La guerra por saber quién manda en el deporte: la Ley Rodchenkov y los entretelones de la pelea entre Estados Unidos y Rusia

Ezequiel Fernández Moores
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El legislador que impulsó la ley en el Senado se llama Whitehouse. Sheldon Whitehouse. Pero la Casa Blanca jura inocencia. Whitehouse es demócrata, igual que Sheila Jackson Lee, que fue portavoz de la ley en Diputados. Demócratas y republicanos archivaron duras disputas electorales y votaron por aclamación. En ambas Cámaras. Más de medio millar de legisladores. Y Donald Trump, presidente saliente, puso su firma el 4 de diciembre pasado. El deporte mundial queda así bajo una única jurisdicción: Estados Unidos. Bastará que un delator denuncie doping y que en la competencia haya un deportista o un interés económico de Estados Unidos. Del deporte que sea y en el punto que sea. En Buenos Aires o en Burundi. Eso sí, la ley, que prevé multas de hasta un millón de dólares y diez años de cárcel, no regirá para las principales Ligas del deporte de Estados Unidos. Hay que combatir el doping en todo el mundo. Menos en Estados Unidos.

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La ley, en rigor, apunta a Rusia. Tanto que se llama "Ley Rodchenkov", en homenaje al ex Director del Laboratorio Antidoping de Moscú, condecorado con la Orden de la Amistad por Vladimir Putin tras los exitosos Juegos de Invierno de Sochi 2014 y que terminó delatando como testigo protegido del FBI el doping de Estado de Rusia. Lo contó en Icaro, el documental premiado con un Oscar por Hollywood y en su autobiografía "The Rodchenkov Affair: cómo derribé el doping secreto de Putin", premiado como libro deportivo de 2020 en Gran Bretaña. "Un denunciante como pocos, honesto y valiente, que paga un duro precio por estar del lado de la verdad", lo elogió Alyson Rudd, presidenta del jurado. El veterano periodista Ian Ridley, uno de los finalistas, discrepó con esa visión y rechazó cobrar su premio. "Creo en el rol de los denunciantes que se arrepienten y dan un servicio público", dijo Ridley. "La vida y el deporte los necesitan. Pero Rodchenkov dopaba atletas. Fue descubierto y actuó por necesidad, no por principios. Es un narrador poco confiable".

También el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) de Suiza ya había dudado de Rodchenkov cuando en 2018 aceptó una apelación de dos atletas rusos. El TAS describió las pruebas de Rodchenkov, al menos en ese caso, como "un rumor con valor probatorio limitado", una "simple afirmación que no está corroborada por ninguna prueba documental contemporánea". El TAS recibió duras críticas la semana pasada porque redujo de cuatro a dos años la suspensión de Rusia. Y porque autorizó a que participen en los Juegos de Tokio 2021 atletas que Rodchenkov había puesto bajo sospecha. Podrán lucir en sus uniformes colores patrios y la palabra "Rusia". Moscú se defendió con ocho bufetes de abogados en las audiencias privadas de cuatro días del TAS. Y con atletas que alegaron en tono emotivo. Rusia, primer país que sufre la sanción más dura por doping, recibió igualmente como un triunfo el fallo del TAS. Como dijo Tatyana Pokrovskaya, entrenadora del exitoso equipo de natación sincronizada: "cuando los rusos estén en el escalón más alto del podio, todos sabrán que son rusos".

Estados Unidos, en cambio, aprovechó el "fallo decepcionante" del TAS para justificar su Ley Rodchenkov. Si el Comité Olímpico Internacional (COI), la Agencia Mundial Antidoping (AMA) y el TAS no luchan bien, pues sí lo hará entonces la Agencia Antidoping de Estados Unidos (USADA). La Ley le permite acceder a los informes secretos del FBI. Si Rusia hace doping de Estado, Estados Unidos hará de Estado policial. Y no solo contra Rusia. La Ley afecta Juegos Olímpicos, Mundiales de la FIFA, Tour de Francia y cuanta competencia incluya atletas o intereses económicos de Estados Unidos, como podría ser hasta la Copa Diego Armando Maradona, que es televisada por cadenas norteamericanas. La Ley, en rigor, contempla a todos los deportes que estén sujetos al Código Antidoping de la AMA, a la que Estados Unidos amenazó con desfinanciar si seguía oponiéndose públicamente a la norma.

¿La solución pasaría entonces por no adherir al Código Antidoping de AMA como lo hacen las grandes Ligas del deporte de Estados Unidos, desde la NBA a la NFL, béisbol y hockey sobre hielo, una industria dopada y protegida de 500.000 millones de dólares? ¿O que cada país cree su propia Ley antidoping, a la que podría llamar Ley Lance Armstrong, como sugieren otros? Peligra no solo la unificación de reglamentos antidoping. El debate es qué servicio secreto mandará en el deporte. Unos impondrán su dinero y su TV. Otros hackearán. O crearán un equipo de atletas-delatores. Cientos de Rodchenkov. Todo en nombre del "deporte limpio", como decía William Bock III, abogado general de USADA hasta meses atrás, hoy de Trump para anular los resultados electorales de Wisconsin. Pierre de Coubertin, el fundador de los Juegos modernos, escribió en 1892 la Carta Olímpica que marcó dos años después el nacimiento del COI. Es un manuscrito de catorce páginas de papel tejido. Sotheby's lo remató el año pasado por 8.806.500 dólares, récord histórico para un objeto deportivo. El comprador lo donó semanas después al Museo Olímpico. Era el presidente de la Federación Internacional de Esgrima. Alisher Usmanov. Multimillonario ruso. Más de 11.000 millones de dólares. Dice Forbes.