Un guiño en el sorteo del Mundial que no debe llevar a descuidar los frentes internos abiertos

Jorge Búsico
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Sin Jaguares, hay que ver dónde decide la UAR que compitan los contratados y becados que se quedaron en el país
Fuente: LA NACION - Crédito: Jaguares

La fortuna le hizo un guiño a los Pumas en el sorteo de grupos para la Copa del Mundo Francia 2023. Si bien los argentinos somos especialistas en ganar los partidos antes de jugarlos, hay que reconocer que Japón es un rival más accesible que Francia, Irlanda y Australia, y que, en ese sentido, la peor parte se la llevaron Escocia e Italia. Hoy por hoy, y después de lo que ocurrió en el Tri-Nations, las posibilidades de acceder a los cuartos de final no parecen tan remotas, sin soslayar, claro, que en los dos últimos torneos los asiáticos vencieron a sudafricanos, irlandeses y escoceses.

En dos años y nueve meses, el tiempo que falta para el kick-off de la décima Copa William Webb Ellis, pueden ocurrir decenas de situaciones, pero ese lapso también le ofrece al seleccionado un panorama optimista si aprovecha el viento de cola que en lo deportivo y en la planificación dejó la larga y exitosa excursión a Australia. Hay calidad en el plantel y en el staff, además de un fructífero balance entre experimentados y jóvenes. A Francia llegará una mayoría que allí sumará tres y dos Mundiales, además de un cúmulo de enfrentamientos con tres de las cuatro grandes potencias en los Rugby Championships de 2021, 2022 y 2023.

A este panorama a futuro hay que sumarle una nueva contingencia que aparecerá en 2021. Cuando en la Argentina se reanude la actividad rugbística, se darán al menos tres situaciones nítidas alrededor del seleccionado y el alto rendimiento profesional: el hueco que en varios sentidos dejará Jaguares, la participación de un alto porcentaje de titulares y suplentes de los Pumas en Europa y Australia, y la incógnita que aún gira sobre cuál será la competencia que la UAR dispondrá para los contratados y becados que se quedaron en el país. Es un nuevo escenario que ni siquiera se parece al anterior a la incorporación al Súper Rugby.

En cuanto al éxodo de jugadores, tendrá la ventaja de que estarán bien preparados, pero por el contrario habrá que negociar la cesión con los clubes, sobre todo en las ventanas. Este punto sí es un déja vu de lo que ocurrió siempre hasta 2016. Seguramente, además, habrá un reordenamiento del staff, porque la pandemia borró de un día para el otro una grilla de al menos ocho partidos de alto nivel de jugadores que estaban en el país con Jaguares.

Los otros dos tienen relación con este, aunque con un vínculo más íntimo. Con la baja de Jaguares, la UAR dejó de recibir más de la mitad de lo que venía embolsando en dinero en los últimos cuatro años. Ese porcentaje puede ser mayor a partir de 2021. A pesar de que gran parte de los egresos (especialmente, contratos de jugadores) también se redujeron, en la Unión sostienen que la caja no permitirá un amplio margen de maniobra. Habrá que ver cuánto quedó y en qué se gasta. La rueda de siempre, en ese sentido.

Pero en lo que hace a la competencia para los que siguen como asalariados, la UAR apuntará a la Superliga Sudamericana, que acaba de confirmar que se realizará en dos sedes y con la participación de la Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Colombia y Paraguay, entre el 16 de marzo y el 15 de mayo. No se sabe si la Argentina lo hará con Ceibos, con el mismo modelo de 2020 (un dueño, pero con el staff y los jugadores elegidos por la UAR) o con otro. Lo que sí es seguro es que las otras franquicias estarán colmadas de jugadores y entrenadores argentinos.

Si bien algunas Uniones propondrán la vuelta del Campeonato Argentino, entre otras cosas para captar auspiciantes que ayuden a solventar la crisis económica por la que también atravesarán muchos clubes de todo el país, la UAR no lo tiene en mente. La TV y el dinero la requieren fronteras afuera. Pero así como pasó con la alta competencia, algo cambió en el frente interno. Se percibe un clima de replanteos que sube desde los clubes.