Ibai Llanos es el José Ramón de la Morena de los 2020... y no es nada malo

Guillermo Ortiz
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MADRID, SPAIN - OCTOBER 26: Spanish caster Ibai Llanos during Quarter Finals World Championship on October 26, 2019 in Madrid, Spain. (Photo by Borja B. Hojas/Getty Images)
Photo by Borja B. Hojas/Getty Images

Cumplir años consiste, en parte, en dejar atrás “revoluciones”. La primera vez que algo nuevo llega a tu vida te descoloca por completo. La quinta tiene que ser algo realmente distinto para que no te recuerde a la primera. La semana pasada hubo un pequeño cataclismo en el mundo del periodismo deportivo tras la retransmisión del Atlético de Madrid-Valencia por parte del omnipresente Ibai Llanos y Ander Cortés en uno de los canales de La Liga en Movistar. Un gran acierto para la competición y para la plataforma porque Ibai te garantiza publicidad, es un tipo con un talento especial para comunicar y es fácil reírse a carcajadas con cada cosa que dice.

La retransmisión dio pie a un extenso debate sobre entretenimiento y “periodismo de verdad”. También es un debate que se da cada cierto tiempo, según aparecen nuevos formatos. Nunca acabamos de saber en qué consiste el periodismo “de verdad” pero suponemos que es algo que tiene que ver con la investigación, las fuentes, contrastar noticias e informar de verdad de lo que está sucediendo y lo que no. El problema es que no es fácil encontrar ejemplos porque prácticamente todo lo que conocemos públicamente del periodismo deportivo va en dirección contraria, hasta el punto de interiorizar que todo es entretenimiento, de una u otra manera, y para eso tienen las columnas de Miguel Gutiérrez en este mismo portal.

Lo que aporta Ibai o lo que puede aportar cualquier chaval de 25 años con soltura y desparpajo que se ponga a comentar un partido de fútbol, de tenis o del FIFA es ese factor imposible de describir que tiene que ver con la espontaneidad de la edad, con salirse de las costumbres que aún no se han interiorizado, desengrasar un poco la comunicación. Su entrevista post-partido con Marcos Llorente parecía la de dos amigos charlando sobre sus cosas y eso está bien, claro que sí. Se modifica el lenguaje, se destensan las relaciones, todo el mundo está menos a la defensiva... Ahora bien, eso no es algo que haya inventado Ibai, simplemente Ibai es el que mejor lo hace en 2021.

Porque años antes habíamos visto “revoluciones” muy parecidas. ¿Qué fue, si no, José Ramón de la Morena a principios de los 90? ¿Qué fue el Carrusel Deportivo de Paco González y Manolo Lama durante esa misma década? Si nos ponemos a mirar atrás, ¿qué fue incluso la figura de José María García frente a los “clásicos” del periodismo durante los setenta y ochenta? Siempre ha habido algún iconoclasta que se ha llevado por delante los formalismos anteriores y ha intentado imponer su propio estilo. En el caso de Ibai, ya digo, me recuerda demasiado a “El Larguero” original. Como el joven De la Morena, puede fardar sin problema de confundir jugadores, de abusar de coloquialismos, de dar la sensación de que esto es una fiesta y mejor disfrutarla que andarse con tacticismos.

Hay algo de Joserra en Ibai, desde luego. Algo de la complicidad con el oyente, de la anécdota de barrio, de pueblo, de grupo de amigos. El empeño en intentar quitar hierro y pasar un buen rato. Es una fórmula que, insisto, siempre ha funcionado a lo largo de los años pero que no es sencilla. Hace falta alguien distinto para ello, alguien que se gane esa legitimidad no solo ante su público sino ante los protagonistas. Marcos Llorente no va a permitir que nadie le haga una entrevista con tono medio vacilón hasta asegurarse de que el vacile no es tal y de que le merece la pena entrar en ese juego y no tendrá consecuencias. Que hay un contexto y ese contexto le favorece.

Cuando se habla de la posibilidad de que más “casters” salidos de Twitch o de YouTube comenten partidos y así vaya desapareciendo la figura del narrador de toda la vida, cabe recordar que exactamente a la vez que empezaba a triunfar José Ramón de la Morena con sus chistes de Brunete y su “id con Dios”, empezaba también a hacerse un sitio en nuestras vidas de aficionados Carlos Martínez. Obviamente, Martínez no era José Ángel de la Casa y tenía a su lado a Michael Robinson, así que algún chascarrillo garantizaban... pero han marcado el camino a toda una generación que sí aspira a algo más que al “vaya leche le ha metido” o el “qué cachas estás” y no se anda con más tonterías que las justas.

Hay público para todos y ni siquiera tienen que ser públicos distintos. Es posible que yo quiera ver una final de la Champions League comentada por Carlos Martínez o por Miguel Ángel Román y sin embargo prefiera ver un partido menos importante junto a unos amigos echándonos unas risas con Ibai o con quien toque. No hay una manera unívoca de consumir deporte y no la va a haber nunca, de ahí su riqueza. De hecho, el propio Román colabora a menudo con Ibai en la retransmisión de e-sports, en lo que supone una ganancia para ambos y para sus espectadores. No hay competencia en sentido estricto, simplemente más alternativas. En aquellas madrugadas de los primeros noventa había quien prefería la solemnidad casi religiosa de García y había quien prefería la algarabía de la Cadena SER por ser más juvenil, más refrescante.

Y ahora pasará lo mismo. Precisamente porque no hay nada nuevo en ello y no tiene por qué haberlo. Cambia el formato, cambian el contexto, las expresiones, los años de nacimiento, los referentes culturales compartidos... Todo eso cambia, por supuesto, porque tiene que cambiar. Ya no se hacen chistes sobre la moral del Alcoyano, qué le vamos a hacer. Pero el fenómeno en sí es el de siempre: llega alguien que parece distinto y que de alguna manera lo es y crea tendencia. En realidad, como siempre en la historia, no hace sino caminar sobre las espaldas de gigantes anteriores y copiar, probablemente de forma inconsciente, determinados recursos. Es una renovación más que una novedad. Y está bien que así sea, nada en contra por mi parte.

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