El entrenador quería el trabajo, pero su agente quería más

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Rocco Commisso esperaba que esta cita fuera la definitiva.

Tras los primeros 18 meses turbulentos como propietario del equipo de fútbol italiano ACF Fiorentina, Commisso finalmente se había decantado por un entrenador que creía impulsaría su proyecto.

El entrenador, Gennaro Gattuso, sería el quinto empleado por Commisso desde que compró la Fiorentina en 2019. Sin embargo, esta contratación sería diferente, dijo Commisso al sitio web del equipo cuando hizo el anuncio en mayo. Gattuso le aportaría determinación, competencia y pasión al club. Traería respetabilidad. Traería victorias.

Sin embargo, los fanáticos del equipo con sede en Florencia nunca llegaron a ver lo que habría aportado Gattuso. El 17 de junio, solo 23 días después de haber sido contratado, Gattuso ya no estaba en el equipo. Un comunicado de dos oraciones publicado en el mismo sitio web de la Fiorentina donde Commisso le había dado la bienvenida a Gattuso con fervientes elogios, ahora anunciaba que el entrenador y el club habían acordado separarse.

El desacuerdo —como muchos entre entrenadores y clubes— fue por dinero, control y jugadores, según directivos con conocimiento directo de las conversaciones entre el equipo y su ahora exentrenador. Pero la razón principal de la salida de Gattuso, según esas mismas personas, fue la relación de Gattuso con Jorge Mendes, el portugués agente de fútbol cuya influencia es tan amplia en la actualidad que se le considera una de las figuras más poderosas del deporte.

Los detalles de la breve estancia de Gattuso están envueltos en acuerdos de confidencialidad firmados por el entrenador y el club. Pero en la Fiorentina, dijeron los conocedores, la acritud había estallado casi desde el mismo momento de su llegada.

A los pocos días de tomar las riendas, Gattuso, quien recientemente había entrenado al Milán y al Nápoles, le dio a la gerencia del club una lista de tres importantes y potenciales transferencias. Dos de los jugadores, como Gattuso, están representados por Mendes. Pero los tres además juegan para clubes que confían en Mendes para obtener las mejores ofertas por los jugadores que desea vender.

Esos aparentes conflictos alarmaron de inmediato a las autoridades de la Fiorentina y en particular a los propietarios estadounidenses del equipo, cuyas experiencias previas en el mercado de fichajes los habían dejado recelosos de la influencia de los agentes en el negocio de su club.

Dos de los jugadores, Sérgio Oliveira, de 29 años, y Jesús Corona, de 28, juegan en el Oporto de Portugal (Gonçalo Guedes del Valencia de España fue el tercero). Sin embargo, a la Fiorentina se le informó que ambos podrían ser adquiridos si el club pagaba una tarifa de 20 millones de euros (cerca de 23,8 millones de dólares) por cada jugador y luego aceptaba cumplir con las demandas salariales —3 millones de euros (unos 3,5 millones de dólares) por año— en los contratos de 5 años que según Mendes, quien estaba negociando el acuerdo, requerían los jugadores.

Para la Fiorentina, las cifras no tenían mucho sentido. La pandemia del coronavirus ha puesto en crisis las finanzas de cientos de clubes europeos, incluida la Fiorentina, y ha dejado a muchos, como el Oporto, desesperados por equilibrar sus presupuestos con la venta de talentos. Sin embargo, la mayoría de clubes están de acuerdo en que pagar altos precios por jugadores que se acercan a los 30 años en un mercado incierto tiene muy poco sentido comercial.

Según personas familiarizadas con las discusiones, los ejecutivos de la Fiorentina intentaron persuadir a Gattuso de que había otros objetivos más jóvenes disponibles. Sin embargo, al parecer, el entrenador se mantuvo firme con su lista.

Entonces, la Fiorentina comenzó a negociar con el Oporto por Oliveira, con la esperanza de llegar a un acuerdo por una cifra más cercana a su valoración del jugador, que era cerca de la mitad del precio inicial de venta. Un emisario enviado a Portugal para las discusiones llamó a los ejecutivos en Italia para informarles que el equipo portugués no iba a ceder.

Mendes habló con las autoridades de la Fiorentina para expresar lo mismo, aunque intentó negociar un arreglo: estaba dispuesto a aceptar una cantidad menor de su comisión habitual del equipo comprador, según una de las personas involucradas en las negociaciones. (No es nada raro que los agentes de fútbol reciban pagos de todas las partes involucradas en los acuerdos que conciertan, una práctica que la FIFA, el órgano rector del fútbol mundial, ha sugerido que debería prohibirse).

Los representantes de Mendes, Gattuso (a través de Mendes), la Fiorentina y el Oporto se negaron a hacer comentarios sobre las discusiones. Pero las conversaciones marcaron con rapidez el final de la incipiente relación entre Gattuso y la Fiorentina.

Tras ser informado de que el equipo ya no estaba dispuesto a negociar por ninguno de los tres jugadores de su lista debido a sus vínculos con Mendes, Gattuso le comunicó a la Fiorentina que ya no se sentía apreciado. Los bandos negociaron su salida antes de que se reuniera incluso con los jugadores. Lo único que queda de su gestión de 23 días es animosidad y preguntas difíciles.

El episodio representa otro fracaso en los ojos de los fanáticos de la Fiorentina, indignados ante la incapacidad de Commisso de construir un equipo para competir contra los rivales en los niveles más altos de la primera división italiana, la Serie A, o de cumplir las promesas de modernizar el estadio del club, el Artemio Franchi. Por su parte, los propietarios están desconcertados por las críticas y sienten que sus logros no han sido tomados en cuenta. La gerencia de la Serie A, por ejemplo, le dio crédito a Commisso, un multimillonario de las telecomunicaciones, por ayudar a negociar su nuevo contrato televisivo en Estados Unidos.

Para Mendes, los eventos en Florencia fueron un inusual revés. Su ascenso de jugador de mercado chico a generador de mercado se remonta a 2004, cuando llevó a su cliente José Mourinho al Chelsea y lo ayudó a abastecer el equipo londinense con un puñado de jugadores de su establo.

A medida que creció la reputación de Mendes —quien también ha guiado la carrera de Cristiano Ronaldo— también lo hizo su alcance. El fútbol chino, por ejemplo, acudió a Mendes en busca de asesoramiento y jugadores cuando quiso mejorar su liga principal. Un conglomerado chino, Fosun International, quedó tan impresionado con su trabajo que adquirió una participación en la agencia de Mendes, Gestifute.

Esa relación se profundizó cuando Fosun compró al equipo inglés Wolverhampton Wanderers. Un grupo de jugadores de Mendes adquiridos para reforzar la plantilla ayudó al equipo a ganar el ascenso a la Liga Premier y adiciones nuevas y más costosas le han permitido mantener su nuevo estatus. Cuando el equipo decidió no renovar a Nuno Espírito Santo, el entrenador y cliente de Mendes que había impulsado su ascenso, el agente eligió como remplazo a Bruno Lage, otro entrenador portugués.

Para el fútbol, lo que suscita las preguntas más espinosas es el tipo de influencia que ejerce Mendes. La FIFA está en proceso de reformar sus regulaciones en medio de una creciente inquietud dentro del deporte por el poder ejercido por un puñado de agentes. Además de los límites a las comisiones, las nuevas reglas buscan impedir que los agentes representen los intereses de un jugador, un club vendedor y uno comprador en la misma negociación, es decir, el tipo de arreglo que se ha vuelto común en un acuerdo típico de Mendes.

“Los conflictos de intereses deben eliminarse”, afirmó Pippo Russo, autor de un libro sobre la carrera de Mendes. “No es posible que un agente pueda representar a todas las partes involucradas en la negociación”.

© 2021 The New York Times Company

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