De la España del tiki-taka hasta el Liverpool de Klopp: los equipos que han marcado la década

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Los equipos de fútbol que han marcado la década.
Los equipos de fútbol que han marcado la década.

La historia, como el fútbol, es cíclica. Lo que ayer marcaba tendencia hoy ya forma parte del pasado y del mismo modo, lo que en el pasado parecía abandonado, hoy recobra toda la fuerza necesaria para imponerse en el terreno de juego. Lo viejo se sitúa a la vanguardia y lo nuevo perece antes de lo que se suponía.

Por ello, este artículo pretende analizar la evolución futbolística de la década actual, desde el nacimiento de la selección española de Vicente del Bosque pasando por el Barça de Pep Guardiola, el Inter de Milán de José Mourinho, la selección chilena de Marcelo Bielsa, el Real Madrid de Zidane hasta acabar con el Liverpool de Jürgen Klopp.

Selección Española (2008/2012): el tiki-taka alcanza la gloria

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La mejor selección nacional de todos los tiempos. Invencibles, inquebrantables. Nadie nunca ganó Eurocopa-Mundial-Eurocopa de manera consecutiva y mucho menos aterrorizó a los contrarios como lo hizo España. De hecho, hay un dato paradigmático para ilustrar una afirmación que a priori podría sonar tan categórica: en 10 eliminatorias de vida o muerte entre los tres torneos, España encajó 0 goles. Datos más propios de un club que de un combinado nacional al que, durante mucho tiempo, nadie fue capaz de vencer ni de arrebatar el balón por su increíble calidad técnica.

El creador, Luis Aragonés, fue capaz de emprender una renovación difícil y necesaria a través de un estilo de juego basado en la agresividad con el balón y el dominio del rival, España realizó una fulgurante fase de grupos en la Eurocopa de 2008 para toparse con su gran verdugo histórico en cuartos de final: Italia. Sin duda alguna, el partido que marcaría la suerte de España a lo largo de los próximos años. Tras una agónica tanda de penaltis, España acabó con su leyenda negra. Superar a Italia significó hacerse mayores, dejar atrás los miedos y decirle al monstruo que se escondía en el armario que todo había cambiado.

España se proclamó campeona del torneo con un fútbol ofensivo que multiplicaba la creación de ocasiones a través de la posesión. Tener el balón no era el fin, sino un medio para generar más aunque su uso también estaba destinado a protegerse con el mismo. Con Marcos Senna y Xavi Hernández en la base, Iniesta en un flanco y David Villa y Fernando Torres partiendo de inicio en muchas ocasiones, uno por dentro y el otro desde la banda, la selección siempre encontraba la vía perfecta para incorporar la profundidad necesaria que debía tener su posesión, algo que, en el futuro se vería drásticamente reducido por las lesiones de Fernando Torres -Mundial de 2010- y de David Villa -Eurocopa de 2012-.

La llegada de Vicente Del Bosque significó la continuidad del proyecto emprendido por Luis Aragonés, pero su selección española perdió colmillo y profundidad para radicalizarse en cuanto a la posesión del balón se refiere. Vicente del Bosque reforzó su centro del campo al incorporar un mediocampista más para acompañar a su ‘5’, adelantar a Xavi Hernández y mover a Andrés Iniesta a la banda. España pasó de atacar con Fernando Torres y David Villa a jugar con un solo delantero. Con un plan de juego más defensivo que anteriormente, la selección ibérica se proclamó campeona del mundo en Sudáfrica al marcar 8 goles en 7 partidos de torneo y ser la selección que, paradójicamente, más veces había disparado a portería.

¿Qué innovación aportó al juego?

España utilizaba el balón para evitar que el rival contragolpeara y confiaba en que la magia de Xavi, Iniesta o Silva se encargase de encontrar un pasillo interior para girar al rival, filtrar el balón a la espalda de las defensas contrarias y encontrar el gol de la victoria. La gran novedad se encuentra en la disposición de muchos centrocampistas y ni un solo delantero, solo Fàbregas de falso ‘9’ y golear 4-0 a Italia. Sin arriesgar y priorizando que todo lo que sucediese estuviese controlado al milímetro, la selección exigía un nivel bárbaro de concentración a sus rivales.

Inter de Milán (2009/2010): kryptonita azulgrana

Hasta la llegada del Atlético de Madrid de Simeone, ningún equipo había mostrado tal grado de organización defensiva en la Copa de Europa como el Inter de Milán de José Mourinho, un conjunto hipercompetitivo, ultracompacto y que logró lo que nadie nunca había conseguido jamás en Italia: ganar el triplete.

Así, el técnico luso edificó su Inter de Milán sobre un sistema basado en las ayudas defensivas continuas, un entramado defensivo equilibrado, una transición defensiva engrasada y un contragolpe temible. La defensa estaba formada por Lucio y Walter Samuel, los laterales reservados para dos carrileros profundos como Zanetti o Chivu si buscaba taponar el juego exterior rival y Maicon, con el brasileño sobresaliendo en esa faceta ofensiva y dejando a Dani Alves fuera del XI en la selección sudamericana.

En el centro del campo, la pareja Cambiasso y Thiago Motta/Stankovic se encargaban de la sala de máquinas y los ‘extremos’ eran para dos delanteros que, en función de lo que requería el encuentro y las dificultades que podía plantear el rival, pasaban a actuar como apoyo al ‘9’ o al lateral: Goran Pandev y Samuel Eto’o. Por último, Diego Milito o Mario Balotelli corrían al espacio y Sneijder filtraba pases con el ‘10’ a la espalda para convertirse en el mejor del mundo en su posición esa campaña. El Inter de Milán brillaba cuando podía robar aunque fuera muy atrás, lanzar y volar al contragolpe.

De este modo, el partido contra el Barça de Pep Guardiola en semifinales de la Copa de Europa se planteó como una lucha de estilos y también como la revancha para un Mourinho al que el Barça había dado la espalda tras no elegirle como entrenador. Con la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull, el club azulgrana tuvo que viajar hasta Milán en bus para caer en la trampa que había preparado el técnico portugués; con el diseño de una jaula para frenar a Leo Messi. Con remontada incluida, exhibición de Julio César y un fútbol vertiginoso, eléctrico y directo, el Inter de Milán venció por 3-1 a la entidad catalana, lo que dio paso a una vuelta épica.

En el Camp Nou, el equipo italiano se quedó a los 29 minutos sin Thiago Motta. Como respuesta, el Inter de Milán renuncio totalmente al balón, incluso al contragolpe, para no perder su solidez defensiva. El Barça se topó con un muro impenetrable que eliminaba cualquier tipo de espacio al conjunto más creativo de Europa. El resultado: 1-0 para el Barça, 19% de posesión para el Inter, 15 disparos y una imagen para la historia, la de un Samuel Eto’o que venía de marcar 30 goles con el Barça como delantero estrella la temporada anterior, como un lateral más con una disciplina y concentracion altísima.

¿Qué innovación aportó al juego?

En una época donde el tiki-taka reinaba con el Barça de Guardiola y la selección española de Vicente del Bosque hacía historia, José Mourinho priorizó el orden defensivo al fútbol asociativo y supo cómo detener al mejor equipo del continente en esos momentos. Algo que más tarde trasladaría al Real Madrid. Pese a ser catalogado como un conjunto eminentemente defensivo, cabe decir que en las dos temporadas que el técnico portugués estuvo en país transalpino, el equipo nerazzurro siempre fue el máximo goleador del campeonato y, por supuesto, el que menos goles encajó. José Mourinho no engaña.

Barça (2010/11): la explosión del falso ‘9’

Hubo muchos Barças de Guardiola, todos fantásticos, diferentes y con el juego de posición por bandera, pero de entre todas las temporadas, me quedo con el que maravilló al mundo en la campaña 2010/11. La apuesta por Leo Messi como falso 9, con Pedro y Villa picando al espacio, la evolución y mejora de la presión post-pérdida, el punto álgido del triángulo Sergio Busquets-Xavi Hernández-Andrés Iniesta y un equipo que utilizaba el contragolpe mucho más de lo que lo había empleado en un pasado.

Con un 50% de la plantilla formada por futbolistas procedentes de La Masia, Pep Guardiola masterizó el arte del juego al pasar por encima de Sevilla (5-0), Almería (0-8), Real Madrid (5-0) -donde curiosamente Messi no marcó pero fue el mejor-, Espanyol (1-5) y Atlético de Madrid (3-0) en Liga. Su equipo tenía tan interiorizados los mecanismos anteriores para situarse en campo contrario a través de las eternas cadenas de pase que actuaba como un reloj. Todo el mundo estaba situado donde debía y tan solo Leo Messi aportaba la anarquía necesaria para liquidar al rival.

Los jugadores tocaban y tocaban, sin que el rival pudiese recuperar el balón donde quería hasta que encontraban el hueco ideal para enviar un regalo en forma de asistencia y adelantarse. Similar a la selección española en los grandes partidos de Copa de Europa pero más agresivos en el día a día, con un genio que decantaba los partidos.

En este sentido, su desempeño en Europa y en la Liga da buena muestra de la superioridad azulgrana respecto al resto de equipos contemporáneos. Además de eliminar al Real Madrid en las semifinales de la Copa de Europa con una exhibición de Leo Messi y aplastar al Manchester United por 3-1 en Wembley, donde cada centrocampista logró asistir y cada delantero marcar; el balance que presentó la entidad del Camp Nou en la competición de la regularidad es demoledor: récord de 21 goles en contra en 38 jornadas y 96.

Curiosamente, el club azulgrana no logró el triplete ante el Real Madrid de Mourinho tras perder la final de Copa (0-1) en Mestalla, pero su fútbol combinativo, ordenado, cohesionado y agotador para el rival con Gerard Piqué-Carles Puyol en la defensa, Dani Alves conectando con Leo Messi como un centrocampista más y Abidal formando en ocasiones una defensa de tres hombres es uno de los mejores equipos de la historia.

¿Qué innovación aportó al juego?

No fue una invención suya, pero Guardiola tuvo el valor suficiente como para reintroducir la figura del falso ‘9’, algo que ya había visto en el Barça de Johan Cruyff. Su objetivo siempre fue crear superioridad en el centro del campo. Por ello ideó la forma de que el delantero fuese uno más en la zona de creación del equipo. Esa necesidad coincidió con el crecimiento de Leo Messi, un jugador cuya técnica le permitía combinar en el centro del campo y crear peligro en el ataque.

Bayern de Múnich (2012/13): el rodillo alemán

Por primera vez en la historia del fútbol germano, un equipo, el Bayern de Munich de Jupp Heynckes, logró ganar el triplete (DFB-Pokal, Bundesliga y Champions League). Por si fuera poco, los datos arrojan más luz a la superioridad del conjunto teutón durante esa temporada, ya que rompió el récord de puntos sumados en liga (91), ganó 29 partidos, empató 4 y solo perdió 1 y dejó al segundo clasificado, el Borussia Dortmund, a 25 puntos de distancia. Demoledor.

Con una defensa formada por Alaba, Dante, Boateng y Lahm, un centro de campo configurado por Javi Martínez y Bastian Schweinsteiger con Toni Kroos como mediapunta y un ataque diseñado para que sus futbolistas más determinantes, Franck Ribery y Arjen Robben, marcasen la diferencia y surtieran de balones a Mario Mandzukic, Mario Gómez o al potente y sorprendente Thomas Müller.

El Bayern de Múnich contaba con una potencia física excelente y con la mejor presión del continente en aquellos días. Además, también tenía la suerte de topar con un entrenador que supo sacar el máximo de dos jugadores históricos como Franck Ribery y Arjen Robben y construirles el ecosistema perfecto para ser un equipo ancho, donde los laterales aparecían por sorpresa continuamente, y que actuaba como un todo en cada fase del juego.

El coloso bávaro no solo ganó la Champions League, sino que lo hizo con una superioridad alarmante tras vapulear al conjunto más potente y hegemónico en aquellos momentos: el Barça de ‘Tito’ Vilanova. La entidad catalana nunca supo hallar respuesta a la tormenta de juego, presión y velocidad que produjo el Bayern de Múnich en ambos partidos. Luego, en la final, ganaría al Borussia Dortmund de Jürgen Klopp.

¿Qué innovación aportó al juego?

Manuel Neuer revolucionó la posición de portero bajo palos y por aquí se debe empezar a comprender la obra del técnico teutón. La capacidad del portero germano de vivir muy alejado de su portería sumado a su preciso juego de pies, permitía a su equipo vivir en campo contrario, presionar como si no hubiera un mañana y pasar por encima de su rival. Hasta ese momento, no habíamos visto a un portero mostrar tal grado de impacto en el juego de su equipo.

Atlético de Madrid (2013/2014): el renacer de un club

Diego Pablo Simeone tiene el honor de haber construido la máquina de competir que rompió el duopolio Barça-Real Madrid imperante en la Liga. Su figura como técnico ha tenido el mismo impacto en el club rojiblanco que la que tuvo Johan Cruyff en el Barça o la de Alfredo Di Stéfano en el Real Madrid en su día. No solo ha hecho campeón a un club que se tambaleaba cuando él llegó, sino que lo ha instalado en la élite a base de dotarlo de una identidad como colectivo que le asegura competitividad a borbotones, una huella que jamás nadie podrá borrar en la historia.

En este sentido, con el 1-0 como religión y el 4-4-2 como texto sagrado, el conjunto rojiblanco convenció al mundo de que se podía defender muy atrás sin necesitar presionar arriba ante equipos de mayor calidad, no cometer errores ante ellos y explotar sus carencias a la hora de perderla. Líneas defensivas de metacrilato, sistema defensivo compacto, irrompible por dentro, defensa de hierro y combustión ofensiva en muy pocos minutos. El fallo defensivo no era una posibilidad porque no era real.

La alineación la podríamos repetir de memoria. Courtois bajo palos, una pareja de centrales dominadores del área como Diego Godín y Miranda, laterales para Juanfran y Filipe Luis, un jugadorazo infravalorado como Tiago junto a Gabi en el centro del campo, las bandas para Koke y Arda Turan aunque luego centraban su posición y una delantera formada por David Villa y Diego Costa y Raúl García en la recámara.

Por supuesto, este plan de juego no sería posible sin Diego Costa. El actual delantero colchonero tenía un papel difícil, hacer olvidar a Radamel Falcao a base de goles y de vivir muy alejado de su área, pero cumplió con creces. De hecho, no solo hizo que no le echaran de menos, sino que además permitió al cuadro rojiblanco sobrevivir a 50 metros de la portería rival y aún así sembrar el pánico gracias a sus 27 goles ligueros. Su explosión futbolística le hizo confirmarse como uno de los mejores delanteros del mundo.

Otro aspecto a destacar era su potencial a balón parado. El Atlético de Madrid aprovechó una vía que quizás estaba poco explotada en aquel momento tanto en la liga como en la Copa de Europa para desatascar partidos, inclinarlos a su favor y convertirse en una roca defensiva. Poéticamente, el épico gol de Diego Godín a centro de Koke Resurreción en el Camp Nou para ganar la Liga significó un gran resumen de la temporada rojiblanca.


Desgraciadamente, el conjunto colchonero acabó perdiendo la final de la Champions League ante el Real Madrid, pero eso no debería quitar ni un ápice de gloria al camino que realizó el equipo madrileño en la competición continental. Aplastó al Milan, eliminó al Barça y destronó al Chelsea de José Mourinho en su propio terreno y con sus propias armas.

¿Qué innovación aportó al juego?

Diego Pablo Simeone logró que su equipo basara su defensa en un repliegue intenso, casi incrustado en su portería, y aún así no cometer apenas fallos ni encajar goles sin dejar de tener mucha dinamita al contragolpe en un momento donde presionar arriba estaba de moda. En este sentido, mientras su equipo vivía agusto parapetado atrás, la mayoría de conjuntos que acababan intentando su plan de juego, acababan apeados de las competiciones europeas y no podían sobrevivir ante los transatlánticos europeos.

Barça (2014/15): la mejor delantera de la historia

Probablemente, aún hoy en día no se ha valorado como se debe al Barça de Luis Enrique. De hecho, ni siquiera se ha tenido en cuenta el porqué de su difícil pero necesaria decisión: la de modificar el tradicional 4-3-3 azulgrana y darle más peso a la delantera que al centro del campo hasta lograr presenta la mejor delantera de la historia.

En primer lugar, las llegadas de Ivan Rakitic, Luis Suárez, Claudio Bravo y Marc-André ter Stegen en el mercado de traspasos veraniego, sumadas al progresivo apagón de Xavi Hernández y Andrés Iniesta, modificaron el ADN azulgrana para dar paso a una cierta anarquía controlada en detrimento del histórico dominio del ritmo del partido a través de la posesión que había instaurado Pep Guardiola.

Por una parte, el técnico asturiano introdujo una serie de cambios tácticos que transformaron la estructura ofensiva del equipo. Para empezar, cambió la repartición del espacio, la cadena de pases, la posición de los delanteros y priorizó atacar a la máxima velocidad posible con el mayor espacio posible dando paso a que la calidad individual de Neymar Júnior, Luis Suárez y Leo Messi marcase la diferencia. Por ejemplo, al inicio de la temporada, en lugar de apostar por tener los extremos siempre abiertos, optó por centrarlos y acercar al uruguayo y al brasileño a Leo Messi. Luego, los volvió a abrir y mostró una gran versatilidad táctica, algo que, en mi opinión, despistaba al rival y sembraba en su cabeza el miedo de irle a presionar arriba.

Además, cabe resaltar la connexión Alves-Messi, si bien Jordi Alba se vio limitado por la figura de Neymar como reconocería más tarde, el brasileño se vio potenciado. Desde el lateral, Alves se convirtió en una figura clave en la salida de balón azulgrana tanto por sus pases como por sus conducciones y por lo que sucedía después, ya que era la bisagra que permitía encontrar al argentino y romper a Ivan Rakitic hacia arriba. Por último, cabe destacar como, junto a Ivan Rakitic, protegió la espalda de Leo Messi en fase defensiva siempre que el rosarino sufría una pérdida de balón.

Con total seguridad, el Barça de Luis Enrique no gozaba del circuito de pases mecanizado del conjunto de Pep Guardiola, pero la memoria colectiva futbolística de hombre como Piqué, Alves, Busquets, Xavi, Iniesta o Messi sumado al terrible potencial goleador de los tres tenores hizo que el club azulgrana fuese temible. Campeón de Liga ante el Real Madrid de Carlo Ancelotti con el 90% de los goles marcados por los tres tenores, cabe resaltar que el camino hasta alzar la ‘orejona’ fue excelente.

De hecho, antes de ganar a la Juventus de Turín de Antonio Conte en la final de Berlín, el equipo del asturiano se impuso al Atlético de Madrid de Simeone, al Manchester City de Pellegrini, al PSG de Blanc y al Bayern de Múnich de Pep Guardiola, cómo no recordar lo que sufrió Boateng con Messi en el Camp Nou.

¿Qué innovación aportó al juego?

Luis Enrique consiguió convencer al público azulgrana de la necesidad de basar su juego en potenciar la mejor delantera de la historia en lugar de centrar la atención en su medio del campo. Un impacto cultural, casi de batalla ideológica, para una afición que venía de estrellarse en Champions las pasadas ediciones pero que había tocado la gloria practicando un juego de posición perfecto de la mano de Pep Guardiola.

Leicester City de Claudio Ranieri (2015-16): el triunfo de nuestras vidas

¿Cuántos años tendremos que esperar para volver a ver algo así en la Premier League? Si el resto de equipos de este artículo destacaban por incorporar novedades al juego, revolucionar el estilo histórico de sus clubes o presentar jugadores irrepetibles, el Leicester City de Claudio Ranieri destaca por perfeccionar un fútbol simple, tradicional, altamente efectivo y por proclamarse campeón cuando nadie lo esperaba.

Sin duda alguna, el equipo inglés representa la historia más mágica de esta serie. Empezamos sin creer en ellos, nos identificamos cuando pensamos que no podrían aguantar toda la temporada mientras nos mantenían pegados al televisor en cada una de sus jornadas de Premier League y vibramos cuando levantaron el título de liga. Fue un cuento de hadas hasta el final.

De este modo, la solidez defensiva que puso en práctica el técnico italiano podría ser comparable a la de los grandes equipos que ganaron la Copa de Europa, como el Inter de Milán de José Mourinho. Con tan solo 3 partidos perdidos en toda la Premier League (los dos vs Arsenal y otro vs Liverpool), el Leicester City marcó a fuego su nombre con letras doradas en la historia de la competición tras vencer al primer Liverpool de Klopp en casa, al Manchester City de Pellegrini en el Etihad y ganar la competición por más de 10 puntos respecto al segundo clasificado, el Arsenal de Wenger.

A nivel individual, es cierto que tenía futbolistas como Jamie Vardy, N’Golo Kanté, Kasper Schmeichel o Riyad Marhez, pero hasta el momento o bien habían tenido una carrera discreta, conflictiva o eran desconocidos para el gran público. En realidad, no importaba el quién, sino el cómo.

El resto del equipo estaba formado por trabajadores incansables y obreros que trabajaban en la sombra para defender su área como un gato panza arriba; Huth, Morgan, Ulloa, Fuchs, Simpson, Drinkwater, Okazaki o Albrighton, pero lo más importante fue la fortaleza mental y el convencimiento de que lograrían ganar el torneo aprovechando la coyuntura de la liga inglesa. Con total seguridad, jamás podremos borrar de nuestra mente la gesta del Leicester City de Claudio Ranieri.

¿Qué innovación aportó al juego?

Ninguna, pero consiguió con una plantilla discreta ganar la Premier League a través de un fútbol directo y compacto que supeditaba el talento individual al triunfo colectivo. El italiano fue capaz de engrasar una máquina competitiva para ganar una liga que destacaba por su gran competitividad y destronar a los mejores equipos ingleses.

Selección de Chile (2015/16): identidad colectiva para ganar al mejor de la historia

El país andino tuvo que esperar hasta 2015 para alzarse con su primer título en selecciones absolutas al vencer a la Argentina de Leo Messi en la final de la Copa América con Jorge Sampaoli al mando, pero realmente empezó a ganar ese trofeo casi una década atrás; cuando contrató a Marcelo Bielsa en 2007.

El impacto del técnico argentino en la mentalidad del jugador chileno fue extraordinario. No solo instauró un estilo de juego, una identidad y un modelo a seguir para el futuro, sino que fue un adelantado a su tiempo al disponer un sistema de juego donde la presión debía situarse muy alta y cada hombre estaba encargado de marcar a otro sin depender del marcaje zonal.

De hecho, con la perspectiva que nos aporta el tiempo, se puede apreciar como Marcelo Bielsa empezó un proyecto a largo plazo que daría sus frutos en el futuro al apostar por los jóvenes de la selección sub20. El combinado había recogido una meritoria tercera plaza en el Mundial de Canadá 2007 con futbolistas de la talla de Alexis Sánchez, Gary Medel, Gonzalo Jara, Arturo Vidal, Carlos Carmona o Mauricio Isla, que junto a otros talentos emergentes, como Matías Fernández, Jean Beausejour, Eduardo Vargas y Jorge Valdivia se convirtieron en la base del equipo sudamericano.

Desgraciadamente y pese a que sembró las semillas de lo que vendría luego, el ‘Loco’ tuvo la mala suerte de caer en el grupo de España en el Mundial y quedar encasillado con Brasil en los octavos de final, tan solo la tanda de penaltis pudo separarlo de acceder a cuartos y dar la campanada. Tras ello, vino una etapa con Claudio Borghi y finalmente, el tiempo de Jorge Sampaoli.

Contratado en 2012 para guiar a la selección chilena hasta el Mundial de Brasil después de maravillar al fútbol sudamericano con su Universidad de Chile donde utilizaba una pareja formada por Charles Aranguiz y Marcelo Diaz en el centro del campo, Sampaoli cumplió con creces la tarea que le habían encomendado. De hecho, gracias a su gran fase de acceso, el técnico fue galaronado como el mejor entrenador de la fase de clasificación por la Conmebol por delante de Alejandro Sabella (Argentina) y José Néstor Pékerman (Colombia).

Entonces llegó el Mundial y con él, uno de los mejores partidos de la selección andina: el encuentro frente a la España de Vicente del Bosque en 2014 fue una auténtica masacre ante una selección que pedía a gritos un relevo generacional y técnico. España jamás supo cómo superar la presión chilena, cómo detener sus ataques relámpago o cómo encontrar el espacio necesario a la espalda de una defensa tan adelantada que por momentos parecía suicida, algo que ya había sucedido con Marcelo Bielsa. De nuevo, el cruce con Brasil, el disparo al palo de Mauricio Pinilla -se tatuó la acción- y los penaltis, le apartaron del pase a cuartos de final.

Chile te rebasaba por todos lados, te agobiaba en salida de balón, te superaba cuando ellos tenían el dominio del juego y explotaba tus espacios entre líneas con una facilidad pasmosa. Actuando como un acordeón, había que leer muy bien el partido para saber explotar en el momento justo sus carencias, ya que combinaban un modelo de juego interiorizado con una verticalidad tremenda y unos futbolistas como Vidal, Alexis Sánchez o Jorge Valdivia que pertenecían al grupo de los jugadores diferenciales.

Pero por fin, en 2015, se celebró la Copa América en su propio país y obtuvo su primer título de la historia después de vencer a Uruguay en cuartos de final, a Perú en semifinales y a Argentina en la final. Así, Jorge Sampaoli puso el broche de oro a la generació dorada que había conmovido al público chileno. Una selección inolvidable que más tarde volvería a derrotar al mejor jugador de la historia por segunda vez consecutiva.

¿Qué innovación aportó al juego?

La selección chilena de Jorge Sampaoli supo darle una vuelta de tuerca más al estilo de juego instalado por Marcelo Bielsa y conseguir destronar al mejor jugador de la historia dos veces de manera consecutiva, Leo Messi, al aprovechar los conceptos de un equipo que se había adelantado al futuro a través de la presión muy adelantada y agresiva y las marcas individuales.

Real Madrid (2016/17): el equipo al servicio del talento

Histórico, épico, ganador y dominador jerárquico de la Copa de Europa. Ni siquiera el mejor Barça de Pep Guardiola o Luis Enrique fue capaz de ganar la competición continental más prestigiosa 4 veces en 5 años. El Real Madrid de Zinedine Zidane se caracterizó por reunir a una enorme colección de estrellas y potenciar su relación, pero también por ensamblar la capacidad emocional para no besar la lona en los momentos más críticos ante otros transatlánticos europeos.

El técnico francoargelino no practicaba un juego de posición como el Barça o la selección española, sino que apostaba por juntar una banda izquierda de escándalo a través del juego funcional, el cual permite juntar a tus mejores futbolistas en una zona pese a no repartir los espacios racionalmente. En este sentido el costado izquierdo del club blanco con Marcelo, Kroos, Cristiano Ronaldo, Benzema e Isco como jugador número 12 en múltiples ocasiones o como titular directamente, se diseñó para que el delantero portugués marcase las diferencias arriba gracias a la creatividad de sus asistentes y la puntualidad de la que hacía gala.

Con Sergio Ramos y Varane colocando la línea defensiva muy arriba, el equipo blanco poseía la virtud de robar en campo rival, concentrar la atención defensiva en la banda izquierda y luego encontrar a Luka Modric o Dani Carvajal en el lado débil para partir el sistema defensivo rival y desajustar sus marcas. Desde esa zona, Carvajal apostaría por buscar el centro lateral y encontrar, como no, a Cristiano Ronaldo.

Otro aspecto a destacar es su centro del campo, seamos sinceros: el mejor del mundo durante aquellos años, pero especialmente en aquella temporada. El Real Madrid jamás perdió una eliminatoria cuando los tres coincidieron sobre el verde. Casemiro ejercía de esttoper para permitir a Marcelo-Carvajal volar, Kroos de timón a través del pase y Luka Modric de interior encargado de superar líneas de presión usando su poderosa conducción más la figura de Isco Alarcón entre líneas. Así, el Real Madrid abría en canal el sistema defensivo rival.

Más allá del dibujo, y aunque el público en general le tenga como un técnico sin grandes conocimientos tácticos por destacar gracias a la gestión de grupo, Zidane tuvo la capacidad de plantear grandes planes de juego donde su equipo era capaz de combinar y arrebatar el balón al rival, pero también de montar contragolpes mortíferos. Otro punto a destacar: la conexión Toni Kroos-Sergio Ramos/Casemiro a balón parado. Una máquina de sumar puntos y decantar encuentros.

En este sentido su carrera hasta alzar la Champions League en Cardiff fue una absoluta barbaridad. Sus rivales: Napoli de Sarri, Bayern de Múnich de Ancelotti, Atlético de Madrid de Simeone y Juventus de Turín de Allegri en la final. Zinedine Zidane contaba con una plantilla muy amplia, probablemente la mejor de la historia en un club por cantidad y calidad, pero su fortaleza mental y la habilidad que demostró el francoargelino para tener ‘18 titulares’ fue extraordinaria. De hecho, marcó el camino para ganar ligas al Barça de Leo Messi: tener una superplantilla.

Con 4 de 5 títulos posibles, el club del Santiago Bernabéu ganó Supercopa de Europa, la Liga con 106 goles a favor, la Copa de Europa y el Mundial de Clubes y solo perdió 5 veces en 60 partidos en toda la temporada. Nada mal para un entrenador al que aún hoy en día se le acusa de ser un mero ‘alineador’.

¿Qué innovación aportó al juego?

El equipo de Zinedine Zidane se caracterizó por reunir una constelación de estrellas, derrotar a los mejores equipos del continente y no caer jamás al suelo en los momentos más complicados. Todo ello mientras sacaba lo mejor de sus futbolistas más destacados pese a no apostar por un dominio racional de los espacios y convertirse, así, en el dominador hegemónico de la Copa de Europa.

Juventus de Turín (2016/17): Allegri, constructor de equipos

El gigante turinés recuperó el pulso de la mano de Antonio Conte. El técnico italiano fue el autor de reincorporar la famosa defensa de tres centrales donde Chiellini, Bonucci y Barzagli representaban un muro infranqueable tanto en la selección italiana como en su propio club, al reintroducir un sistema defensivo que se había quedado anquilosado en el pasado.

Massimilliano Allegri, consciente de la gran herencia recibida, no dudo en sumar su trabajo a su idea inicial, pero antes tuvo que convencer al exigente público bianconero de la necesidad de evolucionar tras perder a Arturo Vidal, Andrea Pirlo o Paul Pogba -la base del centro del campo de Conte- en las últimas temporadas. El equipo necesitaba encontrar el equilibrio que la pasada campaña le había dejado fuera de la Copa de Europa en octavos de final, tener más opciones y aumentar el repertorio táctico de su obra.

De este modo, el entrenador italiano empezó apostando por los tres centrales como garantía de competitividad y solidez, pero a medida que la temporada fue avanzando, fue introduciendo pequeños cambios en su modelo de juego, como la defensa de 4, la importancia extrema de los laterales (Álex Sandro y Dani Alves) en salida de balón fuese el 3-5-2 o el 4-2-3-1 o el falso extremo Mario Mandzukic por la banda izquierda, quien acabó realizando una gran temporada gracias a su encomiable trabajo defensivo y su superioridad en el remate de centro lateral en fase ofensiva.

El cambio de sistema le permitió ser un equipo más sólido, pero también más ofensivo. El técnico de Livorno potenció a Leonardo Bonucci para que fuera el encargado de iniciar el juego en salida de balón a través del pase y a ello sumó las conduciones de Giorgio Chiellini. Todo encajaba desde que el portero iniciaba el juego hasta que los delanteros finalizaban las jugadas.

Con Gonzalo Higuaín en la punta de ataque, Allegri siempre trató de abastecer de balones al argentino, al colocarle a Paulo Dybala por detrás, Juan Cuadrado en la derecha y Mario Mandzukic por la izquierda. El doble pivote quedaba reservado para el incansable Sami Khedira y un Miralem Pjanic que, conforme iban avanzando las jornadas, se iba a convertir en uno de los mejores mediocentros del mundo gracias a su liderazgo y su rango de pases. Allegri ya había encontrado el sustituto de Andrea Pirlo.

Así, Massimiliano Allegri logró solucionar los problemas de transición ofensiva y defensiva que había sufrido, ya que los laterales se habán convertido en un punto débil a explotar por el rival. Ahora, ya no perdía su forma en fase ofensiva y se lanzaba a presionar muy arriba al contrario y si no la recuperaban, se organizaban en un 4-4-2 de órdago, similar al Atlético de Madrid, para atragantar la posesión rival.

Es por ello que la versión de la Juventus de Turín más completa, mutante, versátil tácticamente y adaptable llegó de la mano de Massimiliano Allegri. Es probable que de no haberse cruzado con el Real Madrid hubiese ganado la final, al fin y al cabo, encajaron más goles en la final de Cardiff (4) que en toda la competición pese a haberse enfrentado al Sevilla de Sampaoli, el Barça de Luis Enrique o el Mónaco de Jardim.

¿Qué innovación aportó al juego?

Massimiliano Allegri logró convencer al público turinés de la necesidad de romper, en ocasiones, la famosa defensa de tres formada por Chiellini, Bonucci y Barzagli que tanto le había dado a Antonio Conte para crear una Juventus más versátil tácticamente que apenas encajaba goles en Europa y alargar el dominio en la Serie A gracias a su talento táctico.

Manchester City 2017/18: Guardiola doma la Premier League

¿Cómo dominar una liga que se rige por sus propias reglas? ¿Cómo acostumbrar a un público educado en el balón directo y que ha crecido vibrando con los duelos ganados en las pelotas divididas? La obra de Pep Guardiola al frente del Manchester City es de un valor altísimo por el impacto cultural que ha supuesto para competición.

El técnico de Santpedor construyó su equipo ‘citizen’ alrededor de Kevin De Bruyne. Antaño mediapunta finalizador, el entrenador transformó a un futbolista de momentos puntuales en el mejor futbolista de la Premier League desde la base de la jugada como interior o corriendo por los pasillos entre lateral y centrocampista rival. El mejor De Bruyne ha sido también el más global, decisivo en salida de balón, clave para superar presiones a través de sus conducciones y mortífero en la frontal del área.

Sin embargo, su triunfo en la Premier League debe entenderse desde el colectivo y la habilidad de haber implantado un juego de posición perfectamente engranado -desde la salida hasta llegar a la frontal del área- tras un primer año difícil por la necesidad de adaptarse al imprevisible balompié británico. De nuevo, Guardiola dio un paso más al utilizar a su portero -Ederson Moraes- como una máquina de pinball y generar superioridad desde el principio de la jugada como un central más, algo que jamás se había visto en la pasada década de la competición.

Por otra parte, la importancia de los laterales -Delph/Zinchenko y Walker- en la salida de balón en el papel de interiores -algo que ya hizo Johan Cruyff en el Barça en su día- ha supuesto una revolución en lo que a construcción de la jugada se refiere. Primero, para tener superioridad donde él quería dominar los partidos, el centro del campo, y luego como mecanismo defensivo para frenar los contragolpes verticales del rival. Por último, cabe destacar la mejora que experimentó Raheem Sterling bajo la tutela de Pep Guardiola; de ser un extremo que siempre había gozado de desborde y velocidad pero al que siempre se le bajaba la persiana ante el portero a ser un tímpano de hielo frente al aquero.

Pese a caer eliminado ante el sorprendente Mónaco en la Champions League en octavos de final, su superioridad en la Liga de tradujo en el récord de puntos conseguidos (100) en la Premier League con una diferencia de hasta 19 puntos con el segundo clasificado, el Manchester United de José Mourinho.

¿Qué innovación aportó al juego?

Pep Guardiola modificó el comportamiento de la Premier League y demostró que podía trasladar su modelo de juego basado en el juego de posición a una liga imprevisible. Además, rompió el récord de puntos del torneo y lo hizo aportando novedades tácticas como el uso del portero como un central más y la transformación de los laterales en el papel de interiores para frenar los contragolpes rivales y ayudar en la creación del juego en salida de balón.

Liverpool (2018/19): el rey del fútbol actual

Cuando Jürgen Klopp llegó al Liverpool en 2015 declaró, "tenemos que cambiar a los incrédulos por creyentes. Ahora. Vamos a ver un fútbol salvaje en Anfield". El club había vendido a su máxima estrella, Luis Suárez, se había retirado el ídolo 'red', Steven Gerrard, y el equipo que se situaba décimo en liga, estaba disputando la Europa League y corría el riesgo de desaparecer del mapa futbolístico de la élite en la Premier League.

Para su propósito, necesitaba una afición que se entregara hasta la extenuación, una plantilla que tuviese fe ciega en él y una directiva que apoyase el proceso que estaba a punto de emprender. Así, lanzó un mensaje potente con la intención de generar un impacto emocional inmediato tanto en el aficionado como en el futbolista. Lo que no esperábamos es que a través de su carisma, competitividad y personalidad, fuera a revitalizar a un coloso de esta manera. 

En los meses siguientes, el técnico alemán adaptó su principal característica en el modelo de juego del Borussia Dortmund al Liverpool, una presión coordinada, muy intensa e inmediata denominada como 'gegenpressing', donde se persigue al rival hasta robarle el balón de manera compacta por todo el campo, se tapan las posibles líneas de pase del poseedor del cuero y si no se le puede robar rápidamente, se recupera la posición inicial donde no existe espacio entre líneas para el rival. Para el germano, no existe un ‘10’ que genere tantas ocasiones como su presión coordinada.

Este principio, unido al del despliegue veloz, vertical y directo en ataque fueron las primeras señas de identidad de un conjunto descompensado en cuanto a nombres, expectativas y posiciones, que se fue transformando poco a poco en la máquina goleadora diabólica del germano. De esta forma, temporada tras temporada, elevó a través de sus estructura a jugadores de un nivel notable a un estatus de estrellas mundiales (Coutinho, Salah, Mané, Firmino...), como ya había hecho anteriormente en su carrera en el Borussia Dortmund (Götze, Lewandowski, Hummels Kagawa, Sahin...).

Cuatro años después, el Liverpool es primero en la Premier League -suma 145 de los últimos 165 puntos en juego- es campeón de Europa y marca la evolución y el futuro del fútbol mundial. Una presión asfixiante, inagotable y persistente que agobia tanto al rival, que acaba por dejarlo primero contra las cuerdas y luego noqueado. En este sentido, la remontada frente al Barça en la Champions League la pasada campaña es una de las mayores gestas en la historia de la competición.

Los laterales Robertson y Alexander-Arnold son extremos y a la vez, los que cuentan con más asistencias de las 5 grandes ligas. Los centrocampistas son lanzados como un cuchillo en la mantequilla a la espalda del centro del campo rival y llegan de segunda línea mientras que los tres atacantes, Mané, Firmino y Salah, intercambian posiciones constantemente para demostrar que trasladar un sistema a un registro numérico es absurdo. Aquí no hay posiciones fijas.

La apuesta por un portero de clase mundial como Alisson Becker y de un central como Virgil Van Dijk la pasada campaña han dado al equipo el empujón necesario para desafiar al intratable Manchester City de Guardiola en la competición doméstica. Ahora Jürgen Klopp, recién renovado hasta 2024, quiere lograr lo que jamás pudo el Liverpool desde la época Premier League: ganarla. Nadie duda, porque si alguien es capaz de alcanzar tal objetivo imposible en los últimos tiempos para le entidad ‘red’ es quien levantó un coloso.

¿Qué innovación aportó al juego?

Jürgen Klopp marca el fútbol del futuro. Aquel donde no existen posiciones fijas y todo es líquido, donde la presión post-pérdida se convierte en el jugador más creativo y ningún rival ha encontrado aún la forma de superar su herramienta más devastadora. Su Liverpool es el rival a batir, pero también a imitar. Ninguno conjunto que base su fútbol en acumular grandes dosis de balón, como el Manchester City de Guardiola o el Barça de Valverde, se puede imponer de manera continua a su obra.

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