El resultado electoral del pueblo con más migrantes de Cataluña donde no quieren a Vox

M. J. Arias
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Uno de los argumentarios de Vox y puntos fuertes de su discurso político es el de criminalizar a los migrantes. Muchas veces usando datos de fiabilidad cuestionable y credibilidad dudosa para sostener sus afirmaciones. Hace solo unas semanas, sin ir más lejos, Javier Ortega Smith protagonizó uno de esos momentos cuando, en un plató de televisión, un periodista de RTVE desmintió los datos publicados por su partido en redes sociales al respecto. Ahora, un pueblo entero, con los votos emitidos este domingo, ha demostrado al partido de ultraderecha que la migración no es sinónimo de problemas de convivencia como promulgan los de Abascal y que allí no comulgan con su programa electoral.

El caso de Guissona (Lleida) es el opuesto a El Ejido (Almería), donde Vox arrasó en las elecciones andaluzas de 2018 en la que los de Santiago Abascal lograron 12 escaños en el parlamento andaluz. En el Parlament han irrumpido en estos comicios con 11 diputados, pero el resultado cosechado en uno de los pueblos con más población migrante de toda Cataluña ha sido el opuesto al de la localidad almeriense, con una importante presencia también de migrantes. En este pueblo leridano de poco más de 7.000 habitantes, la mitad son de procedencia extranjera.

Allí Vox solo ha conseguido 24 votos, un 1,59% de los emitidos. Un porcentaje alejado del 5,53% de la provincia de Lleida. De hecho, la radiografía del voto en este pueblo es la de una derecha muy debilitada. El Partido Popular sumó el mismo número de papeletas y Ciudadanos, 43. Son las tres formaciones políticas menos votadas frente a JxCat, ERC y PSC, las tres con más apoyo y que entre todas ellas suman el 78,16% de los votos emitidos.

El éxito de la convivencia y la integración de la crecida población en Guissona lo desgranaba hace unos meses, coincidiendo con el confinamiento de los primeros meses de pandemia, un extenso reportaje publicado por David López en El Español. Explicaba el citado periodista que el origen de la situación de este pueblo como el que más extranjeros tenía de toda la región estaba relacionado directamente con Bonarea, la industria alimentaria local que inició su expansión en 2002.

La empresa, centrada en la carne, lleva 60 años en el mercado, pero fue hace casi dos décadas cuando amplió sus miras. Contaba al diario Antonio Condal, director de Recursos Humanos de la compañía, que en 2002 “necesitábamos trabajadores, acudimos al INEM de toda España y solamente encontramos una veintena de candidatos, pero nosotros teníamos que cubrir 200 puestos”. Así que para paliar esa falta de mano de obra, decidieron recurrir al mercado internacional. Entonces, el censo del pueblo era de unos 2.000 habitantes. 19 años después, han casi cuadruplicado su población.

Primero llegaron temporeros de la fruta senegaleses que solían viajar a Lleida. Después, ucranianos en Barcelona. Poco a poco el pueblo fue acogiendo a nuevos habitantes de otras nacionalidades hasta llegar a las cuarenta actuales. En total, en Bonarea hay, publicaba El Español, 4.448 trabajadores de 40 nacionalidades distintas siendo rumanos, ucranianos, senegaleses y búlgaros mayoritarios. A algunos de esos trabajadores se les buscó en sus países de origen.

Se les ofrecía contrato, un puesto de trabajo fijo, vivienda, un sueldo y conciliación familiar. Aún así, recuerda el empresario, no fue fácil al principio. Según sus propias palabras, la afición por el vodka y la falta de puntualidad de algunas comunidades concretas dieron algún problema. Pero poco a poco esa problemática se fue eliminando porque quien no cumplía, perdía el trabajo y esas buenas condiciones que el mismo ofrecía. De manera que el modelo funcionó, se fueron sumando más y más trabajadores hasta convertirse en lo que es hoy.

La realidad actual de Guissona nada tiene que ver con la de El Ejido donde se impone Vox. Tanto que, preguntado por El Español sobre la posibilidad de un alcalde de origen ajeno al local en algún momento, el actual, Jaume Ars i Bosch, reconocía que “no sería raro que en unos años, el próximo alcalde de Guissona sea un hijo de senegaleses, catalán de primera generación”.

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