Poulidor, el aura del segundón

Agencia EFE

París, 13 nov (EFE).- "Si hubiera ganado un par de veces el Tour no hablarían tanto de mí", afirmaba a Efe en julio pasado Raymond Poulidor, que seguía la carrera francesa por 57 temporada consecutiva y que no daba ningún signo de la fatiga que acabó con su vida este miércoles a los 83 años de edad.

El hombre que más veces pisó el podio de los Campos Elíseos, ocho entre 1962 y 1976, era consciente de que su leyenda residía en el hecho de que nunca subió al escalón más alto, lo que le confirió el aura de un segundón al que las cunetas jalearon por su constancia y su humildad.

"Cada vez que un atleta, un escritor o un jugador de bolos hace dos veces segundo puesto lo llaman 'el poulidor'", agregaba el exciclista, orgulloso de su mito, que ya empezaba a pensar que el año siguiente cumpliría 20 años como embajador de la marca que patrocina el maillot amarillo.

Una prenda que nunca se enfundó en sus 14 participaciones en una carrera que desde que descubrió en 1962 no dejó de visitar, primero como ciclista, luego como comentarista deportivo y los últimos 19 como embajador del patrocinador.

Ningún Tour sin "Poupou", el nombre que gritaban los aficionados encandilados por la figura de un luchador contra viento y marea, capaz de plantar cara durante los años 60 a Jacques Anquetil y en los 70 a Eddy Merckx, dos de los mayores talentos de la historia del ciclismo.

Poulidor encarnó el esfuerzo del humilde, del hijo de unos modestos aparceros nacido el 15 de abril de 1936 en Masbaraud-Mérignat, en el centro del país, que a golpe de pedalada encarnó la tenacidad cotidiana de los miles de seguidores que jaleaban al pelotón.

El aficionado se sentía más identificado con su abnegación infructuosa que con el cálculo de relojero de Anquetil o con la ambición infinita de Merckx.

Por eso, los organizadores de las carreras se lo rifaban, convencidos de que llenaba las cunetas y garantizaba un mayor interés deportivo, lo que, dice la leyenda, le hizo ganar más dinero que sus rivales.

Así, ganó el corazón del pueblo a falta de lograr la carrera más importante, en la que fue segundo en 1964, 1965 y 1974 y tercero en su debut en 1962, en 1966, 1969, 1972 y 1976.

Pero todas las encuestas de la época le situaban como el preferido.

Sus fallidos intentos de conquistar el Tour crearon una leyenda que sumergió un palmarés brillante, en el que destacan la Vuelta a España de 1964, la Milán-San Remo de 1961, la Flecha-Valona de 1963, la París-Niza de 1972 y 1973 o la Dauphiné de 1966 y 1969.

En total, 189 victorias que habrían desmontado el mito del segundón si no fuera porque el imaginario colectivo ha encumbrado al antihéroe que se batió contra genios y contra la mala suerte.

Asistió desde el podio a los triunfos de Anquetil en 1962 y 1964, de Felice Gimondi en 1965, de Lucien Aimar en 1966, de Merckx en 1969, 1972 y 1974, y finalmente de Lucien Van Impe en 1976, su última participación en la ronda gala.

El infortunio le privó del triunfo en 1968, cuando se parecía que podía acabar con su leyenda negra y, camino de Albi, fue arrollado por una moto y debió abandonar.

Tampoco se alió con la suerte para vestir el maillot amarillo, que se le escapó por poco en dos ocasiones: en el prólogo de 1967, donde lo dejó escapar por 6 segundos al español José María Errandonea, y seis años más tarde cuando se lo arrebató por 80 centésimas el holandés Joop Zoetemelk.

Pero el momento que quedó grabado en la memoria sucedió el 12 de julio de 1964, en las rampas del Puy de Dome, donde Poulidor y Anquetil, cara a cara, rozaron sus codos en el cenit de su rivalidad.

Poulidor logró superar a Anquetil, pero, fiel a su leyenda, fue segundo de aquella etapa, que ganó el español Julio Jiménez, y se quedó a 14 segundos del maillot amarillo, que su gran rival acabó vistiendo en París dos días más tarde por delante del "segundón" y del español Federico Martín Bahamontes.

Aquel año, cuando todas las quinielas le señalaban como favorito, cometió un error que resume bien su leyenda: en la novena etapa, con final en el velódromo de Mónaco, olvidó dar una última vuelta, lo que le impidió ganar esa etapa y apuntarse el minuto de bonificación. Acabó perdiendo el Tour por 55 segundos.

Cuando se acabó el reinado de Anquetil, Poulidor vio emerger el de un altivo Merckx, a quien plantó cara con 33 años y no dejó de desafiar hasta que con 40 puso fin a su carrera desde el tercer escalón del podio de los Campos Elíseos.

Ambos reconocieron su talento. Ya retirado, "Maitre Jacques" acudió un día a pedirle que le firmara una gorra para su hija que, dijo, "ha aprendido a decir 'poupou' antes de decir papá".

Merckx, que en 1974 le arrebató el Mundial de Montreal en una larga recta final con su ambición de "caníbal", acabó por definirle como "un gran campeón".

A caballo entre ambas hegemonías, "Poupou" sirvió de relevo entre el ciclismo más clásico, compartió asfalto con Louison Bobet en los últimos 50, y la emergencia del más moderno, donde asomaba ya la figura de Bernard Hinault.

Poulidor deja una huella imborrable en el Tour. Y una herencia en el ciclismo. Su nieto, Mathieu van der Poel, una de las grandes promesas del pelotón actual, parece dispuesto a demostrar que la sangre que corre por sus venas no le condena a segundos puestos.

Luis Miguel Pascual

(c) Agencia EFE

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