La Eurocopa nos ha enseñado que odiamos más a Inglaterra que a Italia

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LONDON, ENGLAND - JULY 07: Raheem Sterling of England is fouled by Mathias Jensen of Denmark leading to a penalty being awarded during the UEFA Euro 2020 Championship Semi-final match between England and Denmark at Wembley Stadium on July 07, 2021 in London, England. (Photo by Alex Morton - UEFA/UEFA via Getty Images)
Photo by Alex Morton - UEFA/UEFA via Getty Images

Después de años de codazos, penaltis injustos, eliminaciones traumáticas y competitividad extrema, ha tenido que llegar esta Eurocopa para descubrir que, al fin y al cabo, los italianos son nuestros hermanos y que tampoco nos caen tan mal. Eso después de habernos eliminado en semifinales y de aquella manera, que tiene más mérito. Tras el partido de ayer entre Inglaterra y Dinamarca, parece claro que toda España irá con Italia en la final y no deja de ser curioso porque no recuerdo nada parecido. Puede que, después de todas las críticas a su catenaccio, a su juego sucio, a su protesta constante, lo que hubiera fuera un sentimiento de admiración, de "estos sí que saben".

Lo que también hemos descubierto, y el domingo una cosa tendrá que ver con la otra, es que odiamos a Inglaterra con todo el alma. Un odio atávico, genético, instilado en el siglo XVI y que ahí sigue. Los ingleses, esos bárbaros. Que vengan los italianos y las italianas con esos cuerpazos a ligarse al chico o la chica de nuestros sueños, pase. Bien jugado. Un abrazo a lo Chiellini y a otra cosa. Pero los ingleses... los ingleses y su superioridad, su altivez, sus borracheras en Magaluf... Hay algo que nos echa atrás de los ingleses aunque consumamos ávidamente su liga de fútbol y sus torneos de tenis. Lo que no era de esperar, quizá, era tanta animadversión.

Futbolísticamente, Inglaterra y España apenas han coincidido. Cuando Inglaterra tuvo equipazos en los 80 y los 90, España andaba luchando con las Bélgicas y las Yugoslavias de turno para pasar de cuartos. Cuando España fue potencia mundial en el período 2008-2012, Inglaterra ni se clasificaba para las grandes competiciones. El único pique que se me viene a la memoria fue el de 1996, cuando nos eliminaron en cuartos de final de la Eurocopa en los penaltis. Por supuesto, aquello fue catalogado de "robo" pero no recuerdo bien por qué. Aquel encuentro también vino calentito. Nosotros les sacamos las "vacas locas" y ellos nos sacaron la sífilis. Todo muy educativo. Veinticinco años después, estamos en las mismas.

Que el aficionado medio fuera ayer con Dinamarca es razonable. Siempre hay simpatía por el débil y la historia de los daneses tras el sustazo con Eriksen era preciosa. Ahora bien, todo lo que pasó después del penalti inventado sobre Sterling fue más propio de un Madrid-Barça de 2011 que de un partido que, en el fondo, ni nos iba ni nos venía. En las redes sociales, se apeló a Francis Drake, al expolio a las colonias, a las obras robadas y expuestas en el Museo Británico y por supuesto al Brexit. De repente, Inglaterra se convirtió en el agujero del mundo y los ingleses, en una panda de ladrones sin escrúpulos. Justo lo que venimos diciendo de los italianos décadas y décadas, por cierto.

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El caso es que, con penalti o sin penalti de por medio, Inglaterra es una selección buenísima que juega muy bien al fútbol. O, más bien, que compite muy bien en el terreno de juego. Inglaterra ya fue semifinalista en Rusia 2018 con una plantilla muy joven y la versión 2021 es aún más dominadora. De los seis partidos que ha jugado, ha ganado cuatro, empatado dos (no incluyo prórrogas) y ayer recibió el primer gol de todo el campeonato. Su variedad de recursos es enorme: defiende de maravilla, sus laterales no dejan de correr de arriba abajo y de abajo arriba, tiene una pareja de medios centros que muerden, talento de sobra en la media punta y un delantero de los que marcan época. Si todo eso falla, ahí está Harry Maguire para rematar el córner.

En realidad, debería de ser un equipo para disfrutar y desde luego no es un equipo que haya llegado a la final por una jugada concreta. Nadie mencionó eso ayer en Twitter... o casi nadie, vaya. Si Inglaterra está a un partido de ganar su primera Eurocopa no es por Ceferín ni es por el gol fantasma de 1966, es porque son el mejor equipo del torneo. ¿Son pesados con su "it´s coming home"? Sí, como Mister Chip celebrando los pases a semifinales. ¿Sus hinchas resultan excesivos? Ponte al lado del bombo de Manolo en sus buenos tiempos y a ver qué pasa.

Obviamente, la cuestión aquí no puede ser deportiva sino cultural. Los ingleses nos caen mal. Menos los Beatles. Bueno, y la Reina, que es simpática y tal. Ah, y Mister Bean y los Monty Python y hay que reconocer que David Beckham es guapo de narices... En fin, lo dejo aquí porque si no esto va a empezar a parecer "La Vida de Brian". Película inglesa, por supuesto. El domingo, toda España será un puño cerrado animando a Bonucci y compañía. Yo, que soy un excéntrico, iré con los ingleses. No porque me caigan mal los italianos, a los que adoro, sino porque me crié en una cultura pop que es completamente anglosajona. Y porque me gustan Mason Mount, Jadon Sancho y Phil Foden, aunque no jueguen casi. Solo espero que, si gana Inglaterra, no haya ninguna jugada polémica, porque aguantar lo de ayer otra vez se puede hacer un pelín duro.

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