Mientras las gimnastas buscan respuestas, solo se les ofrece dinero

Juliet Macur
The New York Times
Simone Biles, practica con su entrenador, Laurent Landi, en un campo de entrenamiento de Indianápolis el 20 de enero de 2020. (Andrew Spear/The New York Times)
Simone Biles, practica con su entrenador, Laurent Landi, en un campo de entrenamiento de Indianápolis el 20 de enero de 2020. (Andrew Spear/The New York Times)

Cuando faltan menos de cinco meses para los Juegos Olímpicos de Tokio, el cuerpo regulador de la gimnasia en Estados Unidos ha propuesto un acuerdo judicial multimillonario para cerrar un capítulo oscuro y doloroso en el que cientos de gimnastas fueron agredidas sexualmente por un médico que anteriormente formaba parte del equipo.

Simone Biles, la gimnasta más condecorada del deporte, no lo acepta.

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Tampoco Aly Raisman, otra medallista olímpica de oro, al igual que otras víctimas que en días recientes han exigido de manera pública respuestas, una vez más, sobre cómo el médico, Lawrence Nassar, pudo abusar sexualmente de cientos de niñas y mujeres bajo la mirada de la Federación de Gimnasia, el Comité Olímpico y Paralímpico estadounidenses y con tantos entrenadores a cargo, en parte, de mantenerlas a salvo.

“Solo están tratando de meter este asunto bajo la alfombra, con la esperanza de que la gente lo olvide cuando vea las Olimpiadas este verano”, dijo Raisman el 2 de marzo en el programa “Today” de NBC, que transmitirá las Olimpiadas de Tokio.

Raisman también acusó a las organizaciones olímpicas de encubrimiento, aunque no dijo qué, exactamente, estaban encubriendo porque manifestó no tener suficiente información.

Y esa falta de información es el meollo del asunto.

La noticia sobre la oferta del acuerdo de 217 millones de dólares de la Federación de Gimnasia de Estados Unidos se divulgó el mes pasado e incluye una oferta que libera de responsabilidad a varias entidades y personas involucradas en el caso, incluidos el Comité Olímpico y Paralímpico y Steve Penny, ex director ejecutivo de la Federación de Gimnasia estadounidense, así como a los ex coordinadores del equipo nacional, Marta y Bela Karolyi. Los montos propuestos a las más de 500 víctimas de Nassar oscilan entre 82.550 dólares y 1,25 millones de dólares, las sumas más elevadas son para las gimnastas que fueron abusadas en los Juegos Olímpicos o en campeonatos mundiales.

Sin embargo, la oferta no parece requerir que los funcionarios olímpicos o de la federación divulguen más información que ayude a entender cómo fue que Nassar pudo agredir a tantas personas sin el tipo de supervisión que lo podría haber detenido. John Manly, el abogado que representa a Biles, Raisman y otras víctimas, dijo que eso era inaceptable.

Se han realizado diversas investigaciones sobre quién sabía sobre la conducta de Nassar, cuándo se enteraron y qué hicieron al respecto.

Una comisión secundaria del Congreso llevó a cabo una investigación y la firma de abogados Ropes & Gray, contratada por el Comité Olímpico y Paralímpico, hizo otra. No obstante, las sobrevivientes dicen que todavía no saben cómo fue que Nassar pudo actuar con tal impunidad en las agresiones, haciéndolas pasar por tratamiento médico. El Departamento de Justicia también está realizando una investigación sobre el abuso sexual en los deportes olímpicos, pero no ha divulgado información al respecto.

La falta de información ha sido tan preocupante para las víctimas que a Biles, quien está entrenando para los Juegos Olímpicos de Tokio, se le dificulta dejar de pensar en esa situación.

De camino al campo de entrenamiento del equipo nacional, envió un tuit y dijo que todavía quería respuestas de la Federación de Gimnasia y el Comité Olímpico y Paralímpico estadounidenses.

“Deseo que AMBOS exijan una investigación independiente tanto como los sobrevivientes y yo la queremos. La ansiedad es elevada. ¡¡¡Es difícil no pensar en todo y NO QUIERO PENSAR EN ESO!!!”, decía el tuit.

En otra publicación, decía: “¿Y ELLOS no quieren saber CÓMO se permitió que todo ocurriera y QUIÉN lo permitió para que NUNCA VUELVA A SUCEDER? ¿No debería lograrse que la gente asuma su responsabilidad? ¿¿¿A quién se lo pregunto??? Estoy devastada en este momento....”

Estas fuertes reacciones podrían indicar lo lejos que están los atletas y los funcionarios de resolver el caso y lo distintas que son sus metas.

Las gimnastas están luchando para que se divulgue la mayor cantidad de información a fin de mantener la presión pública sobre el comité olímpico y la federación de gimnasia, con la finalidad de que se hagan los cambios de fondo que obstaculizarían futuras agresiones. Sin embargo, los funcionarios gubernamentales más bien quieren acelerar el fin del caso de tal manera que la atención que capta se disipe antes de las Olimpiadas y así evitar un juicio que impondría penas financieras más duras si las víctimas ganan.

La Federación de Gimnasia estadounidense se declaró en quiebra en diciembre de 2018, afirmando que la estrategia aceleraría las indemnizaciones monetarias para las víctimas de Nassar. La declaración detuvo las decenas de demandas que la federación enfrentaba y puso fin a todo intercambio de información en esos casos.

Sin embargo, el camino desde la declaración de la quiebra al ofrecimiento de pagos a esas mujeres ha sido enrevesado, tal como se esperaba que fuera.

Jonathan Lipson, un experto en la ley de quiebra y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad Temple, dijo que el caso de la federación es difícil porque va mucho más allá de ser un caso común y corriente del tribunal de quiebras en el que todo es “solo dinero” y “solo negocios”.

El próximo paso en el caso de quiebra serán las negociaciones; se celebrarán audiencias y se modificarán las ofertas y habrá mucha política de riesgo calculado, como lo denominó Lipson.

Otra opción es que el juez deseche el caso y eso es exactamente lo que las víctimas de Nassar quieren.

En enero, presentaron una solicitud ante el tribunal para que rechazara el caso porque consideran que la declaración de quiebra es un esfuerzo de la federación estadounidense para ocultarse del escrutinio público y retrasar el litigio en los cientos de casos que enfrenta en todo el país.

Rachael Denhollander, abogada y exgimnasta que fue la primera persona en acusar públicamente a Nassar de abuso, dijo que ella y otras víctimas estaban hartas de lidiar con la federación de gimnasia. Han pasado cuatro largos y frustrantes años desde que acudió a The Indianapolis Star con sus acusaciones contra Nassar.

“Estamos hablando del mayor caso de agresión sexual en la historia del deporte. Lo que va a ocurrir es que las sobrevivientes no vamos a dejar pasar esto”, afirmó Denhollander.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

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