Lo que el veredicto contra el expolicía que mató a George Floyd revela sobre el cambio que se está viviendo EEUU

Jesús Del Toro
·6  min de lectura

Derek Chauvin es culpable del asesinato del afroamericano George Floyd. Así lo determinó el jurado del juicio que se le siguió a ese expolicía en Minnesota. Se trata de un veredicto histórico, que procura justicia en un caso que consternó al mundo y abre la posibilidad de comenzar a revertir el racismo sistémico y el uso de fuerza excesiva que existen en muchas corporaciones policiales de Estados Unidos y son causa de brutalidad policiaca y opresión contra las comunidades afroamericana y latina, entre otras.

Junto a un gran mural en honor a George Floyd se dieron celebraciones por el veredicto de culpabilidad contra el policía acusado de asesinarlo. (AP Photo/Morry Gash)
Junto a un gran mural en honor a George Floyd se dieron celebraciones por el veredicto de culpabilidad contra el policía acusado de asesinarlo. (AP Photo/Morry Gash)

Las imágenes de Chauvin colocando rudamente su rodilla sobre el cuello de Floyd hasta matarlo, desoyendo sus llantos de que no podía respirar y las exigencias y súplicas de personas que atestiguaron esos cruentos momentos para que el oficial desistiera de violentar de ese modo a un hombre ya sometido, dieron la vuelta al mundo y fueron causa de indignación y movilización a enorme escala. 

Además de la atrocidad en sí de ese crimen, el asesinato de Floyd se sumó a otros casos de personas víctimas de brutalidad policiaca y todo ello dio pie a un enorme movimiento de protesta social que conmovió y sacudió a Estados Unidos en el verano de 2020 y en gran medida catalizó en el país una profunda reflexión sobre el racismo y la injusticia estructurales que agobian a muchas comunidades.

Ahora, el veredicto de culpabilidad contra Chauvin en los tres cargos por los que se le juzgó –asesinato no intencional en segundo grado, asesinato en tercer grado y homicidio en segundo grado– señala que es posible hacer justicia (muchos casos previos que acabaron en muertes y fueron considerados actos de brutalidad policiaca con connotaciones racistas se cerraron sin que los oficiales implicados fueran juzgados), que la ley se aplique por igual y que se dé paso a una reforma amplia de las corporaciones policiacas.

En todas las policías del país hay multitud de oficiales que respetan la ley, protegen a la población y se guían con base en los protocolos de acción legítima. Pero el caso de Chauvin y otros revelan que la brutalidad policial y el racismo en las corporaciones policiales no es solamente cuestión de algunas “manzanas podridas” sino que son la expresión de un prejuicio enquistado que ha sido continuamente denunciado pero que persiste de modo punzante.

Un signo de que la justicia es posible

En ese contexto, el veredicto contra Chauvin aporta justicia en un caso específico y enciende esperanzas de un cambio de mayor calado.

Ciertamente, analistas destacan que no tiene precedente que en un caso de brutalidad policiaca en el que no hubo uso de armas de fuego se haya dado un veredicto de culpabilidad en contra del oficial acusado. Eso es doblemente notorio si se considera que incluso en casos de tiroteos considerados incidentes de uso desmesurado o injustificado de fuerza letal es frecuente que los policías implicados no sean llevados a juicio.

Cabe decir que en el combate al crimen, la policía debe recurrir en ocasiones al uso de fuerza letal para proteger a la población y desactivar amenazas, pero todo ello debe hacerse con criterios de respuesta proporcional y uso justificado.

En paralelo, la movilización social pacífica –que va desde la toma y difusión de video del asesinato de Floyd a las protestas contra el racismo y la brutalidad policiaca e incluye, también, el debate nacional sobre la injusticia sistémica– fue clave tanto para contar con evidencia incontestable del crimen cometido como para propiciar concientización y acción sobre ese y otros casos y cimentar la posibilidad de transformaciones mayores.

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La sensación de alivio e incluso de alegría que, a escala social, se ha esparcido tras el veredicto del jurado es signo no solo de su condición sin precedentes sino, también, de que las comunidades han madurado de modo destacado en estos tensos meses: aunque aún hay mucho camino por recorrer es notable que lo que se da en multitud de lugares del país es un estado de buen ánimo, incluso de celebración, y que se hayan despejado hasta el momento los temores de enfrentamientos.

Un primer paso no exento de obstáculos

Con todo, se trata solo de un primer paso cargado de incertidumbre.

En lo específico al juicio contra Chauvin, aún está por darse la sentencia (que podría alcanzar décadas de prisión) pero también es posible que la defensa presente una apelación en un proceso que podría, afirman algunos, quizá incluso llegar hasta la Corte Suprema, sobre todo por el hecho de que no se aisló a los miembros del jurado y ello, alegan algunos, los podría haber expuesto a influencias externas que podrían haber tenido efecto en su voto.

No hay hasta el momento evidencia de que ello haya sucedido y, en cambio, tanto el juez que presidió el caso como analistas han dicho que se instruyó apropiadamente al jurado para evitar esas influencias externas. En paralelo, el peso de la evidencia fue tan contundente que todo indica que el veredicto se dio de modo rápido y libre.

Y en lo concerniente a cambios en políticas y en nueva legislación, la politización político-partidista que actualmente se vive es un posible obstáculo pues hasta el momento no habría votos suficientes en el Senado para aprobar reformas que ya ha avanzado en la Cámara. Lograr apoyo bipartidista es, en este caso, un requisito crucial e incierto en lo concerniente a cambios legales.

Lisa Robinson celebra en Washington el veredicto de culpablidad contra el policía Derek Chauvin. (AP Photo/Alex Brandon)
Lisa Robinson celebra en Washington el veredicto de culpablidad contra el policía Derek Chauvin. (AP Photo/Alex Brandon)

El reto: un cambio cultural y del sistema

Finalmente, el veredicto de culpabilidad contra Chauvin y, en paralelo, el muy amplio movimiento contra la brutalidad policiaca, el racismo y la injusticia sistémica son consecuencia y a la vez acicate de un cambio cultural que puede tener amplias consecuencias para la sociedad estadounidense.

Cambios en políticas y prácticas en los departamentos de policía; el establecimiento de nuevas leyes para combatir la fuerza excesiva, la brutalidad y el prejuicio racial por parte de policías; y un reforzamiento del activismo y la concientización social contra el racismo son posibles consecuencias del presente veredicto.

Y si bien la lucha por esas transformaciones lleva décadas y aún queda mucho por hacer (y resistencias que pueden obstaculizarlo), es indudable que la muerte de George Floyd habría sido un punto de inflexión.

Las desoladoras y terribles imágenes de la muerte de Floyd a manos de Chauvin sacudieron a la nación y ejemplificaron de modo contundente las repudiables e inhumanas prácticas de fuerza excesiva (que sufren sobre todo las personas de color) que en múltiples gradaciones se padecen con perturbadora frecuencia en Estados Unidos.

La trágica muerte de Floyd ha sido, así, un inmenso ¡ya basta! y el veredicto contra Chauvin ha generado un cauteloso optimismo sobre la posibilidad de realizar transformaciones que amplifiquen la justicia y la igualdad y neutralicen el racismo y la brutalidad policial. Pero ello no sucederá automáticamente y por ello mantener y ampliar la acción y la conciencia sociales y concitar cambios en las actitudes, las políticas y las leyes son pasos claves para lograrlo.

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