La manipulación contra Filipe Luís que explica por qué los futbolistas no quieren saber nada de los periodistas

Luis Tejo
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Filipe Luís y Diego Simeone contestan preguntas en una rueda de prensa
Filipe Luís (izquierda) y Diego Pablo Simeone durante una conferencia de prensa cuando el primero todavía era jugador del Atlético de Madrid. Foto: John Walton/PA Images via Getty Images.

No hace falta tener demasiado buena memoria para acordarse de él, porque hace solo un año y medio que se marchó a su Brasil natal a pasar los últimos años de su carrera. Filipe Luís ha sido, desde su posición de titular indiscutible en el lateral izquierdo, una de las piezas clave del Atlético de Madrid durante la última década. Empezó a vestir de rojiblanco en verano de 2010 y permaneció allí hasta 2019, con una espantada al Chelsea durante la campaña 2014/15 de la que se arrepintió pronto.

Buena parte de su trayectoria colchonera ha sido bajo las órdenes de Diego Pablo Simeone, puesto que el entrenador argentino llegó al club algo después que Filipe, en navidades de 2011, y aún permanece en el banquillo del Metropolitano, sin planes de marcharse a corto plazo. Juntos han ganado siete títulos y han llegado a otras dos finales de Champions. Más que suficiente para que ambos aparezcan en lugar muy destacado en la historia colchonera.

Filipe Luís ha destacado como jugador, aparte de por sus condiciones naturales, por las enseñanzas de Simeone. Este ha conseguido triunfar como entrenador no solo por su habilidad como estratega, sino por disponer de jugadores tan competentes como aquel. La relación entre ambos es buena: se aprecian y se respetan; ha quedado claro en gestos públicos de aprecio y en declaraciones tanto cuando trabajaban juntos como después de la marcha del defensor rumbo al Flamengo.

Por eso sorprende muchísimo el titular que no pocos medios españoles, desde el As hasta el 20 minutos pasando por el Sport o El Español entre muchos otros, al hacerse eco de la entrevista que el antiguo número 3 concedió al diario inglés Daily Mail. "Simeone no tiene corazón", destaca la prensa nacional en los encabezados. Semejante frase, tan contundente y agresiva, es fácilmente interpretable como un ataque durísimo y un intento de menosprecio a su antiguo jefe, algo especialmente grave en un momento delicado de la temporada, con el partido de los octavos de final de la Champions esta misma noche.

¿Dijo Filipe Luís eso? Sí. Pero lo hizo en un contexto. Y añadió más cosas. Traduzcamos el fragmento entero de la fuente original: "Créeme, no es fácil jugar para Simeone. No tiene corazón. Nunca se dice a sí mismo 'Oh, qué pena, pobrecito este jugador, tengo que hacer esto o lo otro'. No. Decidirá lo que tenga que decidir únicamente con el objetivo de ganar". E inmediatamente después añade: "Cuando se hizo cargo del equipo en 2011 estaba solo cuatro puntos por encima del descenso, y esa misma temporada lo hizo campeón de la Europa League. Lo convirtió en el competidor tremendo que es hoy. Ese éxito tiene un nombre: Diego Simeone".

Y añade al respecto. "Unos 120 jugadores han pasado por el club desde que llegó. Algunos llegaron como estrellas y no jugaron, otros llegaron sin confianza y se convirtieron en estrellas. Es un logro tremendo. Y él no pierde el tiempo, nunca. Nunca hace una sesión de entrenamiento de 'ah, vamos a divertirnos'. Yo era un jugador sin confianza en diciembre, cuando él llegó, y el mejor lateral izquierdo del mundo en enero. Es la única persona que ha conseguido sacar eso de mí".

Es cierto, escoger ese titular concreto no es mentir. Pero lo que dijo realmente Filipe Luís y lo que algunos medios han querido transmitir son enfoques tan distintos como el día y la noche. No es de extrañar que el interesado haya tenido que saltar públicamente a protestar. Y más teniendo en cuenta que no es la primera vez que le ocurre algo así al mismo futbolista: hace apenas un mes le ocurrió exactamente lo mismo a cuenta de una entrevista que concedió a O Globo, un periódico brasileño, que aquí se deformó en sitios como el ABC para hacer ver que "Simeone no es bueno en el trato con la gente". Filipe lo que hizo fue hablar de los distintos entrenadores que había tenido y destacar cualidades de unos y otros, comparando entre ellos pero sin pretender desprestigiar a ninguno. En los encabezados españoles dio igual.

Plantilla del Atlético de Madrid en la despedida de Filipe Luís
Acto de despedida a Filipe Luís cuando se anunció su salida del Atlético de Madrid, en julio de 2019. El brasileño, cuarto por la izquierda, aparece junto a Diego Simeone. Foto: Óscar J. Barroso/AFP7/Europa Press via Getty Images.

Este de Filipe Luís es un ejemplo, el más llamativo por lo reciente y lo descarado, de manipulación periodística: de cómo retorcer la realidad para, sin que se pueda acusar de inventársela, dar a entender que lo que ocurrió, o lo que se declaró en este caso, es algo totalmente diferente a lo sucedido en realidad. Estamos totalmente seguros de que el lector tiene en mente algún caso muy similar en el que la víctima es cualquier otro profesional del balón. Y subrayamos: mentir, no mienten, por lo que no cabe hablar de consecuencias o castigos... más allá de la reputación, la ética profesional y la conciencia de cada uno.

El problema es que los futbolistas ya se lo están empezando a oler. O más bien, saben desde siempre cómo se las gastan algunos y antes no les quedaba más remedio que tragar, pero ahora tienen alternativas. Porque nos encontramos en el siglo XXI, con una variedad de oferta audiovisual y de plataformas de contenidos de ocio como nunca habíamos tenido en la historia de la humanidad. Si un jugador quiere hacer una comparecencia pública, ya no tiene por qué arriesgarse a dar un mensaje y que el intermediario transmita otro.

Así, por ejemplo, en los últimos tiempos vemos que muchos peloteros de renombre acuden a canales novedosos, lejos de lo que entendemos tradicionalmente por "prensa deportiva especializada". Messi le concedió una entrevista a Jordi Évole. David Broncano acoge a menudo a estrellas de varios equipos nacionales; particularmente recordadas son las participaciones en su programa La Resistencia de Gerard Piqué. El mismo central del Barça hace poco optó por mantener una charla ante las cámaras no con un reportero de radio o televisión, sino con el youtuber DjMaRiiO. El 3 azulgrana, y muchos otros, son habituales también en los directos de Ibai Llanos.

Es fácil deducir por qué les gusta más este formato. Para un youtuber el mero hecho de contar con tal o cual estrella del balón ya es un triunfo en sí mismo. Por tanto, tenderá a tratarlo con más respeto y cordialidad, sin centrarse en buscar la frase morbosa, fomentando una charla distendida en la que no necesariamente se eviten preguntas incómodas, pero el invitado sí tenga garantizado que lo que diga es lo que se va a hacer público, sin tergiversarlo. Así, el jugador se sentirá cómodo y podrá expresarse libremente sabiendo que él es el único responsable de lo que afirme o deje de afirmar y que nadie le va a crear artificialmente un problema con su propia hinchada o con algún rival.

Los críticos con que los youtubers cubran las funciones de los periodistas (que son a menudo, precisamente, los propios periodistas) suelen alegar que estos no están especializados y que, por tanto, con tantas risas y buen rollo no sean capaces de exprimir al entrevistado para sacar hasta la última gota. Y quizás no les falte razón en términos generales (no siempre: a veces el creador de vídeos sí está preparado de sobra, a veces el reportero no es lo competente que debería). Lo que pasa es que, con ese afán, los profesionales de la prensa en no pocas ocasiones se pasan de la raya. 

No se trata de llevar al entrevistado a un salón de masajes, ni mucho menos, aunque de hecho sea lo que se haga con personajes poderosos de nuestro fútbol que tienen muchas vergüenzas que esconder y pocos se animan a destaparlas. Pero sí de al menos mantener la integridad profesional suficiente para que el protagonista no sienta que se están aprovechando de él. Porque de lo contrario, lo que hará será negarse a participar en el futuro y buscarse otras vías, que ahora son fáciles de encontrar. Como ocurre con casi todo en el mundo del fútbol, Luis Aragonés ya lo había previsto y tenía una frase mítica al respecto: "Máteme, pero no me mienta".

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