Hong Kong va más allá contra el coronavirus: su estrategia radical y apocalíptica que parece una película

Javier Taeño
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Tras un año luchando contra la propagación de casos de coronavirus, la covid-19 prosigue su avance y las terceras olas de contagios que viven la mayor parte de países del planeta son la mejor prueba.

Mientras que la vacunación continúa, con el objetivo de inmunizar al mayor número de personas posible, hay lugares en el planeta que están empezando a optar por medidas tan extremas para poner freno a los positivos que parecen sacadas de la ciencia ficción. Es el caso de Hong Kong.

Realización de test masivos en un edificio de Hong Kong. (Photo by Ivan Abreu/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Realización de test masivos en un edificio de Hong Kong. (Photo by Ivan Abreu/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Pese a que el virus se originó en China, el impacto que ha tenido la pandemia en el país ha sido limitado debido a las férreas medidas restrictivas que han aplicado las autoridades, obligando a confinamientos masivos y a la realización de test antes de levantar las prohibiciones. Como consecuencia, desde la primera ola los casos nunca se han llegado a disparar, aunque sí que ha habido algunos positivos.

Con el objetivo de identificar a aquellos contagiados asintomáticos que pueden seguir propagando el virus, las autoridades hongkonesas han optado por el cierre de bloques de edificios sin previo aviso impidiendo que nadie entre ni salga de sus viviendas.

Desde hace varios días los policías llegan a una zona residencial, normalmente alguna que haya tenido más incidencia, acordonan la zona y obligan a todos los residentes a hacerse una prueba PCR. Si alguien se niega, los agentes pueden irrumpir en su casa, sacarle a la fuerza e imponer a esa persona una multa de 5.000 dólares hongkoneses (unos 536 euros aproximadamente), tal y como revela The Guardian.

Normalmente estos cierres de emboscada duran apenas uno o dos días y una vez que se conocen los resultados se aísla a las personas positivas, mientras que el resto puede seguir haciendo su vida normal. Esta velocidad en el trámite se debe a la capacidad de Hong Kong para hacer pruebas PCR. En apenas un año se ha pasado de poder hacer 10.000 diarias a 100.000 y en una región como la hongkonesa, de apenas 7,5 millones de habitantes supone la capacidad de poder hacer cribados masivos.

De promedio, las autoridades están haciendo uno de estos cierres por día y se están dirigiendo principalmente a vecindarios densamente poblados que albergan edificios antiguos, aunque también incluyen los comercios que haya en el área acordonada, así como empleados o clientes que se encuentren allí. Sin embargo, teniendo en cuenta que la capacidad de sorpresa es fundamental, cualquier edificio puede ser el siguiente.

Esta estrategia radical aplicada por las autoridades y que pone en cuestión las libertades individuales del individuo sería completamente impensable en Europa y parece más bien sacada de una película. De hecho, el argumento de un film reciente (Inmune, protagonizado por Demi Moore) trata sobre que el coronavirus ha mutado y todos los infectados son encerrados en campos de concentración para que se recuperen o mueran y no contagien al resto. Una idea un tanto apocalíptica que ya no resulta tan extraña viendo la manera de actuar del Gobierno de Hong Kong.

En lo que llevamos de pandemia la región ha sufrido más de 10.000 contagios y 184 muertes, unas cifras que no son demasiado alarmantes. En estos momentos la tercera ola parece estar bajo control y los casos han caído desde que alcanzaran su pico en el mes de diciembre. En este sentido, la segunda fue más pronunciada (en los meses de verano) y provocó que se alcanzaran hasta 149 contagios en un día. Datos eso sí que nada tienen que ver con los de Europa o Estados Unidos.

Evolución de la pandemia en Hong Kong (Worldometers.info)
Evolución de la pandemia en Hong Kong (Worldometers.info)

Malos resultados

Mientras que los positivos siguen cayendo, las autoridades insisten en su nueva estrategia, aunque de momento no está dando los resultados esperados. Los informes oficiales muestran que de momento solo se han identificado una docena de positivos entre más de 10.000 test.

En la primera operación, en el vecindario de Kowloon, hubo 13 infecciones de las más de 7.000 personas que se sometieron a las pruebas. El segundo intento tuvo menos éxito y no salió ningún positivo en los más de 2.000 test.

El procedimiento está siendo muy cuestionado porque más allá de que se vulneran las libertades de los individuos, es posible que las pruebas no identifiquen todas las infecciones. Y es que se puede dar la situación de que el testeado todavía esté en periodo de incubación del virus, dé negativo y unos días después sea positivo y pueda contagiar.

Además, muchos ciudadanos no están de acuerdo con estos procedimientos y denuncian que les están causando ansiedad y alarma, ya que tienen que convivir con la posibilidad de que de repente los agentes irrumpan en sus casas.

China y sus medidas

Desde el principio de la pandemia China ha destacado por sus medidas draconianas. Recientemente se hacía viral un hilo en las redes sociales en el que una persona contaba de primera mano su experiencia a su llegada a un aeropuerto chino: la realización de varias PCR, cuarentenas obligatorias, la toma de temperatura varias veces al día, los controles sorpresa o los sensores en la puerta con cámara de seguridad.

Cabe recordar además la dureza del confinamiento de Wuhan, que el 23 de enero de 2020 se convirtió literalmente en una ciudad fantasma, después de que las autoridades cerraran estaciones de tren y autobuses, bloquearan las carreteras y paralizaran completamente el transporte. Sus habitantes se vieron confinados en sus casas y durante 76 días sufrieron un aislamiento total hasta que la pandemia estuvo completamente bajo control.

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