Handball. Federico Fernández, el goleador de los Gladiadores: una historia con legado familiar

Fernando Vergara
lanacion.com

Su tono de voz, pausado, va en contraste con la electricidad que exhibe dentro de la cancha. Federico Fernández es un emblema del handball y el seleccionado argentino al que se conoce como los Gladiadores. Sus latigazos de derecha comenzaron con la camiseta celeste y blanca en 2010, y allí acumula 626 goles (segundo goleador histórico) en 169 partidos (es el noveno con mayor cantidad de presencias). "Jamás me imaginé que iba a vivir tanto en esta carrera. Soy un agradecido a este deporte, que me dio cosas que ni se me cruzaban por la cabeza cuando era un niño. Hice grandes esfuerzos y hoy estoy feliz", confiesa a LA NACION el reciente ganador del Olimpia de Plata que entrega el Círculo de Periodistas Deportivos.

El hecho de lucir en el pecho dos medallas de oro como campeón panamericano y de lograr la clasificación a sus terceros Juegos Olímpicos parece minúsculo cuando al lado de Federico camina la pequeña Emilia, su hija, que está por cumplir dos años. En ella y en su esposa Milena aparecen el sustento para el goleador, un todoterreno que no descansa: reparte sus horas entre su familia, el negocio de ropa familiar, los entrenamientos con la UNLU (Universidad Nacional de Luján), el seleccionado argentino y el curso de entrenador en el deporte que tanto ama. "Me encanta vivir todo con ellas. Emi fue la mayor alegría de mi vida. Y mi mujer es el gran sostén, la que me banca en todo. Trabajo, entreno, viajo, llego tarde, y me apoya siempre. Va y viene conmigo, hacemos todo a la par. Por eso cuando consigo algún logro en el handball se lo dedico a las dos", se emociona.

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En un deporte que suele basarse en herencias familiares, Federico Fernández (Buenos Aires, 17 de octubre de 1989) no es la excepción. Y su manera de acercarse al handball resultó particular. "Somos una familia compuesta por mi papá, mi mamá, tres hermanos varones y una mujer. Y como los tres chicos éramos bastante salvajes, mi viejo, que siempre jugó al handball e incluso lo hizo en el seleccionado nacional, nos mandó a practicarlo. 'Ahora es el turno de ustedes', nos dijo. Y nos enganchamos muchísimo. Así empezó esta historia", explica. Queda claro: se habla de una familia que respira handball las 24 horas del día. A tal punto que con el correr de los años el extremo izquierdo cumplió otro de sus sueños: compartir equipos con sus hermanos Sebastián (32 años) y Juan Pablo (31 años) tanto en la UNLU como en la selección argentina con el último de ellos. Y papá Elio, claro, luce otro orgullo: en UNLU tuvo la posibilidad de dirigir a sus tres hijos.

Con el sueño de viajar a Tokio 2020 para disputar la cita máxima por tercera vez, el transcurso de Federico en esta temporada de la UNLU fue satisfactorio, según explica. "Terminamos segundos en el Centro-Sur de Clubes que se jugó en Brasil. Al volver, salimos campeones del Apertura en el Metropolitano. Ya en el Nacional y en los últimos dos torneos sufrimos varias lesiones y además se marchó Guido Ricobelli a Italia. Eso fue algo que aprovechó SAG Ballester. Más allá de todo, el año fue positivo".

Tal vez a Federico Fernández no le corresponda decirlo, pero en el mundo del handball se sabe que es un referente de este seleccionado argentino. Un plantel que vivió un 2019 repleto de euforia tras la medalla dorada en Lima que derivó en el ticket a Oriente. En ese certamen el equipo nacional esperaba enfrentarse con Brasil en la definición. Pero se quemaron todos los papeles cuando los trasandinos los eliminaron en las semifinales. En la final, el equipo de Manolo Cadenas superó a Chile por 31 a 27 y gritó campeón. Fernández marcó 8 tantos y fue el segundo goleador de los Gladiadores.

"Era el máximo objetivo del año. Fue atípico porque tuvimos un nivel altísimo en todos los partidos y porque además esperábamos a Brasil. Pero se abrió el cuadro. La caída del gran favorito podría haber sido contraproducente porque nos preparamos mucho tiempo pensando en ellos, en cómo anularlos, pero la final fue tranquila más allá de la lógica carga emocional".

Federico Fernández, un referente del handball argentino que ganó el Olimpia de Plata

En este deporte, la Argentina vivió un gran crecimiento en el epílogo de los 90. En Santo Domingo 2003 se llegó por primera vez a la final de los Panamericanos. En Río 2007, el equipo llegó debilitado por una disputa interna. Pero la explosión se encontró con la medalla dorada en Guadalajara 2011, allí donde estuvo Fernández. El salto fue gigantesco para quienes hoy están más curtidos en estos terrenos. Claro, no es casualidad que en las últimas cinco ediciones de la cita continental la Argentina haya llegado al menos a la definición en cada una de ellas.

Ya en Lima 2019 volvieron a acariciar la gloria. Distintas conquistas que llevaron a los Gladiadores a codearse con los mejores del mundo. "Hace 12 años no te hubiera creído si me decías que el handball argentino iba a ser olímpico tres veces seguidas. Se dio de manera paulatina y en base a un gran sacrificio. Soñábamos con ganar en Perú y volver a meternos en otros JJ.OO. En lo personal, viajar a Tokio sería un broche de oro precioso. Ojalá que pueda quedar en el plantel. Y el gran objetivo sería lograr un diploma olímpico", asegura este hincha de River.

Los Gladiadores son una marca registrada del deporte nacional. Forman parte de un grupo al que en las grandes citas -los Juego Olímpicos, por caso- todos los atletas nacionales quieren ir a ver y alentar desde las tribunas. Encarnan un espíritu de lucha especial, con buena parte de los jugadores amateurs. Se entrelazan los esfuerzos y la perseverancia. Hacen vibrar al público. Contagian. En su segunda presentación en Lima 2019, también ante Chile, Fernández marcó un golazo que se vitalizó rápidamente en las redes sociales. Una rosca con altura para que la pelota supere al arquero y entre mansa tras la pirueta. "Eso surgió en el momento. Me habían tocado y ya sabía que tenía el penal a favor. Por eso intenté algo sin mirar. Fue extraño, porque a veces se te va tres metros por arriba del travesaño", cuenta con una carcajada.

Así como el básquetbol tuvo un brillo épico con la Generación Dorada, el handball podría enorgullecerse con el desarrollo de la suya. A su manera, desde ya. Pero se amplió la base de jugadores, se exportaron talentos y se hizo historia en varios aspectos. En 2018, por ejemplo, Diego Simonet ganó la Champions con el Montpellier francés y recibió el MVP de la final. No obstante, Fernández cree que todavía queda mucho por mejorar.

"Se tendría que hacer a nuestro deporte más federal y que el gran nivel no esté sólo en Buenos Aires, que agrupa el 95% del handball. Podría proyectarse un trabajo en las provincias y que a futuro se pueda nutrir al seleccionado también desde allí. Lo más importante sería realizar cursos niveladores de entrenadores. Sé que los jugadores están, pero faltan técnicos de calidad. Si eso se logra vamos a dar un gran salto de calidad", analiza. A la explicación se le puede añadir un ejemplo: los 14 jugadores que viajaron a Lima 2019 son de Buenos Aires.

Asimismo, Fernández cree que la Argentina todavía está muy lejos de las grandes potencias en cuanto a infraestructura. Y también, a corto plazo, observa distante la posibilidad de crear una Liga Nacional. "Precisaríamos apoyo económico de las provincias, algo similar a lo que sucede en el básquetbol. O también sumar sostenes privados. Pero cuando pienso que hablamos de un deporte que no logra resultados muy rutilantes a nivel mundial se hace complicado que les interese. Y también en la Argentina todo es fútbol, fútbol y fútbol. El resto de los deportes está varios escalones por debajo".

¿Existe algún aspecto del handball que ponga de mal humor a Federico Fernández? "Tal vez me cansa la rutina de todo el año. A veces es difícil unir el deporte con el trabajo, es tedioso. Y personalmente me cansa más el trabajo que mi deporte, pero el primero es el que le da de comer a mi familia y no se puede aflojar", reflexiona. Handball y familia, entonces, el alimento de los sueños de un goleador eterno que va por más.

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