El estímulo que le falta a Pavón

El número 7 de Boca necesita recuperar el buen nivel y ser la referencia ofensiva. Gracias a Opta repasamos su actuación en el Estadio del Bicentenario.

Apenas tenía 18 años cuando se enteró que Boca iba a poner casi un millón y medio de dólares -y algunas cláusulas más- por él. Había debutado a los 17 en Talleres y, luego de un breve préstamo en Colón en la B Nacional, tuvo su presentación en el equipo de Rodolfo Arruabarrena en el verano del 2015, durante el cual cumplió 19 y también se lesionó en su primer Superclásico. Además, ya suma sos títulos y tuvo un paso por la Selección argentina Sub-20.

A Cristian Pavón, la carrera le pasó volando. El delantero, qué transita su tercer año como futbolista de Primera División, ya supo convivir con el éxito, con el fracaso y, más importante, con la frustración. Pero por más experiencia que acumule, no deja de ser un chico con 25 partidos en la máxima categoría. Y que recién durante esta temporada, de la mano de Guillermo Barros Schelotto, está siendo titular.

En lo que va del campeonato 2016/17, el ‘7’ es el único miembro del plantel que estuvo desde el arranque en las 16 fechas que se llevan disputadas. Además, lleva convertidos seis goles, siendo así -junto con Walter Bou- el segundo máximo goleador.

A pesar de sus indiscutibles números, hay una realidad que él mismo no puede gambetear a pesar de su velocidad en la cancha: en lo que va del 2017, hizo todo para perder el puesto. No solo define mal todo lo bueno que insinúa, sino que en los últimos dos encuentros eligió casi siempre de manera equivocada y tomó decisiones erróneas. Y la duda que nace es, ¿cuál es la causa de este bajón?

Pavón está hoy en una zona de confort. Durante el 2015 y también parte del 2016 debió competir en su puesto con distintos jugadores. Chávez, Carrizo, Palacios, Lodeiro...todos, en algún momento u otro, estuvieron a la par suya y más arriba también. Ahora, es él quien está por encima de la consideración del DT y, sacando a Junior Benítez -que no necesariamente debe entrar por él, sino que también pueden jugar juntos-, no tiene a alguien que lo obligue a denostar cada domingo más que si mismo.

La navaja de Ockham es un principio filosófico que asegura que la explicación más simple es la correcta. En este caso, lo más fácil es reconocer que está en los albores de una trayectoria que promete y que tiene permitido, como casi cualquier chico de su edad, sufrir algún altibajo. Pero por otro lado, también se puede inducir que aquello por lo que tanto luchó, le está jugando en contra.

El desafío para volver a ser, entonces, empezará en casa. Y es que en este Boca, como bien explicó y demostró Guillermo, nadie tiene un lugar asegurado. Ni siquiera alguien que no tiene un suplente concreto.