Estados alterados: los problemas de conducta de la nueva generación

José Luis Domínguez
lanacion.com

Apenas transcurrió una semana desde que comenzó la temporada, pero en la Copa ATP ya se observaron varias situaciones polémicas. Más puntualmente: acciones violentas, que exceden lo que se considera un desborde emotivo. Hechos en los que alguien podría haber sido lastimado, y sin la sanción correspondiente por parte de la entidad que rige el circuito.

El primero de los casos más notorios tuvo como protagonista a Alexander Zverev. El alemán perdió sus tres partidos, ante Alex De Miñaur, Stefanos Tsitsipas y Denis Shapovalov. La frustración lo llevó en varias ocasiones a castigar su raqueta. El bajón anímico tiene eco ineludible en lo deportivo: cometió 31 dobles faltas en 31 juegos de servicio durante la Copa ATP. Zverev se excusó en la demora por la gira de exhibición por Latinoamérica en la que acompañó a Roger Federer, incluido un partido en Buenos Aires. "Tuve cinco días de descanso menos. No pude entrenarme mucho, eso se ve en la cancha. Hay cosas en las que debo mejorar", dijo. Sus rabietas ante Shapovalov dejaron expuesto un tema familiar: su padre y entrenador, Alexander, que estaba en el banco del equipo, intentó hablar con él para solucionar el tema de las dobles faltas, pero el número 7 del mundo le respondió con una frase altisonante que dejó paralizados a todos. Abochornado por la situación, Zverev padre no dijo ni una sola palabra más en los últimos games del partido, y lloraba mientras su hijo jugaba.

Para el legendario Boris Becker, Zverev necesita un llamado de atención. "Está atrapado dentro de una habitación oscura, buscando el interruptor de luz. Tiene que darse cuenta de que va por el camino equivocado. Necesita un nuevo entrenador", señaló el capitán del equipo germano en la Copa ATP al diario Frankfurter Zeitung.

El de Zverev no es el único caso de problema familiar dentro de la nueva generación. Tsitsipas, en el partido entre Grecia y Australia, enfrentaba a Nick Kyrgios. Frustrado, desató su rabia con un raquetazo sobre un cartel publicitario, justo donde estaba Apostolos, su padre. Con un segundo golpe con la raqueta contra la silla, rozó el codo de su progenitor. Julia, la madre del número 6 del ranking, corrió desde la tribuna para regañarlo delante de todo el mundo. El griego reconoció luego su error. "Tengo que pedir disculpas, no fue malintencionado. Obviamente, no quería hacerle daño a mi padre. Quizás me deje tres días encerrado en mi habitación".

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