El error que cometen los padres cuando dan por sentado que sus hijos serán heterosexuales

Berna Iskandar
·Colaboradora
·7  min de lectura

El primer error que cometemos madres y padres es dar por sentado que nuestro hijo o hija será heterosexual. Las estadísticas de organismos facultados en la materia arrojan que más del treinta por ciento de la población del mundo, es Lesbiana, Gay, Bisexual o Transgénero (LGBT+). Se estima que una de cada cuatro núcleos familiares tiene un miembro homosexual. Es decir que, podríamos estar hablando de mi propia familia o de tu familia. Podríamos estar hablando incluso de tu hijo o hija.

Abordo este tema perfectamente consciente de que significa enfrentar polémicas, incluso ataques fruto de las creencias falsas, la rigidez moral, los mitos y prejuicios engendrados en la falta de información veraz y de capacidad reflexiva.

Cargamos con ideas muy rígidas y visiones estrechas sobre lo que es normal o anormal. Las construcciones sociales limitadas por creencias (no por evidencias) cercan la normalidad dentro de un cauce bastante estrecho donde mucho queda excluido, patologizado y estigmatizado. Si nos referimos a los criterios sobre la identidad o sobre la orientación sexual, en ese estrecho surco de pretendida normalidad solo hay cabida para la heterosexualidad cisgénero. Nada más pensar o nombrar otros criterios se disparan los miedos, el rechazo y la exclusión.

Soy una convencida de que no podemos concebir un mundo más amable y humanizado sin que se respete la diversidad de pensamiento, religión, ideologías, razas, culturas, la diversidad neurológica. Por ejemplo, hay niños biológicamente más sensibles a los estímulos con lo cual resultan más introvertidos y reposados; hay también niños con menor sensibilidad que el promedio de niños a los estímulos con lo cual precisan una mayor estimulación sensorial para regularse con el resultado de que son más movedizos, inquietos, extrovertidos… y entre unos y otros se ubica una mayoría de niños, etc..

(Getty Creative)
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Estas minorías de niños tienden a excluirse y etiquetarse con diagnósticos de trastornos psiquiátricos. Para mí el reconocimiento y respeto a la diversidad sexual todavía es una tarea pendiente en el recorrido hacia el objetivo del respeto a los Derechos Humanos… En el reconocimiento de la amplia gama de diferencias que nos definen como seres únicos, valiosos e irrepetibles, reside el potencial de proteger los dones que cada individuo trae para aportar al prójimo. Lo contrario supone un desperdicio inmenso para la humanidad, además de ejercicio de violencia, maltrato y exclusión, tal y como ocurre frecuentemente con las personas LGBT+ quienes forman parte de muchas familias en todo el mundo.

Suerte que siempre es buen momento para aprender, para ensanchar nuestras fronteras emocionales, cognitivas, felizmente nunca es tarde para ampliar la mirada y la consciencia derribando mitos, prejuicios y falsas creencias con educación sexual responsable. Así que manos a la obra. Aprendamos hoy un poco más sobre diversidad sexual y cómo acompañar a tu hijo o hija LGBT+ sin violentarlo o violentarla.

Identidad sexual y orientación sexual ¿cuál es la diferencia?

(Getty Creative)
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Orientación sexual se refiere a la atracción sexual afectiva que siente una persona hacia otra y que puede ser del sexo opuesto o del mismo sexo. Por ejemplo, una mujer que se siente atraída sexualmente por otra mujer (lesbiana). La identidad sexual, en cambio, tiene que ver con la percepción subjetiva que tiene cada persona sobre su propio sexo y que podría no coincidir con el sexo biológico con el que nació. Por ejemplo, una persona con sexo biológico masculino que se siente o se percibe mujer (transgénero).

Alguna de las orientaciones sexuales reconocidas

  • Heterosexual o personas que se sienten atraídas sentimental y sexualmente por el sexo opuesto (la mayoría de la población)

  • Homosexual masculina y femenina (gays y lesbianas) o personas que se sienten atraídas sentimental y sexualmente por otras personas del mismo sexo (12% de la población)

  • Bisexual o personas que se sienten atraídas sentimental y sexualmente por otras personas del mismo sexo o del sexo contrario (20 % de la población)

Alguna de las identidades sexuales reconocidas

  • Cisgénero: Personas cuya identidad de género coincide con su sexo biológico (la mayoría de las personas)

  • Transgénero: Personas que no se identifican con su sexo biológico (1% de la población)

  • No binario: Personas que no se perciben ni como varón ni como mujer

Las personas intersexuales no entran dentro de categorías identitarias. Son aquellas personas (mal llamadas hermafroditas) que nacen con órganos sexuales no ajustados a las características típicas biológicas del sexo masculino o del sexo femenino, es decir que traen de nacimiento anatomía, órganos sexuales, hormonas que no son típicas de un hombre o de una mujer. Ejemplo: personas que nacen con tejidos de ovarios y testículos al mismo tiempo (que son uno de cada cuatro mil nacimientos vivos).

Como dije al principio, el primer error que cometemos los padres es dar por sentado que un hijo o hija será heterosexual. Asumirlo como un hecho, además de presuponer erróneamente que la homosexualidad es patológica, sienta las bases para que se nos disparen las alarmas, el rechazo, la censura, la exclusión, la represión, frente a la sospecha o ante la evidencia de la orientación homosexual de los hijos generando una sucesión de interferencias que jugarán en contra de su salud mental.

Es importante saber que aún no se ha demostrado la razón de ser, ni de la heterosexualidad, ni tampoco de la homosexualidad, pero tras una completa revisión científica sobre la homosexualidad, la Organización Mundial de la salud y la Organización Americana de Psiquiatría la han dejado fuera de la lista de enfermedades mentales. Por lo tanto, ser homosexual no se considera un trastorno. Ninguna persona debe ser tratada psiquiátricamente para dejar de ser homosexual y “convertirse” en heterosexual.

Padres y madres debemos comprender que la homosexualidad tampoco es algo que se escoge. La persona no tiene opción sobre sus sentimientos afectivos. Existe una opción justa que consiste en aceptarlos y respetarlos. La decencia o indecencia tampoco depende de la orientación sexual de nadie. Siempre habrá personas honestas y civilizadas, miembros decentes de una comunidad, así como habrá delincuentes, corruptos y criminales, tanto en la población heterosexual como en la LGBT+. Del mismo modo, precisamos saber que la homosexualidad no es contagiosa. Ser gay o lesbiana al igual que ser heterosexual no depende del amigo, amiga, maestro, etc., que nuestros hijos e hijas tengan o elijan tener.

Un padre o una madre no es culpable ni ha hecho nada mal como para que un hijo o hija sea gay o lesbiana. La diversidad sexual ocurre independientemente de la educación. Lo realmente pernicioso y patológico sobre la homosexualidad es la exclusión social, institucional y familiar de la que son objeto sistemáticamente las personas LGBT+.

(Getty Creative)
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Infinitas dosis de violencia, dolor y sufrimiento emocional padecen estas personas al ver censurada la libre expresión de lo que son y lo que sienten. Aunque la orientación sexual se consolida en el período de madurez sexual de la adolescencia, la persona homosexual frecuentemente está consciente de su orientación sexual a muy temprana edad y pasa por mucho desprecio, maltrato e indiferencia. Muchas veces se convierten en seres escondidos con temor al rechazo, a la burla y al desamor. Son ellos quienes engrosan la tasa más alta de suicidio infantil y juvenil así como también de adolescentes en situación de calle por haber sido excluidos del hogar, especialmente en el caso de las personas transgénero.

No debemos perder de vista que nuestro propio hijo o hija podría ser una de las víctimas de esta situación de injusticia que puede prevenirse con una actitud consciente, inteligente y respetuosa.

Finalmente debería bastar con asumir que un hijo o una hija no llega a nuestras vidas para ser lo que sus padres quieran que sea. Ellos están allí para ser lo que vinieron a ser. Los padres que están conectados a través del amor, que están allí para ocuparse de su bienestar, simplemente los aceptan como son, al margen de que sean más o menos inteligentes, bonitos o feos, tranquilos o tremendos, médicos o carpinteros, homosexuales o heterosexuales… Los aman, respetan y aceptan simplemente porque son sus hijos y son sus hijas, y punto.

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