Golf y elecciones: las trampas del presidente

Ezequiel Fernández Moores
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Donald Trump jugaba al golf el sábado en su campo de Virginia cuando la prensa comenzó a anunciar a Joe Biden como presidente electo. Difícil que acepte la derrota un deportista que se adjudica veinte títulos, todos ganados en 18 campos de golf propios y en torneos que carecen de registros formales. En su cancha de West Palm Beach, en Florida, las plaquetas en la pared lo coronan campeón senior de 2012 y 2013 y campeón de club de 1999, 2002, 2009 y también 2018. Este último, cuenta la revista Golf, fue ganado en realidad por el CEO Ted Virtue. "Ganaste porque yo no pude jugar", le dijo Trump y lo desafió a nueve hoyos para ver quién se quedaba con el título. Su desafiante tenía 72 años, pero era dueño del club. Y presidente de Estados Unidos. Virtue no solo aceptó el duelo. También perdió. Generoso, el presidente le dijo que compartirían el título. "Seremos co-campeones".

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Que a Trump nunca le gustó perder lo supo como nadie el periodista Rick Reilly. A comienzos de los '80, Trump lo invitó a que le hiciera de caddie por un día para que luego escribiera un artículo sobre él. Reilly no pudo verificar ninguno de los títulos de Trump. Tampoco su handicap inexplicable de 2,8. Sí verificó, en cambio, las trampas. Salir siempre primero para subirse luego rápido al carrito y llegar antes para mover su pelota o la del rival (los caddies de Winged Foot lo apodaron "Pelé" de tanto que lo vieron patear pelotitas). Llevaba otras en el bolsillo de su pantalón. No contaba las pelotitas que caían al lago. Descontaba que su putt caería en el hoyo y tomaba la pelotita antes de que completara el recorrido. Anotó registros imposibles, superiores inclusive a los de ex campeones de Majors. Reilly no escribió un artículo. Escribió un libro. Lo llamó "Commander in Cheat: How Golf Explains Trump" (Comandante tramposo: cómo el golf explica a Trump).

Reilly recuerda que el golf es el único deporte sin árbitro y en el que propio jugador lleva su puntuación y anota también sus eventuales infracciones. Un "juego de caballeros" en el que Trump, dijo Reilly a la CNN, "hace trampa como un contador de la mafia". Le hizo trampa hasta a Tiger Woods. Hay decenas de relatos similares. Dustin Johnson, Ernie Els, Justin Thomas y Rory McIlroy son otros campeones que aceptaron jugar con "Mr Trampa". El PGA Tour lo festejó. Y el legendario Jack Nicklaus, para muchos el mejor golfista de la historia, llegó a decir que Trump "juega bastante bien, un poco como yo". Invitado habitual del Masters de Augusta que comienza mañana (y que anunció una distinción para Lee Elder, su primer jugador negro), Nicklaus cuenta que votó por Trump para evitar que "el socialismo" se apodere de Estados Unidos. Cientos de deportistas enfrentaron a Trump y ayudaron a provocar su derrota. Pero el golf, criticó Lawrence Donnegan, ex jugador y periodista, "lo aceptó en cambio como uno de los suyos. Le sirvió de idiota útil".

El historiador Michael Trostel afirma que Herbert Hoover, Harry Truman y acaso Jimmy Carter fueron los únicos presidentes de Estados Unidos que no jugaron golf. Woodrow Wilson jugó todos los días de su mandato (excepto los domingos), aún en plena Primera Guerra Mundial. Y el propio Barack Obama jugó golf 306 días en sus ocho años de gestión, incluso en plena invasión de Irak. Aunque fue Premio Nobel de la Paz, Obama es el único presidente de la historia de Estados Unidos que mantuvo en guerra a su país durante todo su mandato. Trump cumplió cuando prometió que él no iniciaría guerras (las inició dentro de su propio país). Pero mintió cuando aseguró que durante su presidencia no tendría tiempo para jugar al golf como Obama. Lo hizo no solo en el simulador que instaló en la Casa Blanca. Según The Washington Post, jugó en sus campos 247 ocasiones durante su mandato, fin de semana de por medio. A un costo, según el sitio trumpgolfcount.com/displayoutings, de 142 millones de dólares para el erario público, incluyendo los cerca de cien mil dólares que pagó el Servicio Secreto en alquiler de carritos para custodiarlo en cada una de sus salidas.

Sin Donald presidente, el periodista del Irish Times, Malachy Clerkin, abogó para que el golf sea recuperado por los miles de jugadores como él, "ordinarios y decentes" y no por los que, como Trump, aman ese deporte "por su exclusividad". El presidente del último US Open, Bryan Marsal, contó que hace muchos años, antes de enfrentar a otra pareja, Trump le dijo: "Estos dos tipos nos engañan, así que espero que hoy hagas trampa conmigo porque tenemos que ganarles". Trump cree que todos hacen trampa y que él entonces también puede hacerla. "La trampa de decir que hay trampa". Eamon Lynch, también ex golfista y periodista, describió días atrás a Trump como "un bebé grande y fanfarrón que no tiene el carácter para entender que, si hacés trampa, no ganaste. Ya sabés, cosas de jardín de infantes". Es un Kindergarden enorme. Aunque sepa que perdió, Trump sigue resistiendo. Recibió más de 70 millones de votos.