Con estadios vacíos, la Liga Premier le añade sabor y gusto a la estrategia comercial y le funciona muy bien

Rory Smith
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Liverpool players in dejection end of the English Premier League soccer match between Aston Villa and Liverpool at the Villa Park stadium in Birmingham, England, Sunday, Oct. 4, 2020. Aston Villa won 7-2. (Cath Ivill/Pool via AP)
(Cath Ivill/Pool via AP)

LIVERPOOL, Inglaterra — En todo caso, toda esa regularidad fue una sorpresa, una sacudida que nos regresó a la realidad. El Liverpool estuvo tranquilo, de nuevo, en la victoria en contra del Arsenal. Otro juego marcado sin derrota en Anfield. Otra foto de Jürgen Klopp apretando su puño en señal de celebración. El orden, o algo parecido, se había restaurado. El estado salvaje se había desvanecido.

También hubo una pizca anticlimática. El Liverpool y el Arsenal anotaron cuatro goles entre los dos pero, en el contexto, no se sintieron como muchos goles. No solo porque es el choque que ha producido más tantos que cualquier otro en la era de la Liga Premier —un encuentro con tendencia al exceso caricaturesco y lujoso—, sino porque, durante las últimas semanas, el fútbol inglés ha desarrollado un gusto por algo un poco más exótico, un poco más temerario, un poco más libre, más notorio aún en la siguiente fecha, en la que dos grandes de la Liga Premier fueron brutalmente goleados por equipos menores al menos en el papel y las nóminas.

La autodefinición de la Liga Premier como la mejor liga de fútbol del mundo no es una mentira, no del todo, pero en realidad tampoco es una verdad. La afirmación es demasiado amplia, demasiado vaga, demasiado imprecisa para tener significado. Depende de la métrica que se use. Varía según el gusto. Cambia con el tiempo, con los altibajos en la suerte de los individuos y los equipos.

La razón por la que la consigna mercadotécnica casi no encuentra oposición es porque se siente como si fuera verdad. La Liga Premier se siente —se ve, suena— como la mejor liga del mundo. La calidad del producto es competitiva, claro está, pero el empaque es el que verdaderamente la separa del resto.

Liverpool's manager Jurgen Klopp shouts out from the touchline during the English Premier League soccer match between Aston Villa and Liverpool at the Villa Park stadium in Birmingham, England, Sunday, Oct. 4, 2020. (AP Photo/Rui Vieira, Pool)
(AP Photo/Rui Vieira, Pool)

Consideremos los micrófonos. En muchas de sus ligas rivales, al menos hasta hace poco, los micrófonos en las líneas de banda estaban colocados para maximizar el sonido que provenía del campo mismo: la barrida de un tachón, el chasquido de un balón, la sacudida de una red. En Inglaterra, el ruido que fluye desde las gradas es el centro de atención: los cánticos, los rugidos, los gruñidos. El verdadero paisaje sonoro del fútbol no es la gente que lo juega, sino la que lo presencia.

Varios jugadores y entrenadores, en particular los que arriban de Alemania, han quedado impactados al llegar a Inglaterra por el hecho de que los estadios son un poco más callados de lo que esperaban, de lo que les habían hecho creer. La Liga Premier hace eso mejor que nadie, sin duda en el fútbol y posiblemente en cualquier deporte: el espectáculo.

Por supuesto, la pandemia del coronavirus ha arruinado todo esto. En Anfield, aquel lunes 28 de septiembre por la noche, los dos equipos aparecieron sobre el campo en completo silencio: sin juego de luces, como sucede con los Wolves; sin un anuncio; ni siquiera música de entrada al campo. De pronto, todos estaban ahí. Los estadios están vacíos. Las gradas están en silencio. El espectáculo se ha evaporado.

MANCHESTER, ENGLAND - OCTOBER 04: Heung-Min Son of Tottenham Hotspur celebrates after scoring their fourth goal with Serge Aurier during the Premier League match between Manchester United and Tottenham Hotspur at Old Trafford on October 04, 2020 in Manchester, England. Sporting stadiums around the UK remain under strict restrictions due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in games being played behind closed doors. (Photo by Tottenham Hotspur FC/Tottenham Hotspur FC via Getty Images)
(Photo by Tottenham Hotspur FC/Tottenham Hotspur FC via Getty Images)

Y, a pesar de todo, incluso en esas circunstancias desoladoras, la Liga Premier no podría haber pedido un mejor inicio de temporada si lo hubiera ordenado por decreto. Da la impresión de que los equipos que tienen la labor de andar por este valle insólito se hicieron responsables de garantizar que el producto brille incluso sin su empaque. En el sentido más positivo posible, ellos mismos se han convertido en un espectáculo.

El frenesí de las primeras tres semanas de la temporada ha incluido, entre otras cosas, la victoria del Manchester United con un penalti marcado después de que se había pitado el final del tiempo reglamentario; los tres tiros de penal que concedió el Manchester City en el mismo juego; una crisis existencial mayor en torno al significado y el valor del deporte como concepto a causa de un cambio en la regla de las manos, y, principalmente, goles, goles anotados en cantidades industriales… goles a raudales, en racimos y en exceso.

En los 28 partidos que se han desarrollado hasta el momento, se han anotado 103 goles, un promedio de 3,67 por encuentro, una cifra mucho mayor a la norma histórica de la Liga Premier (así como al nivel general de la mayoría de las principales ligas europeas).

WOLVERHAMPTON, ENGLAND - OCTOBER 04: A general view of the Wolves wording on the seats in the stand during the Premier League match between Wolverhampton Wanderers and Fulham at Molineux on October 04, 2020 in Wolverhampton, England. Sporting stadiums around the UK remain under strict restrictions due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in games being played behind closed doors. (Photo by Stu Forster/Getty Images)
(Photo by Stu Forster/Getty Images)

La segunda ronda de partidos produjo el fin de semana con mayor cantidad de goles que haya visto la Liga Premier: 44 goles en 10 encuentros, entre ellos las victorias de 5-2 para el Everton y el Tottenham, así como un 4-3 a favor del Leeds United. La tercera ronda tuvo el mismo tenor: el Manchester United venció al Brigthon 3-2, el Chelsea empató 3-3 con el West Bromwich Albion y el Leicester le marcó cinco tantos al Manchester City.

La cuarta fecha también acumuló goles e históricas y dolorosas derrotas, Manchester en casa vacía cayó goleado 1 a 6 por el Tottenham del otrora entrenador de los Red Devils, José Mourinho. Algo parecido le sucedió al actual campeón de la Premier League, quien de visitante vio abollada su corona por los 7 goles que le propinó el ‘modesto’ Aston Villa.

Sin duda, el tamaño de la muestra sigue siendo demasiado pequeño como para ser significativo. La probabilidad abrumadora —nada lejana a una certeza, de hecho— es que la tasa goleadora retroceda al promedio. En palabras de Marcelo Bielsa, el entrenador del Leeds, no será “una constante” durante toda la temporada (Bielsa también se ha beneficiado: su delantero, Patrick Bamford, a quien se le criticó durante mucho tiempo por su despilfarro frente al arco en la segunda división, tiene tres goles en tres partidos).

WOLVERHAMPTON, ENGLAND - OCTOBER 04: Raul Jimenez of Wolverhampton Wanderers during the Premier League match between Wolverhampton Wanderers and Fulham at Molineux on October 4, 2020 in Wolverhampton, United Kingdom. Sporting stadiums around the UK remain under strict restrictions due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in games being played behind closed doors. (Photo by James Williamson - AMA/Getty Images)
(Photo by James Williamson - AMA/Getty Images)

No obstante, es posible que este inicio sea un indicio, o una consecuencia, de un giro de mayor magnitud en la naturaleza de la Liga Premier. En una liga en la que alguna vez la media tabla fue el terreno casi exclusivo de pragmáticos como Sam Allardyce, ahora está llena de dogmáticos como Bielsa, el entrenador del Southampton Ralph Hassenhüttl y Brendan Rodgers del Leicester.

La Liga Premier tiene un aire cada vez más parecido al de la Bundesliga, donde la presión de alto riesgo y de grandes recompensas es de rigor, y donde —en casi todos, menos en un puñado de los casos— los equipos entran a los partidos no en busca de limitar el daño, sino de infligirlo.

Sea lo que sea, aunque fuere una ilusión, la Liga Premier guardará la esperanza de que se mantenga así la mayor cantidad de tiempo posible: aunque no sea tan verdadera, que no sea necesariamente una mentira. Esos goles, ese sentido de desenfreno, son el sostén de la Liga Premier justo cuando más requería una intervención. En cuanto se reestablezca el orden, el silencio en las gradas será todavía más pesado… hay un largo y lúgubre invierno por delante. En el estado salvaje, hay salvación. En el estado salvaje, hay espectáculo.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

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