Fin de ciclo: los números de Alfaro en Boca

Aunque las estadísticas le dieron superávit, el DT nunca logró convencer a los hinchas, sufrió derrotas muy dolorosas y se va casi en silencio.
Aunque las estadísticas le dieron superávit, el DT nunca logró convencer a los hinchas, sufrió derrotas muy dolorosas y se va casi en silencio.

La llegada de Gustavo Alfaro a Boca generó incertidumbre: sin tanta espalda en equipos grandes, pero siendo uno de los técnicos con mayor trayectoria del fútbol argentino, su desembarco significaba una apuesta. Con el respaldo de Nicolás Burdisso, Lechuga le ganó la pulseada a Antonio Mohamed -el candidato de la dirigencia- y asumió en enero con la responsabilidad de reconstruir la confianza de un equipo golpeado tras la derrota en la final de la Copa Libertadores 2018 frente a River. Tras un año en el cargo, minutos antes del comienzo del último partido de 2019 frente a Rosario Central, finalmente el DT confirmó que no continuará en el cargo en 2020, por lo que su ciclo ya está terminado.

¿CUÁNTOS PARTIDOS JUGÓ BOCA EN EL SEMESTRE?

Cercano a la histórica identidad que pregonó a lo largo de su historia el Xeneize, Lechuga intentó hacer un lavado de cara: pasó del estilo súper ofensivo de Guillermo Barros Schelotto, a uno mayormente equilibrado. Sin embargo, nunca terminó de "enamorar" desde las formas y más allá de haber ganado por penales la Supercopa Argentina, quedó en deuda en momentos clave, como la final de la Copa Superliga y la serie de semifinales de la Copa Libertadores, en la que cayó 2-0 en la ida contra River y no le alcanzó con el 1-0 de la revancha. Por su parte, en la actual Superliga tuvo un gran comienzo, pero en los últimos siete partidos sumó tres derrotas, dos empates y apenas dos victorias y podría quedarse sin la punta en el cierre del año.

A  lo largo de su ciclo, el entrenador dirigió un total de 50 encuentros oficiales. Fueron 12 en la Copa Libertadores, 28 por la Superliga, uno por la Supercopa, dos por Copa Argentina y siete de la Copa Superliga. En cuanto a los números, el balance le dio positivo: el Boca de Alfaro consiguió 27 triunfos, 16 empates y tan solo 7 derrotas, lo que le dio una eficacia del 64,67%.

Hay más. Como local, transformó a La Bombonera en una fortaleza casi inexpugnable: solo perdió dos veces en el Alberto J. Armando, frente a Atlético Tucumán y Racing. Además, consiguió 16 victorias y cinco empates, dos de ellos que también se podría contabilizar como un triunfo (el 0-0 con Vélez que ganó en los penales y la igualdad por el mismo resultado contra Liga de Quito para pasar a semifinales de la Libertadores), aunque también tuvo un triunfo que vale como una derrota: el mencionado 1-0 contra River que no le alcanzó para ser finalista de la Copa. Como visitante, sus números también fueron buenos: 10 victorias, nueve igualdades y cuatro caídas. La derrota restante fue en cancha neutral, en la final de la Copa Superliga

En los mano a mano había ganado todos sus cruces hasta caída en la final contra Tigre en Córdoba, pero no todos sus cotejos: empató la Supercopa Argentina contra Rosario Central (y se impuso por penales), los dos choques frente a Vélez y la ida con Argentinos. Retomó la senda victoriosa ante Athlético Paranaense, al que derrotó en Curitiba y en Brandsen 805, mientras que hizo lo propio con Liga de Quito con victoria de visitante y empate de local. Pero en los 16avos de final de la Copa Argentina, empató ante Almagro y perdió por penales. Y como ya se destacó, quedó eliminado en las semifinales de la Libertadores, por haber perdido en el Monumental.

Además, logró fortalecer uno de los puntos más flojos del pasado: la solidez defensiva, ya que apenas recibió 28 goles y sostuvo la valla invicta en 29 oportunidades. Y aunque lo tilden de ser poco ofensivo, su equipo marcó 72 goles.

Más allá de la fría estadística, el ciclo había parecido empezar a terminarse tras la derrota en el Superclásico copero, con aquella conferencia de prensa con sabor a despedida, que luego el DT intentó resignificar sin demasiado éxito. El cambio dirigencial y la llegada de Juan Román Riquelme al manejo del fútbol traerán aires nuevos a la Ribera. Alfaro deja una base sobre la que trabajar, pero también muchos puntos a mejorar.

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