Ninguna fortaleza: la selección argentina pierde muchos puntos como local

Cristian Grosso
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Primero enmudeció el Monumental, y después atronaron los insultos. De la incredulidad a la bronca. La Argentina había sido apabullada por Colombia y debía aferrarse a un repechaje para no quedarse afuera del Mundial de los Estados Unidos. La paliza de Valderrama, Asprilla, Rincón y compañía, esa metralla de cinco goles, sacudió las estructuras y se convirtió en una bisagra: desde los orígenes de las eliminatorias sudamericanas, en 1957, la selección estaba invicta como local. Duró algo más de tres décadas la invulnerabilidad, pero en 1993 se derrumbó el blindaje. Entonces, desde que entró agua en el acorazado, también se atrevieron y ganaron Brasil (2009), Ecuador (2015) y Paraguay (2016). En los últimos tiempos se fue afirmado una tendencia: la localía no le garantiza nada a la Argentina. Regala demasiados puntos.

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Entre la angustiante clasificación para Rusia 2018 y el comienzo de la ruta hacia Qatar 2022, en cuatro partidos la selección apenas rescato la mitad de los puntos en juego, tres empates y la mínima victoria frente a Ecuador, el mes pasado. Todos en la Bombonera que, además vacía en 2020, no ha intimidado a nadie.

Paraguay lo hizo de nuevo. Desde que las eliminatorias se disputan bajo el sistema de todos contra todos, Paraguay se convirtió en un acertijo sin solución. Nadie se ha sentido más a gusto en las canchas argentinas. De Francia '98 a la noche del jueves hubo siete duelos, con cuatro empates 1-1, otro 0-0, una caída 1-0 en Córdoba y, solamente un éxito albiceleste, 3-1 en Córdoba. Ocho, únicamente ocho puntos defendió la Argentina de los 21 que puso en discusión camino a una Copa del Mundo. Un hechizo para el que no le encontró conjuro ni la arrolladora marcha de Marcelo Bielsa, que encadenó ocho triunfos y ese único empate con los paraguayos, que también sacarían el ticket para Corea-Japón 2002; la única victoria la atrapó Alejandro Sabella y la derrota perteneció a la breve administración de Edgardo Bauza.

Si Bielsa apenas concedió dos puntos en casa camino al 2002, Daniel Passarella traspapeló 8 rumbo a Francia '98. Fueron 5 los que dejaron Bielsa/Pekerman hacia Alemania 2006. Otros siete extraviaron Alfio Basile/Diego Maradona para Sudáfrica 2010, apenas 4 Sabella en su recorrida a Brasil 2014 y nada menos que 12 en la última aventura a Rusia, la peor cosecha, con las sucesivas conducciones de Gerardo Martino, Bauza y Jorge Sampaoli. Lionel Scaloni despistó las dos primeras unidades el jueves pasado.

Siempre con el sistema de todos contra todos, los rivales sudamericanos se marcharon de la Argentina con 39 puntos en algo más de dos décadas. Rico botín. Vale una comparación: ¿qué ocurrió con Brasil? Apenas se le escaparon por las fronteras 18 puntos, si bien hay que recordar que en dos eliminatorias no participó, las de 2014 por ser el anfitrión del torneo, y las de 1998, porque se trataba del campeón vigente tras el tetra en EE.UU. 1994.

Jugar de local nunca ha sido una garantía para la Argentina, pero la tendencia se acentuó en las cinco temporadas más recientes. Si se contabilizan los últimos 11 encuentros como local, es decir todo el corte clasificatorio pasado y los dos primeros juegos de las actuales eliminatorias, la vendimia es flaca, inquietante: 5 éxitos, 4 empates y dos caídas. Únicamente el 57% de eficacia. Nunca antes la Argentina había perdido dos veces camino a una Copa del Mundo, como sucedió en la antesala de Rusia. Nunca antes habían ganado en el país Ecuador y Paraguay. Nunca antes Venezuela se había apoderado de una igualdad. En estos once cotejos, las victorias más holgadas de la selección fueron 3-0 a Colombia y 2-0 a Bolivia; luego, no marcó o apenas hizo un gol para ganar. Muy tibio poder de fuego en una era marcada por los registros galácticos de Lionel Messi, y socios de relieve como Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín, Ángel Di María, Paulo Dybala, Lautaro Martínez, Lucas Alario y otros.

Cambiar escenarios y geografía tampoco sirvió. A principios de las eliminatorias pasada, tras atrapar apenas un punto de seis -revés con Ecuador y paridad con Brasil-, el plantel, la mesa chica, insistió con volver al calor del interior para huir de la inexpresividad del Monumental. No lo expresaron así, claro, estas líneas intentan disimular un tono desafiante. Pese a la negativa experiencia en días de Maradona de trasladar el clásico con Brasil a Rosario para "asustar" al Scratch -baile brasileño para el 3 a 1-, los buenos antecedentes en el ciclo de Sabella confirmaron la mudanza. Funcionó un par de cotejos, pero la derrota con Paraguay en Córdoba abrió un replanteo. Hubo una fecha federal más, en San Juan, y finalizó el experimento. Ahora, le mesa chica argumentó que prefería no sumarle más horas de vuelo a sus viajes trasatlánticos. Fugaz retorno al Monumental, y con la asunción de Claudio Tapia como presidente de la AFA, apareció una nueva idea: el traspaso a la Bombonera. Porque el templo xeneize finalmente sería una fortaleza... Claro que hasta ahora, no funcionó: tres empates y el penal de Messi para únicamente superar a Gustavo Alfaro y Ecuador.

Mientras tanto... La imbatibilidad de Brasil es aplastante. La custodia desde siempre, está invicto en casa después de 56 partidos, con 44 triunfos y 12 empates. Y para acentuar su invulnerabilidad, ganó sus últimos 8 partidos rumbo a una Copa del Mundo, siempre repartidos por diferentes ciudades. Incluso en los siete más próximos, ni siquiera le convirtieron: 5-0 a Bolivia, 3-0 a la Argentina, 3-0 a Paraguay, 2-0 a Ecuador, 3-0 a Chile, 5-0 a Bolivia y, anoche, 1-0 a Venezuela, sin brillo ni distracciones. Nadie ha logrado arrebatarle o robarse un empate desde marzo de 2016, cuando lo celebró Uruguay (2-2). Igualados en la comparación, en el mismo período temporal y cantidad de partidos, mientras la Argentina no impidió una fuga de puntos que le ha complicado las cuentas y los balances, Brasil se pasea por el continente con la fusta bajo el brazo.