Higuaín jamás duda de lo que es

El delantero marcó dos goles en fase eliminatoria, algo que no hacía desde 2013. Juventus ganó gracias a su efectividad.

El primer pique que lanzó hacia adelante se resbaló y la pelota le pasó por atrás. La segunda, Dani Alves le tiró un centro y él erró el recorrido. Desde los cuartos de final de la Champions League de 2012/2013, la que ganó Bayern Munich, que no hacía un gol en la fase final de esta competición. Phil Johnson, el psicólogo que trabajó con Radamel Falcao -rival en esta tardenoche- para que rompiera con sus ansiedades, planteaba que le vendría bien un psicólogo para resolver sus falencias en los días determinantes. No contaba, sin embargo, esa teoría con el punto clave por el cual Gonzalo Higuaín lleva doce temporadas seguidas siendo un delantero de élite. Lo dijo él una tarde, en Buenos Aires, con el curriculum ya lastimado: "Jamás me van a hacer dudar de lo que soy".

Higuaín no podía levantarse del suelo del vestuario. Por tercera final consecutiva con la Selección, erraba un gol. Éste, en el Met Life de Nueva Jersey, había tenido todo a favor: Gary Medel se resbaló, el delantero quedó mano a mano con Claudio Bravo, le amagó una vez, otra vez y, cuando no pudo gambetearlo, la picó, hasta que se le fue por afuera. Javier Mascherano, desde atrás, no dudó y empezó a gritarle para alentarlo. La noche anterior, el Pipa había sido uno de los últimos en dormirse, con la ansiedad desencajada por romper la racha. No le salió. Al salir, habló con su hermano Federico y tomó la decisión de viajar a Columbus para descansar unos días. La tristeza le partía el alma, pero la idiosincracia de centrodelantero no se le movía. Tres meses después, volvía a Argentina y, hablando despacio y con muchos puntos seguidos, explicaba: "La gente me critica por errar un mano a mano, pero jamás me va a hacer dudar de lo que soy. De verdad, estoy demasiado tranquilo, y sólo valoro y admiro a la gente que se desvive por uno, que no me sigue hace dos años. Hubiese sido hermoso, pero faltó suerte y ya está, ya pasó". Otra vez, a intentarlo. De eso, se trata.

El Pipa es un jugador clave para el entrenador Massimo Allegri: con 19 gritos, es el goleador del equipo; con 37 presencias, es el tipo que más partidos jugó. Jamás había hecho un gol en los cinco partidos de semifinales de Champions League. Tenía uno en octavos y uno en cuartos: nada más. Pero la vida le valía un reciclado. Acaso bien sabe él, un pibe que cumplió el sueño de todos los pibes de hacer dos goles en un Superclásico -uno de taco y otro gambeteando al arquero-, que la vida suele evaluar con los puntos finales y que no importa qué hiciste sino lo que harás. Él, entonces, sigue en esa premisa: va y va y va.

Una bandera en la cabecera de la tribuna indicaba la fe que la gente de Turín le tiene. Dos goles, con dos definiciones a un toque, le valieron al Pipa el recuerdo de haber llevado a su equipo al borde de la final. Su efectividad en la definición fue alta: cuatro veces intentó al arco, dos adentro, una tapada y otra bloqueda por un defensor. "El precio no me perturba, me da ganas y fortaleza para demostrar por qué lo hicieron. Ojalá en mayo se pueda decir que no se equivocaron", dijo para justificar su estadística más alta, los 90 millones de euros que pagaron por su pase. La historia va con él. Siempre hay que volver a intentarlo.

LOS NÚMEROS DEL PARTIDO DE HIGUAÍN