Fernando Gago ahora juega como técnico: las ideas de un DT flamante al que ya observa Independiente

Ariel Ruya
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Gago se asoma al futuro inmediato: está listo para debutar como entrenador.
Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

Fernando Gago lo tiene todo: salud, dinero, amor. Dejó a un costado el martirio de las lesiones severas, actuó en los mejores equipos del mundo y construyó una familia maravillosa. Todo eso lo sabe, lo valora, pero en su interior lleva el combustible del animal competitivo. El fútbol es su vida. Tal vez por eso, intentó tantas veces volver. Tal vez por eso, luego de cada tropiezo (sufrió cinco lesiones graves en cinco años), insistía una vez más. Para algunos, acabó siendo un cabeza dura. Para muchos, su fuerza de voluntad merece un capítulo con letras de molde en la enciclopedia de la resiliencia. Gago se cae. Inmediatamente, se levanta.

Messi, brillante

Boca, Real Madrid, Roma, Valencia, Vélez, otra vez la Ribera, una vez más, la definitiva, en Liniers. Fue un cinco de salón, aunque siempre quedaban en aprietos los que sostenían su prestigio hasta el cielo. Quizás, pudo haber sido aún más grande. Es una teoría: al fin de cuentas, Pintita sólo quería jugar a la pelota, pasión que consiguió, entre pases de excelencia y lesiones soporíferas, hasta el 10 de noviembre de 2020, cuando rescindió el contrato con Vélez a los 34 años. Un pibe.

Con Leo Messi, uno de los mejores socios en la selección
Fuente: Archivo

El retiro es una sutileza: Gago nunca se va a retirar del fútbol, sólo fue empujado a cumplir otra función el 30 de enero de 2020 -casi, un año atrás-, cuando en un partido cualquiera frente a Aldosivi sufrió la última y definitiva rotura del ligamento cruzado de la rodilla derecha.

Sus mejores momentos

Frágil de tobillos y rodillas, fuerte de mente, con las ideas claras. En el camino de las recuperaciones, no se quedó en la cama, maldiciendo el destino de tormentos. Estudió, aprendió todo lo que pudo. Y se recibió de entrenador, porque su felicidad no es completa sin el fútbol. Su relación con Gabriel Heinze -el DT que le sugirió intentarlo una vez más- pareció ser tan intensa, que muchos lo imaginaron como ayudante de campo del Gringo en su flamante experiencia, en Atlanta United. Sin embargo, el fútbol de Gago siempre tuvo vuelo propio, personal.

Coincide con las ideas básicas: un futbol coral, de ataque, asfixiante y también comprometido con el laboratorio. El pase, tal vez, sea el primer flechazo que se pueda vislumbrar en los equipos que dirija. Su ayudante es Federico Insúa, un número 10 de otra época, también de paso con brillo en Boca y Vélez. Tal vez, la conexión con Pocho abra el juego de supuestos en el futuro de un gigante caído en desgracia desde hace un buen tiempo: Independiente. Gago no es un hombre de la casa roja, pero seguramente comparte la misma filosofía por el juego. No dejaría de ser un riesgo mayúsculo, pero el exvolante se inclina por desafíos que dejan huella, antes que marchar al olvido de la liga de los Estados Unidos, aún con todo su progreso a cuestas.

Con Pocho Insúa, en el seleccionado, en 2007
Fuente: Archivo

"¡Dejame jugar!"

En los tiempos libres, disfruta de asados y se inclina por un antiguo deporte, que en estos días recuperó la magia del pasado: el pádel. Tiempo completo, además, para compartir en familia, sobre todo en estos traumáticos días de pandemia. Pero el césped, el aire libre, el enseñar secretos del círculo central, todo eso lo motiva más, le moviliza la sangre. El emotivo mensaje que usó para anunciar su retiro es todo un símbolo: "El fútbol es mi pasión y lo seguirá siendo siempre". Fueron 15 años de pantalones cortos, elegantes y traumáticos.

Cada vez que quiso, lo dejó bien en claro: "Mi futuro seguro va a ser como entrenador o como manager. Me gusta analizar, ver fútbol, escuchar jugadores y entrenadores y sacar conclusiones. Me gusta mucho el juego en sí". Le gusta el fútbol a Gago, tanto, tanto, que no puede vivir sin una pelota en los pies.

La estampa de Gago con su última camiseta, la de Vélez.
Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri