El Estadio de Vallecas con Santiago Abascal no es el Olímpico de Berlín con Hitler

Gonzalo Aguirregomezcorta
·5  min de lectura
La visita de Santiago Abascal y Rocío Monasterio en el Estadio Vallecas ha sido muy criticada.
La visita de Santiago Abascal y Rocío Monasterio en el Estadio Vallecas ha sido muy criticada.

Hay muchas heridas abiertas, infinidad de sensibilidades que escuecen y cuya cura parece imposible. Por separado, la polarización ideológica y el racismo son dos asuntos de difícil cicatrización, pero cuando van juntos la escisión es de dimensiones descontroladas. Se infectan las posturas y los puntos de vista, se envenena el tono y la intransigencia se convierte en la tónica predominante. La visita de Santiago Abascal y Rocío Monasterio al Estadio de Vallecas durante el encuentro entre el Rayo Vallecano y el Albacete jugado el lunes ha lijado pieles que ya estaban al rojo vivo. Tomada como una provocación, este acto de campaña de los representantes de Vox a pocos días de las elecciones en la Comunidad de Madrid ha generado la controversia propia de una sociedad a la que le hacen falta muchos puntos de sutura.

Los términos fascista y nazi siguen estando al alza y, como era de esperar y seguramente anticiparon los protagonistas, la visita de Abascal y Monasterio ha tenido consecuencias inmediatas en uno de los bastiones de la izquierda en Madrid. Fueron obligadas las explicaciones del presidente del Rayo, Raúl Martín Presa, quien quiso quitarle hierro al asunto mientras la afición del equipo se le echaba encima por “haber permitido la entrada de fachas” al palco. Tanto es así que un grupo de incondicionales del equipo acudió “a desinfectar el estadio y a limpiar el palco”, porque “la franja no se mancha de racismo y porque Vallecas siempre será antifascista”, tal y como rezó un comunicado que extendieron en las redes sociales.

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También aparecieron las comparaciones, las justas y las confundidas, las suposiciones y los enfrentamientos dialécticos. Varios usuarios de Twitter no dudaron en expresar su solidaridad con uno de los protagonistas del encuentro, Bebé, portugués con ascendencia de Cabo Verde, que marcó el gol del empate del Rayo en el minuto 87 de partido después de salir desde el banquillo. Al futbolista le compararon con Jesse Owens, atleta afroamericano ganador de cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Hay una imagen de entonces que ha quedado grabada para la posteridad en la que aparecen en el podio Owens, como ganador de la presea de oro, y el garante de la plata, el alemán Luz Long, mientras éste realiza el saludo nazi con el brazo extendido. Por lo visto, la celebración de Bebé sobre el césped con los representantes de Vox en la grada guarda evoca, para algunos, reminiscencias del triunfo de Owens durante el Tercer Reich.

Ni el Estadio Olímpico de Berlín es el Estadio de Vallecas, ni el contexto de la Alemania nazi es el actual en España, ni Abascal y Monasterio son Adolf Hitler y Joseph Goebbels. En agosto de 1936, estaba claro el supremacismo blanco del movimiento nazi y los judíos ya estaban siendo perseguidos. De cara a los JJOO, la política de 'solo arios' tomó forma con la expulsión de varios atletas alemanes judíos del equipo olímpico, incluso Helene Mayer, que no lo era, pero su padre si profesaba esa religión, fue aceptada con reticencias como representante alemana en salto de vallas. Le pusieron una condición: que si llegaba al podio, tenía que realizar el saludo nazi. Logró la medalla de plata y cumplió con su promesa de la misma manera que Long extendió el brazo justo al lado de Owens. El estadounidense compitió en una atmósfera de rechazo institucional y desprecio por su raza y comparar a Bebé con él son palabras mayores.

Son este tipo de exageraciones las que extienden posturas marcadas por el odio. A menudo, estas comparaciones salen de personas privilegiadas blancas que tienen la buena intención de luchar por un mundo más justo pero cuyos argumentos son a veces equivocados. Una vez estos puntos de vista corren como la pólvora, la veracidad o no de lo que se dice pasa a un segundo plano y prevalece la equivocación.

Podio de salto de longitud en los JJOO de Berlín. De izquierda a derecha: el japonés, Naoto Tajima (bronce), el estadounidense, Jesse Owens (oro) y el alemán, Luz Long (plata). Getty Images.
Podio de salto de longitud en los JJOO de Berlín. De izquierda a derecha: el japonés, Naoto Tajima (bronce), el estadounidense, Jesse Owens (oro) y el alemán, Luz Long (plata). Getty Images.

No es la primera vez que la polarización ideológica y el racismo movilizan a las masas durante un partido de fútbol en Vallecas. Durante la temporada pasada, en el mismo escenario y con idénticos equipos sobre el terreno de juego, el partido se tuvo que suspender al descanso después de que algunos incondicionales del Rayo proferieran insultos al jugador del Albacete, Roman Zozulia. Los que le llamaron “puto nazi” fueron los mismos que en 2017 presionaron a la directiva del club para que el futbolista ucraniano no fuese cedido al equipo. ¿La razón? Una foto en la que Zozulia apareció junto a la imagen de un líder nacionalista ucraniano que tuvo relación con el Tercer Reich. Los fans del Rayo interpretaron que el futbolista apoya la ideología supremacista blanca y el actual jugador del Albacete defendió que se hizo la foto porque siempre le han dicho que ambos se parecen físicamente. Zozulia explicó por carta que no se siente identificado con esa ideología, pero sus explicaciones no convencieron a un sector de la afición del Rayo, que por presión obligó a la directiva para que le devolvieran al Betis.

Una cosa es darle la espalda a Vox legítimamente por señalar y estigmatizar con bulos a los inmigrantes como responsables de muchos problemas del país, y otra es sugerir que la cúpula del partido representa las atrocidades de aquellos que saludaban - y saludan - con el brazo extendido. Es tan legítimo condenar las provocaciones y las políticas del partido de Abascal como temerario exagerar con comparaciones históricas que, de momento, y por fortuna, no se ajustan la realidad

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