedado vaciadas de contenido como "visibilidad" y "prestigio", es peor todavía: que uno de los peces más gordos de la prensa deportiva actual sea de esta opinión da a entender que un cambio es prácticamente imposible. En cualquier caso, las declaraciones son muy desafortunadas. No para él, sino para el conjunto del sector.

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