Gallardo acertó con los cambios, pero los hizo demasiado tarde: puede costar caro

Ariel Ruya
lanacion.com

River no ganó. Es una noticia fuera de lo común: había ganado en todos los partidos del año. Una vez iba a ocurrir. ¿Justo ahora? El título depende del equipo millonario -si vence en Tucumán, será campeón-, pero no ofreció una versión acorde con su grandeza. Sobre todo, durante el primer capítulo: de lo peor de River a lo largo de la Superliga, más allá de los méritos de Defensa y Justicia, un equipo noble, táctico, punzante y con un enorme Unsain. Tantas veces influyente, Marcelo Gallardo acertó con los cambios..., pero los hizo demasiado tarde.

En Santa Fe, dispuso el ingreso de Quintero por Martínez Quarta a los 28 minutos del primer tiempo. Más tarde, revirtió un 0-1 y le ganó a Unión por 2 a 1.

Pinola no sólo sobraba en la imaginaria línea de 5 defensores: también, atraviesa una crisis de credibilidad. Está lento, impreciso. River perdía la pelota en la mitad de la cancha, jugaba a la sombra de Defensa. Era urgente el ingreso de Quintero -o un valor de tenencia, de creatividad-, pero el DT dispuso su ingreso en el segundo tiempo.

Quintero se destacó, Alvarez fue útil. Entraron rápidos, audaces, entraron tarde. En el golpe por golpe, pudo ganar y pudo quedar tendido. Gallardo es el mejor jugador de River: hasta la ausencia del suspendido Borré (lo reemplazó un deslucido Scocco), le da la razón. Casi siempre la tiene. Esta vez, su ojo clínico llegó tarde.

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