Fórmula 1 en Imola: el "santuario" de Ayrton Senna en la curva donde perdió la vida

Xavier Prieto Astigarraga
·4  min de lectura

De algún modo, parece un alambrado de cancha de fútbol. De hecho, a veces hay colgadas banderas de Corinthians, Palmeiras, Paranaense. Se hacen un lugar entre las que le dan internacionalidad al lugar: España, Bulgaria, Ucrania, Austria, Portugal, Rusia, Croacia, Polonia, Irlanda, Chequia, Hungría, Escocia, Rumania, Grecia, Macedonia, País Vasco, Asturias. No todo es de Europa, claro: Sudáfrica, Sri Lanka, Australia, Tailandia, Japón, Chipre tienen presencia. Y, obviamente, Brasil. Así, mundial, era la popularidad de Ayrton Senna Da Silva.

Es una suerte de santuario pagano lo que se formó ahí, frente a la infausta curva Tamburello, en el autódromo Enzo y Dino Ferrari, de Imola, donde este fin de semana tuvo lugar la 13ª fecha de la Fórmula 1, con el usual triunfo de Lewis Hamilton. El escenario italiano donde se celebraba el Gran Premio de San Marino (esta vez, el de Emilia-Romaña) ha quedado para siempre asociado a la muerte de Senna. Después de aquello se corrió 12 veces seguidas allí; luego pasaron 14 años sin carreras en Imola, y ahora, en la vuelta, fue ineludible recordar el fatal accidente del brasileño, del 1 de mayo de 1994. Hasta el nombre del lugar parece referir a eso, con su semejanza al verbo "inmolar".

Fórmula 1. Ganó Hamilton y está a punto de igualar los 7 títulos de Schumacher

Una vuelta a Imola a bordo del Williams, comentada por Senna

Atadas al alambrado, las banderas de los hinchas miran a Senna. A la estatua de Senna, enclavada del lado de afuera del autódromo, en el hermoso parque al que bordea el río Santerno. Sentado con las piernas colgando, cruzadas a la altura de los tobillos. Cabizbajo, como reflexivo. Angustiado, quizás. Las manos en el regazo, juntas, cerca de las rodillas. Así aparece el paulista en la escultura, de cuando en cuando arropado por un estandarte de Brasil a modo de capa, dejado por algún compatriota. Mirando hacia abajo, no llega a apreciar esa pared agujereada de cariño y admiración que se expresa en remeras con su logotipo (una ese dinámica), fotos y hasta dos patentes a la europea: "A Senna" y "The best".

Las copas de los árboles circundantes tienen más o menos hojas, según la estación. Como flores tiene el monumento, según el momento. A veces hay muchas, y hasta algún arreglo en forma de corazón gigante. De tanto en tanto se ve una vela apoyada sobre la plataforma, que en cada una de las cuatro caras tiene referencias al ex campeón. Un Senna casco en mano, de espalda. Varios Senna: en una cabina de auto; festejando; mano en el mentón. Un coche como clavado en la base de la obra, junto a un casco. Una foto de "Beco" (apodo de niño) en un McLaren, y otra de él en el inolvidable Lotus negro de letras doradas. No muy lejos, en un muro bajo, una bandera de Brasil pintada por algún fanático y borroneada por el tiempo.

Un recorrido al lugar

Lo que no se borronea es la memoria del paulista en el lugar que le puso punto final a sus 34 años. Pierre Gasly, el piloto francés de Alpha Tauri al que le faltaba un año para ser concebido cuando sucedió el episodio fatal, utilizó este fin de semana en el Gran Premio de Emilia-Romaña un casco del mismo diseño que identifica a Senna hasta el día de hoy, 26 años después de aquello. Gasly, admirador oriundo del país del archirrival del brasileño, Alain Prost, consiguió un cuarto puesto de partida en Imola, igualando lo mejor de su trayectoria en Fórmula 1. Un casco no da velocidad, pero ¿podrá dar inspiración? Quién sabe.

Más adelante en el circuito, a unos hectómetros de Tamburello, hay otro homenaje monumental a un icónico corredor de los tiempos de los tiempos. "Salut Gilles" está pintado en la base de una suerte de mástil que no es mástil -cosa del diseño moderno... -, con la misma tipografía que la leyenda de la línea de meta del circuito de Montreal. También espectacular, impulsivo y muerto trágicamente -aunque en Bélgica-, Gilles Villeneuve tiene su espacio en Imola, pero los aficionados se vuelcan mucho más hacia el memorial de Senna.

El accidente fatal

Olvidada quedó otra víctima del autódromo italiano, el ignoto Roland Ratzenberger. El austríaco perdió la vida en otro sector, la vieja curva... Gilles Villeneuve, el 30 de abril de 1994. Fue motivo de preocupación en el propio Senna, que tenía malas sensaciones antes de la carrera. Al día siguiente, en la vuelta 6, el paulista encaró muy por el lado interno Tamburello, el Williams se le desestabilizó, falló la columna de dirección y el tricampeón enfiló hacia la pared. Ya nunca más tuvo conciencia. La vida tardó muy poco en dejarlo. Nadie, en olvidarlo.

El calvario de Ferrari: la demora eterna en boxes que arruinó el plan de Vettel