Así ha dejado atrás el fútbol a un centrocampista que ha marcado escuela: Sergio Busquets

Albert Ortega
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BARCELONA, SPAIN - SEPTEMBER 19: Jose Antonio 'Josan' Ferrández of Elche CF tackles Sergio Busquets of FC Barcelona during the Joan Gamper Trophy match between FC Barcelona and Elche CF on September 19, 2020 in Barcelona, Spain. (Photo by Alex Caparros/Getty Images)
Sergio Busquets es derribado en un partido frente al Elche. (Foto Alex Caparros/Getty Images)

El ocaso de Sergio Busquets está siendo muy difícil de digerir. Lento, torpe, fallón y señalado, el que en su día fue uno de los centrocampistas más icónicos del fútbol mundial ve cómo se agota su tiempo en la élite azulgrana. La floja actuación frente al Deportivo Alavés tan solo es una fotografía más en el álbum de su inexorable declive. Titular después de sus buenos minutos en Turín ante la Juventus entrando desde el banquillo, el mediocentro catalán tenía la oportunidad de reivindicarse y ganarse de nuevo la titularidad. Sin embargo, el partido expuso una a una sus debilidades históricas; algo que la edad (32 años) y el modelo de juego de Koeman agravan.

Con Frenkie de Jong en la sala de mandos, Sergio Busquets se ve obligado a realizar nuevas funciones. Hablamos de movimientos antinaturales para un futbolista acostumbrado a recibir el balón al pie en zonas centrales. De desdoblamientos a los laterales, de estirar al equipo como si fuera un interior. De esperar el balón mucho más arriba. En definitiva, de hacer cosas que jamás ha hecho. De recorrer más espacio del que puede abarcar. Perdido y despojado de su fútbol, la pérdida de galones en la construcción del juego es evidente. Ya no es una pieza vital en el engranaje, sino que trata de actuar como pegamento en un equipo con tendencia a abrirse en canal.

En este sentido, la propuesta de Ronald Koeman centrada en sacrificar control del partido, el rival y la posesión a favor de generar más ocasiones de gol, propiciar transiciones y ser más vertical se traduce en un intercambio de golpes que compromete su identidad futbolística. A mayor terreno por cubrir, más se le ven las costuras a un centrocampista con una lectura del juego brillante pero al que las piernas y el motor no le dan para taponar las vías de escape de los rivales en cada contragolpe.

Por ello Busquets siempre parece fuera de posición, por ello sufre tanto corriendo hacia su portería en el repliegue. Por ello el ‘5’ culé es élite presionando en dirección campo rival y uno más haciendo lo propio hacia su campo. En un equipo que vacía el centro del campo y confía más en los delanteros que en los centrocampistas, Busquets se ve demasiado solo ante la manada de búfalos. En un equipo al que no le importa permitir correr si eso le supone un atajo hasta el área contraria, Busquets saca la bandera blanca. Expuesto y desprotegido ante la pérdida cuando la presión inmediata no es la adecuada, el internacional español queda absolutamente vendido.

Sonará exagerado, pero el contexto que más favorece el fútbol del catalán es incompatible con la idea de Koeman y con el Barça actual. Si en sus inicios nunca destacó por ser el centrocampista más veloz físicamente pero sí el más rápido mentalmente gracias a su colocación e interpretación del juego, ya nunca parece estar en el sitio adecuado para interceptar el balón y recuperarlo corriendo lo justo. Por eso Miralem Pjanic le está ganando la tostada. Por eso está encadenando actuaciones muy discretas.

Cuanto más se parta el equipo, más aflorarán los problemas tácticos de Sergio Busquets. Cuanto menos favorable sea el contexto, peor jugador será. Y es que nadie escapa de una máxima tan antigua como el propio fútbol: eres tan bueno como tu sistema te permita. El ‘5’ azulgrana necesita un equipo cohesionado, junto, solidario y que viaje y vuelva a la vez. Mientras, Koeman busca afilar la puntería en una plantilla que carece de colmillo. No parece que los dos caminos vayan a encontrarse.

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