El fútbol europeo aprende una nueva virtud: la paciencia

Rory Smith
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LONDRES — Difícilmente, Enrico Preziosi podría haber tenido a Thiago Motta en mayor estima. Como jugador, Motta estuvo una sola temporada en el Genoa, el equipo de fútbol italiano del cual Preziosi es propietario, pero dejó tal huella que, una década después, su viejo empleador lo citó como el profesional ideal. “Un hombre inteligente y empático”, aseguró Preziosi. “Me enseñó muchas cosas”.

No mucho después de ese clamoroso respaldo, los hombres volvieron a reunirse. Al final de su carrera como jugador, Motta se había trasladado a la dirección técnica y estaba desarrollando una reputación en el sistema juvenil del Paris Saint-Germain. El Genoa, tal y como parece ser su naturaleza, estaba teniendo problemas. Así que el pasado octubre, Preziosi acudió a Motta, “el jugador de su alma”, para que detuviera el desmoronamiento.

Perp, después de dos meses, lo despidió. Motta, ese hombre inteligente y empático, solo duró nueve partidos.

Se trata de la conducta típica de Preziosi. Eso, después de todo, es lo que él hace: despide a los directores técnicos. En los 17 años que han transcurrido desde que compró al Genoa, el club más antiguo de Italia, ha cambiado de entrenador 27 veces. A menudo, en una sola temporada, puede utilizar hasta tres directores técnicos. Una vez despidió a Alberto Malesani en dos oportunidades en un mismo campeonato. Despidió a un entrenador, Ivan Juric, tres veces. El fútbol italiano tiene una palabra para dueños como él: mangiallenatore o devorador de entrenadores.

Preziosi despidió a otro entrenador esta semana, al despachar a Rolando Maran, a quien había designado en agosto, pero que no había ganado un partido desde septiembre. Aunque, si bien todo eso pareció bastante familiar, las circunstancias eran inusuales. Este año, muchos de los colegas de Preziosi en las cinco ligas principales descubrieron una virtud, hasta ahora, rara vez asociada con los dueños de los clubes de fútbol: la paciencia.

Después de avanzar más de un tercio de la temporada, únicamente otro equipo de la Serie A, la Fiorentina, ha despedido a su entrenador. En la primera división del fútbol español, solo el Celta de Vigo ha cambiado a su director técnico. En la Liga Premier del fútbol inglés, Sam Allardyce tuvo que esperar hasta la semana pasada para ser catapultado hasta el West Bromwich Albion. Su nombramiento fue apenas la segunda vez que un equipo de la Liga Premier despidió a un entrenador en 2020.

Gran parte de esta nueva moderación puede, por supuesto, explicarse con la pandemia del coronavirus. Los clubes en toda Europa están enfrentándose a déficits de cientos de millones de dólares por las entradas no vendidas, así como también a un panorama comercial incierto para los próximos años. En Francia, la situación se ha visto agravada por el colapso de un contrato por derechos televisivos que se habrían convertido en el eje central de los presupuestos de la mayoría de los equipos.

Por otro lado, despedir a un entrenador es costoso. Al máximo nivel profesional, eso puede significar varios millones de dólares que pagar en contratos para el actual director técnico, así como su personal y el compromiso, de más millones, para designar a un grupo de remplazos.

La Fiorentina, por ejemplo, despidió a Giuseppe Iachini a principios de noviembre, remplazándolo con Cesare Prandelli. Ahora el club está pagando el salario de tres entrenadores: Prandelli y Iachini, así como también de Vincenzo Montella, despedido el año pasado, pero aún oficialmente bajo contrato; quien recibe su pago, esencialmente, por no trabajar. El club tiene los medios y el apetito para hacer eso —el gasto corre a cargo de su dueño, Rocco Commisso, el multimillonario y director ejecutivo de Mediacom—, pero muchos equipos no.

“La mentalidad de los dueños de equipos es sencillamente sobrevivir este periodo”, aseguró Stewart King, el jefe de desempeño global en Nolan Partners, una consultoría de búsqueda y contratación de ejecutivos que trabaja con una gran cantidad de clubes en toda Europa para cubrir puestos técnicos. “Los equipos que podrían querer estar entre los 10 primeros de sus respectivas ligas piensan que mientras no estén en el último lugar, lo que importa por ahora es sobrevivir y ver cómo será el mundo después de todo esto”.

Sin embargo, tanto como el gasto, existe una consideración práctica esta temporada. Allardyce admitió, después de su nombramiento en West Brom, que “podría tomar más tiempo de lo normal” para que sus métodos tengan algún impacto porque el tiempo de entrenamiento está restringido a un cronograma tan compacto y congestionado. Con poco espacio de descanso entre juegos este año, la mayoría de los equipos están limitados a la mejoría y la recuperación; un nuevo director técnico sencillamente no tiene tiempo para introducir un nuevo planteamiento táctico.

Pero también es posible que la pandemia sencillamente acelere, como lo ha hecho en otros aspectos de la vida, un cambio que ya había comenzado a ocurrir naturalmente. “Ahora muchos clubes tienen un proceso más profesional cuando se trata de contratar a un director técnico a diferencia de hace 10 años”, expresó Omar Chaudhuri, director de inteligencia en la consultoría de estadísticas, 21st Club.

Mientras que, por lo general, los propietarios que necesitan a un nuevo entrenador explorarían el mercado en busca de lo mejor del momento o utilizarían una red de agentes para identificar candidatos disponibles y dispuestos, ahora muchos clubes han implementado una estrategia mucho más amplia de esa labor.

Entonces, la paciencia demostrada en los tiempos difíciles de la pandemia puede tener su origen tanto en la disposición como en la necesidad. Pero, aunque el fútbol está comenzando a cambiar para volverse más sofisticado, más reflexivo y menos impulsivo, algunas cosas siguen igual.

Preziosi despidió a Maran el lunes y lo remplazó con Davide Ballardini. El nuevo entrenador, por lo menos, asume su trabajo con una experiencia ganada: es la cuarta vez que Preziosi lo contrata. No hay premios por adivinar cómo resultaron las tres ocasiones anteriores.

This article originally appeared in The New York Times.

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