Federer, Nadal y el récord: por qué el tenis puede ser una pasión de multitudes

Ariel Ruya
lanacion.com

El escenario no trae gratos recuerdos al fútbol argentino: allí, en Ciudad del Cabo, la Argentina fue humillada por Alemania en el Mundial 2010. Fue el 3 de julio, un 4-0, cuyo prólogo escribió Thomas Müller a los 2 minutos, beneficiado por una confusa táctica de Diego Maradona. Allí, en esa bella ciudad de Sudáfrica, el tenis se convierte en una pasión de multitudes, engalanada por dos fuera de serie. El encuentro de Roger Federer y Rafael Nadal reúne a 51.954 espectadores, un récord para este deporte. La extraordinaria excusa es una obra de caridad, matizada por risas y destrezas.

El partido formó parte de 'The Match in Africa', organizado por la Fundación Roger Federer, que se impuso por 6-4, 3-6 y 6-3, en el Cape Town Stadium. Nadal saltó sobre la red y fue a su encuentro: el abrazo de dos amigos. En la antesala del choque de colosos, se jugó un dobles, con el empresario informático Bill Gates acompañando a Federer y el cómico sudafricano Trevor Noah, a Nadal. En medio de un ambiente festivo, Federer y Gates se impusieron por 6-3.

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"Es una increíble experiencia. He pasado un par de días inolvidables. Sudáfrica me trae buenos recuerdos. No jugaré nunca en un ambiente como este", dijo Nadal, presente en la final del Mundial que consiguió España. La ambición del español es notable: de a ratos, cuando su drive no surtía efecto, exhibía el mismo malestar que cuando juega por los puntos.

"Tener aquí a mi gran rival y amigo Rafa es increíble. Este partido se quedará grabado en mi memoria", advirtió Federer. La clase del suizo es notable: su muñeca hizo giros inesperados.

El anterior récord de asistencia a un partido de tenis había alcanzado 42.517 fanáticos, cuando el propio Federer jugó una exhibición con el alemán Alexander Zverev en noviembre pasado en Ciudad de México. Días atrás, Roger dijo que esperaba obtener al menos un millón de dólares para su fundación, que promueve la educación en seis países africanos: Sudáfrica, Namibia, Malaui, Botsuana, Zambia y Zimbabue.

Fue el sexto 'Match in Africa', pero el primero organizado en el continente. Antes de citarse en la pista, Federer y Nadal se entretuvieron con niños de los 'townships' (barrios pobres) de Hout Bay, en las afueras de Ciudad del Cabo.

Más tarde, otro de los invitados a la fiesta en el Cape Town Stadium fue Siya Kolisi, el capitán de los Springboks, la selección sudafricana de rugby campeona del mundo en Japón 2019.

"Su historia es muy potente. Es una ocasión increíble para hacer cambiar las cosas", dijo Federer de Kolusi, protagonista de una trayectoria marcada por la superación, que lo llevó de un barrio pobre a portar la cinta de capitán de la selección, durante muchos años reservada para los blancos.

El rugbier saltó a la cancha y le entregó a Federer una camiseta de los Springboks, con la que la leyenda suiza empezó a pelotear con Nadal.

Un detalle: la cancha, instalada en el centro del estadio y de cemento, fue pintada de color naranja. "Para que Rafa se sienta más cómodo, como si estuviera en polvo de ladrillo", bromeó Roger. "Solo Rafa podía hacer de esto algo realmente especial para la gente. Tengo una conexión con Rafa y si alguien podía traerlo a Sudáfrica era yo", dijo Federer. "Le pregunté, dijo enseguida que sí y hemos estado peleando sobre la fecha durante los últimos dos años", agregó risueñamente. Hasta concretar el gran anhelo.

El momento más emotivo fue antes de empezar la exhibición. Federer habló del respeto que se tienen desde siempre y contó la increíble confesión que le hizo Nadal horas antes: "Rafa es una gran persona, muy valiosa, tiene una gran familia. Nuestras familias se tienen un respeto inmenso. Él me dijo que lloró cuando yo gané el Abierto de Francia en 2009, que estaba feliz por mí. Hemos construido una gran rivalidad, como en su momento lo era la de Pete Sampras y Andre Agassi. Duelos que hicieron más hermoso este juego". Y más bonito aún fue cuando ingresó la mamá de Roger, Lynette, de ascendencia sudafricana. Cuando abrazó a Rafa, confirmó la teoría de por qué son tan grandes.

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